Amor a segunda vista

Lo nuestro no fue un flechazo inmediato, amor a primera vista ni puro romance idílico.
Lo nuestro fue tempestuoso, desencontrado, ambivalente y claroscuro.
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Vos llegaste deseoso de mi, yo te esperaba temerosa.
Me pedías siempre más, me querías entera: cuerpo, alma, deseos y necesidades.
Una parte de mi intentaba escaparse,  mientras te amaba y te cuidaba a toda hora.
Vivía con miedo de que te pase algo.
Quería protegerte
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Los primeros meses estaba convencida de que fue un error: lo mío no era ser mamá de dos.
Con una alcanzaba y sobraba.
¿Cómo iba a poder?
Me sentía culpable por pensar así.
Vos no dejabas de mirarme, de seducirme.
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Me fui enamorando de a poco, fue constancia y presencia.
Aprendí a conocerte y a conocerme en esta nueva versión de mamá.
Cada día te sentía un poquito más mío
A los 8 meses encontré un espacio terapéutico dónde decir y resignificar.
Empecé a ser compasiva conmigo.
Empecé a ser paciente con vos.
Empecé a disfrutarte más
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Ahora, a tus dos años y medio ¡recién ahora! puedo reconocerme enamorada.
No ciegamente, no locamente…
Enamorada con los pies en la tierra.
Viendo las ambivalencias de este amor.
Reconociendo todo lo que no me gusta de ser tu mamá y a la vez todo lo que disfruto.
Escucho tus primeras oraciones y se ilumina el corazón. No tengo palabras. Te observo, me regocijo en tus ocurrencias, en los mates compartidos: «que hijo copado me tocó».
Gracias hijo por darme tiempo.
Mamá siempre te va a esperar para tomarnos estos mates: Juntos
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¿Les costó enamorarse de sus hijes?

Lic. Carolina Mora
Mail lic.carolinamora@gmail.com

¿Vos disfrutas de tu Maternidad?

Hace unos días me llegó este mensaje y muchas me agradecieron por la honestidad de mi respuesta y se sintieron identificadas.
¿De dónde salió esta idea se que tenemos que disfrutar de maternar el 100% del tiempo?
¿Vos disfrutas 100 % de algo?
Todos los roles que ejercemos tienen alguna parte de malestar, incomoda o aspectos que nos desagradan.
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Mater/paternar no es la excepción!
Pero es cierto que hay todo un tabú alrededor de la maternidad que nos impide decirlo y nos lleva a sostener la idea de que maternar es un paraíso.
Socialmente se liga la maternidad a la felicidad absoluta, a la realización personal y al sentido de la propia vida. La maternidad está sacralizada, se vende como algo puro y sin ambivalencias.
¡Todo vínculo implica ambivalencias!
Aspectos que disfrútamos y otros que rechazamos.
Y la maternidad, es un vínculo humano.
Para algunas, el más importante de sus vidas, para otras, uno más.
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¿Por qué te tiene que «gustar» ser mamá y estar TODO el tiempo con tus hijes?
Más ahora en Pandemia, muchas maternamos 24*7.
¿Acaso a alguien le gusta estar TODO el tiempo con su pareja?
¡No siempre! A veces si, pero también nos gusta pasar tiempo con amigos, trabajando o incluso estar a solas. Y eso no significa que dejas de querer a tu pareja.
¿Por qué entonces nos exigimos tanto en el rol de mamás?
Es saludable que desees hace otras cosas, que a veces estés cansada y también que haya días que no tengas ganas de estar con tus hijes. ¡Eso no significa que no los ames! No hace falta que lo aclares. Aca, dale para adelante y quejate tranquila! 🤣
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Ustedes: ¿Qué cosas disfrutan y cuáles no de ser madres?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

