Los duelos en la infancia

Hace unos días falleció mi abuelo. Cata sabía que muchos meses  estaba en cama. En ese tiempo varias veces me preguntó si se iba a morir y le dije la verdad:  “no sé”. Todos los seres vivos vamos a morir, pero no sabemos cuándo. Ojalá el abuelo se recupere.
El día que falleció me despedí de ella diciendo que tenía que ir a verlo porque su salud había empeorado. Ella estuvo con el papá y al regresar ya sabía había muerto. Cuando yo llegue me recibió con congoja y me abrazo fuerte. Me dijo “no quería que el bisabuelo se muriera” y le respondí que yo tampoco. Le dije que tenía un recuerdo para ella y le di un osito, le expliqué que al bisabuelo le hubiera gustado que lo tenga. Después, se emociono mucho y abrazada al osito lloro. Ella no era muy apegada a él, pero me decía que la muerte del bisabuelo le hacia pensar que no quería que nadie de su familia muriera.
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Al día siguiente, yo me iba al cementerio. “¡Yo quiero ir con vos!” Me dijo. Y si bien lo pensé detenidamente, decidí no llevarla. No porque temiera que le haga mal o le impresione la situación. Ella  ya había ido al velatorio de su otro bisabuelo e incluso había querido acercarse al féretro por curiosidad (no la dejamos verlo en detalle pero si a una distancia de 1 metro aprox).  Ella ya sabe que cuando un ser vivo muere su corazón deja de latir, el cuerpo se queda quieto y no respira. Siempre lo tomo con naturalidad.
Decidí ir sola al cementerio porque necesitaba estar disponible para sostener a mi mamá. Sabía que si bien para Cata era su bisabuelo, el vínculo no era tan significativo como para que ella necesitará transitar esa situación. Así que le propuse armar un dibujo y una carta para despedirse y juntar flores para que yo le lleve. Eso hicimos y le trajo muchísimo alivio, incluso quiso armar un altar en casa poniéndole comida (en referencia a la película “COCO”).
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¿Llevarles o no? Es una elección de cada familia. Siempre recomiendo anticiparles qué verán, llegado el caso, personas llorando y tristes, cómo se verá el féretro y qué sucederá puntualmente. Y darles la seguridad de que si en algún momento quieren irse, podrán hacerlo acompañados de alguna persona de confianza. Jamás obligarlos a ir (si tenemos quien les cuide)y si hay una necesidad genuina de su parte, escucharles.
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Despedida a mi abuelo

Acá estoy sentada a tu lado tomando tu mano.
Estamos esperando, esperando como en un parto, pero exactamente al revés.
Ironías de la vida, así como hay que saber acompañar el nacimiento, también hay que aprender a acompañar los muerte.
Hoy estoy haciendo este aprendizaje con vos, acá, agarrando tu mano.
Parecen cosas insignificantes las que puedo hacer por vos.
Tomar tu mano
Cantarte un tango
Escuchar junto a vos “La Sole”.
Mantenerte lo más limpio y ¿Cómodo? posible
Decirte que te quiero
Decirte que me enseñaste mucho
Decirte “Gracias”
Decirte también que “ya está”, que está bien querer irte, no querer vivir así.
No nos debes nada, nos diste todo.
Te cuidamos lo mejor que pudimos, lo mejor que la burocracia y el negocio de la salud nos dejó.
Te vas a ir como vos hubieras querido, rodeado de la gente que realmente te quiere y a la que realmente le importas.
Nada de hospitales, de pinchazos, de médicos fríos y enfermeras apuradas. Nada de aislamiento, en tiempos de Pandemia muchos volvemos a las viejas costumbres de nacer y morir en casa.
Te vas a ver a la abuela y tú hijo, porque sé que de alguna manera volvemos a re encontrar a los que amamos.
Quizá, como leí una vez en un libro, quizá volvemos al lugar que estábamos antes de nacer, que aunque no lo recuerdo, no me parece un sitio triste (Libro Para Siempre).
Lo bueno de la Pandemia es que con el barbijo no necesito pañuelo (si, estás pavadas piensa tu nieta).
Te libero abuelo, te libero de estar acá en en cuerpo que hace meses no te respondía ni correspondía.
Se libre abuelo
(Deje de escribir porque me di cuenta que su respiración era cada vez más lenta. Llame a mi familia para que nos empecemos a despedir).
A las 16:45 te fuiste. Sonaba “A Don Ata” de La Sole.
“Que dios lo bendiga, lo tenga en la gloria, por tantos recuerdos lindos y por su memoria”

Nota posterior:

Siempre, recomiendo escribir para transitar los duelos.

Escribir sobre el ser amado, despedirnos si no pudimos, agradecer, son formas de liberar y transitar el dolor.

El duelo en los varones

Afrontar la muerte de un hijo me llevó más de 5 años.Darme cuenta del dolor que produce no tiene explicación. Intenté taparlo con silencio y llenándome de proyectos.Pero no sirvió de nada.El tiempo se detuvo ese día y sin importar lo que hiciera no podía avanzar.
Todos decían lo mismo, vos sos hombre tenés que ser fuerte, la vida continúa y tenes que estar preparado para sostener a la mamá. Esto no lo dijeron a la semana, o al mes, sino que a los 15 minutos de salir del quirófano.
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En ese momento, empecé a tapar el dolor. No quería que la mamá, ni mi familia,amigos o compañeros de trabajo me vean triste o angustiado. En todo ese tiempo no dejé que nadie me abrace y me vea llorar. Sólo lloré una vez. Cuando volví de la clínica para bañarme.Era martes.Bruno habia muerto el lunes, y el domingo había sido el día del padre.Llegué a bañarme y entré a la casa en donde hacía menos de un mes que nos habíamos mudado. Estaba lleno de carteles y fotos que decían Feliz dia papá. Al ver ese escenario no pude contenerme y lloré mucho tiempo sentado en la escalera. Y de ahí en más, no lloré más. Cuando salía el tema, se me hacía un nudo en la garganta y desviaba la conversación.
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Y pasaron dias,semanas,años y me quedé con ese dolor. Trabajaba mucho, me ponía metas y proyectos inalcanzables para mantenerme ocupado, y no parar y caerme. Ahora me doy cuenta me que afectó en todo. Nació mi segunda hija, pero ese dolor que llevaba a veces no me dejaba disfrutarla,tenía terror de atender el celular y que me digan que se había muerto,literal.
El dolor hizo que mi corazón se cierre, no podía dar ni recibir amor, por miedo a perder.Me volví malhumorado, inseguro, y sobretodo no dejaba que me quieran.
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Hoy veo que nunca es tarde para pedir ayuda,que lo que llevo dentro puede salir.Ahora lloro,muestro mi angustia.Soy papá de Bruno,hablo de él, y lo extraño. Y si me quiebro,no importa.Las lágrimas y los sentimientos no tienen género. Un hombre siente y llora.Atrás de una mamá que pierde un hijo, hay un papá que también lo perdió.
Aquellos papás que pasaron por esto me van a entender y al que lo esté pasando, que no tema pedir ayuda.
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Gracias Toti
foto por @recordisfoto ♥️

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Muerte perinatal, el duelo no permitido

Por David Flier

“Un día me levanté llorando y se me prendió la chispa: ‘¿Por qué todo el mundo tiene fotos de sus hijos y en mi casa no hay nada?’”. Luego de hacerse la pregunta, Verónica Álvarez agarró un pendrive y, “con el nudo en la garganta”, salió a imprimir las ecografías que guardaba de las dos hijas que, en los 3 años anteriores, habían fallecido en su vientre. Ese día de 2013, cuenta, comenzó a sanar una herida tan profunda que la había llevado a sopesar la idea del suicidio.

Según la Organización Mundial de la Salud, la muerte perinatal se refiere a la muerte del feto o recién nacido entre las 22 semanas de embarazo y la primera semana de vida. En base a esta definición, según los datos más recientes, en Argentina hubo 5.038 muertes perinatales en 2015 (unas 6,5 por cada 1.000 nacidos vivos con más de 7 días). Sin embargo, al hacer el duelo, muchas de las madres que pierden embarazos antes de la semana 22 comparten los problemas de quienes lo hacen en las semanas posteriores. Octubre es el mes internacional de la concientización sobre esta problemática.

Por ese 2013 Verónica también comenzó a nombrar a Milagros (su primer bebé, quien murió en 2006 con 6 semanas de gestación, de ese embarazo no tenía ecografía), Aixa (2010, 6 meses de gestación) y Zoe (2012, 6 meses) gracias al espacio de desahogo que le ofrecía la fundación Era en Abril. No era algo menor. No solo su entorno le impedía mencionar a sus hijas muertas: el nombre de quienes fallecen en el vientre materno no figura en ningún certificado de defunción. Y el mensaje, para muchas madres y padres, es claro: “ustedes nunca tuvieron un hijo”.

Si la muerte ocurre antes de la vigésima semana o si el feto pesa menos de medio kilo, sus padres no se llevan ningún papel que compruebe la defunción y sus restos se desechan como residuos patológicos. Para los bebés que mueren en el útero con más de 20 semanas y 500 gramos, el tratamiento no es mucho más sutil: una bolsa -como las de basura- con el cuerpo y un certificado que lo trata como si nunca hubiese sido, ya que dice “NN” en lugar del nombre elegido por sus padres.