«Mamá, jugamos? » No tengo ganas

«Me siento atrapada cuando me piden jugar»
«Me angustia no poder hacer otra cosa»
«Me da culpa, pero no tengo ganas»
«Le veo con su papá y envidio como se divierte»
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¿Qué nos pasa a muchas madres que sentimos que vinimos «falladas» para el juego?
¿Siempre te pasó o hay juegos que disfrutas y otros que no?
¿Será que estamos más cansadas que los papás?
Muchas vinculamos la maternidad directamente y casi exclusivamente como el rol de cuidar:
Que estén abrigados
Que coman bien y sano
Que hagan la tarea
Que cumplan hábitos de higiene
Que no se golpeen
Pero la posibilidad de disfrutar un juego compartido a muchas les parece lejana.
Si, a algunas nos gustaría disfrutarlo, pero no sale espontáneamente.
Y ¿Qué es más espontáneo que jugar?
Creo que a los varones les cuesta menos porque no están atravesados desde la crianza por la carga del cuidado, se pueden tomar más permisos porque, para muchos aún «con que jueguen un rato alcanza». Y vos los ves jugando y solo pensas en todo lo que te toca ordenar luego…
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Estamos agobiadas de carga mental y real de cuidados, más en este contexto. Y nos estamos perdiendo muchas veces del disfrute de la sonrisa compartida. Sin dudas puede ser muy legítimo no tener ganas de jugar, o que nos parezca aburrido. A veces «hacemos» que jugamos, e igual se dan cuenta
A mí me sirve buscar actividades que me gusten para compartir:
✔️ Estar al aire libre
✔️Pintar con tempera, me encanta
✔️Leerles cuentos!
✔️Bailar/jugar a mover el cuerpo (por ej con Simón dice)
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Y también negocio mucho, sobretodo con la mayor. Un ratito de juego y luego le pido que juegue sin mi o lea un libro.
La difícil tarea entre escuchar que jugar es una necesidad para las niñeces e intentar respetar lo que siento yo.
No siempre se logra.
Pero ahí vamos!
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¿Cómo lo viven ustedes? ¿Les cuesta jugar?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

El cuidado es un trabajo

«Eso que llaman amor es trabajo no pago»
Si. Eso que llaman «instinto maternal» es trabajo no pago.
Eso que nos exigen, entrega absoluta 24*7, sacrificio, dejar de lado todo por un hijo o una hija, es trabajo no pago.
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Señalarnos como cuidadoras natas, nuestro «destino de cuidadoras» como dice @florfreijo, como si fueramos las únicas personas aptas para el cuidado de bebés, niñes, ancianos e incluso de nuestras parejas, es trabajo no pago.
Ocuparnos del cuidado de la casa, las compras, la cocina, la limpieza, pagar facturas y más, también es trabajo no pago.
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Lo que estamos atravesando actualmente las mujeres y feminidades a raíz de la Pandemia y las medidas de aislamiento, cuadriplica la cantidad de trabajo no pago que realizamos a diario.
No hay presedentes, es directamente explotación lo que la mayoría vivimos:
Trabajar desde casa bajo la exigencia de jefes, ser docente mientras tenés a tu hije llorando detrás de la puerta o a upa, atender llamadas del call center mientras cambias el pañal porque nuestros hijes aunque estemos en casa nos necesitan y NO ENTIENDEN por qué estamos sin poder estar.
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La conciliación entre el trabajo asalariado y los cuidados es una mentira, que no puede existir sin una transformación profunda social y económica.
Es una mentira sentir que no somos productivas porque estamos cuidando y no cobramos dinero por ello: el mundo capitalista sigue girando gracias a ello.
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A vos, que sentís que no das más y no sabes por qué, que te sentís agobiada, que no das más de la carga MENTAL y REAL de los cuidados, a vos, te abrazo, nos abrazo.

Lic. Carolina Mora
Mail lic.carolinamora@gmail.com

?Existen las «buenas madres?

No tenes que ser una «buena madre»
Esa que hace siempre por y para los demás
La que sigue lo impuesto para evitar ser criticada
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No tenes que ser una «buena madre»
La que se ata bajo el mandato de «perfección»
La que sacrifica sus deseos, sus pasiones y su individualidad.
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No tenes que ser una «buena madre»
La que sigue manuales de crianza escritos por otros.
Esa que siempre siente que se equivoco y que no alcanza estándares de «éxito» ajenos.
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No tenes que ser una «buena madre»
La que vive atormentada por el fantasma de la culpa.
La que se castiga por usar pantallas para poder tener minutos de silencio, por no cocinar lo suficientemente saludable, por ese grito que se escapó en medio de un desborde, la que no dió teta o dió demasiada, la que trabaja demasiado o pasa demasiado tiempo con ellos, la que es muy firme o muy permisiva…
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No tenes que ser una «buena madre».
Ahora más que nunca, surfeando la Pandemia atravesada por la recarga de cuidados…
Sé la madre que puedas ser.
Con tus «fallas», tus desbordes, tus angustias, tus miedos, tus sueños, tus deseos latiendo bien fuerte, tus momentos de tormenta y tus aguas en calma…
Se la madre que puedas ser, con tu historia a cuestas, tu contexto, tus posibilidades y tú red de sostén.
Se la madre que puedas ser, mirando a tu hijo o hija.
Se la madre que puedas ser con honestidad, con lo espontáneo y con lo que estás trabajando para sentirte más en paz con vos misma.
Recomiendo mucho el libro «La madre que puedo ser», Ed.Paidos.
Ilustración de @this.
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¿Te críticas y sentís culpable como mamá?