A su vez, al intentar mitigar el dolor, muchas veces el entorno minimiza la pérdida con frases como “ya vas a buscar otro” o “mejor que pasara antes de que naciera”.

“Las madres en esta situación sienten que están locas. Lloran algo que los demás desestiman.Hay una falta de validación de la emoción que hace que muchas mujeres sufran en silencio”, explica la psicóloga Carolina Mora, quien acredita un posgrado en psicología perinatal del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental del CONICET.

Los padres varones, en tanto, también sufren, aunque en general no lo exteriorizan. “Ellos crecen con el mandato de que llorar no es de hombres, de que es un signo de debilidad. Y sienten que deben sostener a la mujer”, apunta Mora.

El proyecto para cambiar las cosas

Era en Abril, con 80 mil miembros conectados virtualmente en el mundo, trabaja desde hace 11 años en el acompañamiento terapéutico de quienes perdieron a su hijo durante el embarazo o al poco tiempo de nacer. La fundación impulsa el primer proyecto de Ley de Identidad de América Latina para bebés fallecidos en el vientre materno. El mismo fue presentado en marzo de 2018 por segunda vez, en ambas ocasiones por María Emilia Soria, diputada del Frente Para la Victoria.

La iniciativa tiene 3 ejes: que los padres tengan la opción de reconocer con nombre y apellido a su hijo fallecido antes del parto; optimizar el registro de muertes intrauterinas para generar estadísticas que ayuden a prevenir muertes evitables; y que se entregue el cuerpo a los padres con fines póstumos, sin importar el peso o la edad gestacional.

Actualmente, el proyecto tiene estado parlamentario y giro a las comisiones de Legislación General y de Acción Social y Salud Pública (esta última nunca lo puso en agenda tras su primera presentación, en 2016). En 2018, ninguna de ambas comisiones programó tratarlo aún.

Mientras tanto, Chile está cerca de convertirse en pionero en la región. El Presidente Sebastián Piñera promueve el proyecto de la Ley Mortinato, iniciativa muy similar a la argentina.

El proyecto de ley

“El registro del chico con nombre y apellido es el primer paso para que la muerte de un hijo comience a ser validada en la sociedad”, considera Agostina Bianconi, abogada y vicepresidenta de Era en Abril, quien perdió una hija de 3 meses. Con esto no buscan dar al bebé fallecido el carácter de “persona”, explica, sino que se respete su derecho a la identidad (más allá de su edad gestacional). Así, a su vez, aclaran que su iniciativa nada tiene que ver con el debate sobre el aborto legal.

“Duele mucho ver el ‘NN’, es desgarrador. Es una negación de su vínculo con el ser”, explica Mora. “Algunos te dicen: ‘ya se murió, ¿para qué querés el papel?’ Pero no es un papel: es el símbolo de que mi hijo tenía su nombre. Estuve 9 meses buscándoselo”, reclama Lorena Rodríguez, quien perdió a Teo Gabriel tras 38 semanas de embarazo. “Era un bebé de casi 9 meses, de 3,4 kilos, me parecía una bestialidad que no lo reconocieran”, recuerda.

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Según Verónica Pingray, investigadora obstétrica del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), “en los certificados de nacimiento el 50% de los casos no tienen causa o tienen una muy poco específica (hipoxia intrauterina)”. Verónica Álvarez sufrió este déficit: recién tras perder tres embarazos fue diagnosticada con trombofilia. Hoy, consciente de los cuidados que debe tener, espera gemelas.

Para la revista científica The Lancet, que estudió a nivel global el tema en 2015, “la mayoría de las muertes fetales son prevenibles mediante un adecuado cuidado de la salud durante del embarazo, el parto y el inmediato control del recién nacido”.

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Verónica erigió un altar con las ecografías y otros símbolos alusivos a sus hijas. En sus momentos más duros, miraba aquel rincón y se alentaba: “Me tengo que levantar. Por ustedes, un día más”.

Junto al proyecto de ley, Era en Abril redactó un protocolo médico para casos de muerte perinatal. Uno de sus 13 puntos es “crear recuerdos agradables”, como fotos del bebé solo y con la familia.

“La sensación más espantosa es salir del hospital con los brazos vacíos”, apunta Jessica Ruidiaz, fundadora y presidenta de Era en Abril y counselor especializada en duelo perinatal.

Mora, a su vez, destaca: “Es muy difícil el duelo por alguien que nunca se vio o que solo se vio en una ecografía”. La psicóloga también explica que los rituales de despedida “ayudan a validar que la persona existió y fue importante”.