A las madres por Juan Sklar

Hubo un momento de canciones de cuna, abrazos infinitos y sueño profundo sin pesadillas ni ansiedad.
Hubo una época de vivir tapado por las estrellas, entregado al amor de mamá.
Pero crecimos. El vínculo sin bordes se terminó, la protección eterna ya no surte efecto. El cariño sin límites ya no está. Su ausencia es irreparable y duele.
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Tu madre ya no es tu madre y vos ya no sos sólo su hijo.
Despojada de la máscara ancestral, la madre se vuelve real. No tiene respuestas, su amor no cura todo, no es cobijo contra la oscuridad del mundo ni te salva de todo mal.
La madre real duele cómo duele toda la realidad. Sus errores y sus defectos pesan. Somos injustos, la comparamos con la madre de la infancia, la madre soñada, la madre celestial.
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Pero, sé honesto. Observa a la madre real, la que te quiso, la que estuvo siempre ahi, la que se transformo en osa para salvarte de la muerte.
La que cuando dejaste de entenderte, cuando preferiste su ausencia a seguir viendo su humanidad, te escucho.
No fue fácil, pero te escucho. Cambio ella y cambiaste vos.
Las decisiones equivocadas que tanto te duelen, son sus ejemplos para que busques tu propio camino. Los errores de su vida, también te cuidan.
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Tu madre ya no puede protegerte pero te preparo para enfrentar al mundo.
Tuviste una buena mamá.
Deciselo.
En un llamado, una carta, en un libro o en una columna de radio.
Agradece la presencia, agradece los afectos, agradece que fuiste un niño amado (*) JUAN SKLAR @juan.sklar Gracias por permitirme compartir este texto
(* O una niña amada).


«Ya no doy más»

Esta semana al menos la mitad de mis pacientes me dijeron está frase.
Cuando alguien dice ya «NO DA MAS» significa que es momento de que le empiecen a DAR a esa persona.
Es momento de que esa persona empiece a recibir…

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Cuidados
Empatía
Un tiempo propio, libre de responsabilidades
Ayuda, manos que sostengan.
Abrazos, contención.
Palabras de validación
Su comida preferida calentita
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Cuando sentimos que no DAMOS más es necesario que empecemos a PEDIR.
Que otros se involucren
Repartir las tareas de cuidado
Dividir el trabajo doméstico como corresponde en todo hogar
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Cuando sentimos que no DAMOS más ¡está bien!
La crianza es una tarea colectiva,
De ningún modo la puede soportar una sola persona, por más amor que tenga.
Esta bien registrar nuestros propios límites, está bien trazar una línea de hasta donde podemos solas y empezar a pensar cómo maternar más acompañadas.
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Si vos tenés alguien a tu alrededor que no DA MAS:
Deja de exigirle.
Escúchala.
Seguramente algo podés hacer activamente para tomar algo de su carga y dar un poquito más vos también.
Seas su amiga, su tía, un familiar.
Cualquier persona puede colaborar en la crianza colectiva.
Muchas más si sos su pareja:
CORRESPONSABILIDAD.
Con Pandemia, sin Pandemia, trabajando desde casa o desde la oficina.
La crianza te compete en un 100% también a vos.
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Les dejo un recurso:
Hagan una lista de todas las tareas de la casa, las domésticas y también las de planificación (por ej llamar al gasista, comprar cosas).
Hagan otra lista de todas las tareas de cuidado a personas (pedir turnos, cambiar pañales, dormir, cocinar, etc).
Anoten quien hace cada cosa generalmente (la mayoría de los días de la semana).
Ahí van a encontrar si hay mucha desigualdad y como empezar a ajustarla para que no vuelva a suceder que alguna parte NO DE MAS.
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¿Les pasa seguido sentir que «no dan más?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Mamá «gritona»

«Estoy muy angustiada» (comparto aquí con permiso, en este caso es una mamá pero podría suceder a un papá).
Ella había gritado tanto y tan fuerte, que su niña mayor se escondió debajo de la mesa del miedo y su bebé se tiró en la cama a llorar completamente desconsolado. Me contó que su bebé se dos años había escrito y roto un papel importante de un trámite, que estaba a mano por un descuido.
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¿Qué había la llevado ese desborde?
No era el comportamiento de sus hijes, sino su propia frustración.
Ese grito venía a modo de descarga, a poner afuera, algo que no había logrado gestionar en si misma.
Estaba sumamente triste, no era la primera vez que les gritaba, pero está vez fue más fuerte y agresiva.
Sentía vergüenza de sí misma, ya que trataba de aplicar la «crianza respetuosa».
«Desde que tengo dos, que no puedo ser tan paciente como antes, ahora soy mala mamá» me dijo. ¿Era mala madre? Claro que no, está frase era un auto castigo que se imponía. Lo que sucedía es que con el nacimiento del segundo (pandemia, sobrecarga de cuidados, cansancio) le costaba más gestionar situaciones de estrés.
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Me contó que se dedicó largo y tendido a hablarles, que les pidió perdón, les dijo que nadie tenía derecho a tratarles así y que nada era su culpa.
También les contó que ella aprendió a gritar de su abuela materna (su propia mamá), que se ponía nerviosa con facilidad.
A ella le hace un «click» cuando su hijo mayor le dice, entre un llanto desbordado:
«Yo no quiero aprender de vos a gritar, porque no quiero gritar si tengo hijos cuando sea grande».
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El fue capaz de identificar como se van reproduciendo ciertas prácticas (si no hacemos algo distinto).
A veces no somos conscientes de que cada día con nuestras conductas estamos modelando un saber sobre lo que es ser mamá (o papá).
Estos aprendizajes calan hondo, pero podemos trabajar en nosotras y nosotros para transformarnos, aprender a gestionar mejor nuestras emociones y canalizarlas de modo que no sean destructivas. Identificar nuestras necesidades y crear redes que sostengan y nos permitan un descanso en la ardua tarea de criar.
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¿Gritas mucho? ¿Te gritaron? La imagen es de @isolmisenta El globo
Y recomiendo el libro «El día que mamá se convirtió en dragón»

La transición a mamá de dos

Transitar el duelo de la mama de uno,
Para re nacer como mamá de dos (o más).
Con cada nuevo nacimiento, también nace una nueva versión de mamá en nosotras.
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Con este nuevo bebé que llega a casa, también llega una nueva mamá.
Quizá todavía no somos muy conscientes y al comienzo solamente creemos que somos la misma, sumando un nuevo hijo/hija.
Pero ¿Cómo ser la misma si ahora estamos divididas?
¿Si ahora, convivimos con dos pedidos a la vez?
¿Si vemos al mayor o la mayor reclamar ante este cambio?
Quizá, el estrés de los primeros meses de maternidad doble tenga que ver sobretodo con eso: entender que desde ahora, vamos a fallar un poquito más.
Desde que se amplia está familia, alguien siempre va a tener que esperar un rato más.
Y seguramente haya siempre algo que no vamos a llegar a hacer en el día (si es que ya no lo había).
Y alguien que se quede con ganas de jugar o pasar más tiempo con mamá (o nosotras extrañemos el tiempo exclusivo con alguno de los hijos).
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El duelo por nuestra versión de mamá de uno, no es más que una transición, una nueva metamorfosis en nuestra identidad que debemos atravesar.
¿Acaso nos mintieron cuando nos dijeron que es más fácil la segunda vez?
Quizá un poco si, un poco porque no hay generalidad que sirva para cada caso y otro poco porque no nos hablaron de la culpa que se vive en el camino.
Es mentira que «se crian solos».
Pero también quizá un poco no, porque «la parte más gruesa» de construir nuestra identidad de madre (entre otras) ya está transitada.
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De este nuevo caos, de tiempos, necesidades y deseos, re nacemos.
Darse tiempo, hacerse espacios, hablar, llorar, reír, enojarse y volver a abrazarse.
Esto también pasará, pero de seguro mucho aprendizaje dejara
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¿Cómo vivieron está «segunda vuelta» ?

Lic. Carolina Mora
Mail lic.carolinamora@gmail.com

Madres agotadas

El problema no es la maternidad en si, no son nuestros hijxs, sino son las condiciones en las que las mujeres nos vemos obligadas a ejercer el maternaje.
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En un sistema que nos da solamente 90 días de licencia y nos exige lactancia exclusiva por 6 meses.
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Es que si los profesionales nos hablan de la importancia del vínculo del bebé con papá, a él le dan 3 días de licencia (con un retorno de 9 horas diarias de jornada laboral)
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Es saber la importancia del cuidado a la diada y a a la mujer en su puerperio inmediato, y encontrarte sola 9 horas al día.
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Es querer darle a tu bebé todo lo que necesita a veces sin tiempo para cuidarte a vos misma.
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Es que mucha de la gente que te acompaño y te trataba como una reina en el embarazo, se esfume luego de conocer al bebé.
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Es la presión de tener que trabajar como si no fuéramos madres y de tener que maternar como si no trabajaramos.
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Es vivir en Pandemia sosteniendo en una mano a tu bebé, en la otra cocinando el almuerzo, mientras hablas por teléfono con tu jefe y pensas en sacar turno al pediatra.
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No es tu bebé, el que es «de alta demanda».
No sos vos, la que «no estaba preparada».
Es el sistema que nos deja solas.
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¿Alguna vez pensaste que tú maternidad era un problema?
Etiqueta a esa amiga♥️
Ilustraciones: @this_mama_doodles
#maternidad #puerperio

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com