El problema en números

La reglamentación argentina exige registrar con causa todas las muertes intrauterinas (en cualquier momento del embarazo). Según Pingray, aunque el país “tiene un muy buen nivel de estadísticas vitales, cuanto menor es la edad gestacional al nacer aumenta el número de casos no registrados”, sobre todo antes de las 28 semanas. “Las cifras reportadas podrían no reflejar apropiadamente la realidad”, concluye.

En este contexto, en 2015 el Ministerio de Salud registró 6.164 muertes intrauterinas. Desde las 22 semanas de embarazo fueron 5038; desde la semana 28, 3.785.

Este último dato es cercano al estimado por The Lancet para 2015. Con 3.500 muertes de bebés de más de 28 semanas en el vientre y un 0.45% sobre el total de nacimientos, Argentina fue el 43° país con mejor índice entre los 186 estudiados por la revista científica.

El rol clave del personal médico

La investigación de The Lancet señala que “el comportamiento del equipo de salud (…) es crucial y puede contribuir enormemente para aliviar el trauma vivido por los padres”.

Sin embargo, según destaca Mora: “Las instituciones, en su mayoría, no tienen protocolos para estos casos. Cada médico lo maneja como le parece, con más o menos tacto. Las mujeres se encuentran en escenarios muy desoladores”.

“Las enfermeras ni miraban la historia clínica y me decían ‘¿tu bebé dónde está?’”, cuenta Lorena sobre la pesadilla que vivió en un hospital de Once.

Noelia Severo, como muchas otras, pasó las horas posteriores a su pérdida en una sala llena de mamás con sus hijos recién nacidos. Allí, una enfermera, señalando “un tacho como de esos de helado de tres litros”, le preguntó a la doctora: “Tengo material de Severo ¿querés que te lo traiga o lo preferís en un tacho nuevo?”. Más tarde, otra enfermera llevó la ironía al extremo al preguntarle: “¿Ya te sentís mejor?”

Cuando, 3 meses después, pidió el cuerpo de su hijo, la secretaria le contestó:  “No, esos fetitos van a parar a la basura”. “Me lo dijo como si hablara de tirar un papel higiénico”, recuerda Noelia. Ella dice que se sintió un “bicho raro”.

Protocolo Médico

Duelo y soledad

“Vivimos en una cultura en la que parece que, a más tiempo compartido con el ser querido, hay más razones para demostrar tristeza o angustia”, explica la psicóloga Mora.

“Yo sentía la necesidad de recordarlo, de aprender de lo que pasó, pero mi familia, mis amigos, y hasta mi marido me decían: ‘ya está, seguí con tu vida, vas a tener otros hijos’”, cuenta Noelia. Y se descarga: “Como si los hijos se reemplazaran con otros”.

“Volví a casa y tuve que desarmar la cuna. Tuve ganas de suicidarme. Sufría en silencio. Necesitaba nombrar a mis hijas y que mi familia me contuviera”, recuerda Verónica a quien, años después, su familia contiene.

A su vez, Ruidiaz, cuya hija Sofía murió con 45 días, aprendió que “en el camino de la recuperación, se rompen vínculos”.

En su consultorio, Mora conoció a muchas mujeres que se acercaban años después de perder un bebé en su vientre. En Era en Abril cuentan que reciben “mamás cuyos hijos murieron hace 30 o 40 años”.

Para Mora, el proceso de duelo es muy personal y es esperable que lleve meses. Pero, además, “está marcado por vaivenes emocionales”: una persona puede aparentar haber dejado atrás la muerte de un hijo pero en fechas especiales rompe en llanto y angustia.

Concientización sobre el duelo gestacional y perinatal

Les comparto imágenes de una campaña hermosa que realizamos juntos Nacer Juntos y Re Cordis. El duelo perinatal y gestacional necesita ser visibilizado y acompáñado

Fotos y objetos

Para las familias en duelo es sumamente importante tener la posibilidad de  CONSERVAR recuerdos de su bebé fallecido, estos ayudarán a transitar el proceso y les permitirán materializar que la existencia de sus bebés aconteció. Muchas veces al  al tratarse de pérdidas tempranas, de bebés que no llegaron a nacer con vida o bien que vivieron corto tiempo se trata de duelos invisibilizados socialmente: no hay lugar para el dolor, incluso de forma simbólica. La posibilidad de tomar una fotografía del bebé, de guardar la huella plantar, la pulserita de nacimiento, ecografías, ropita u objetos que hayan sido elegidos para él/ella  o cualquier otro recuerdo que los padres puedan generar en relación a la existencia de su hijo favorecerá el tránsito del duelo. El mensaje es tanto para sí mismos como para el entorno: “Mi bebé existió y por eso tengo derecho a estar triste por su partida”.   

De alguna manera, cada una de estas cosas visibilizan el AMOR que se ha sentido – que se siente y se sentirá – por ellxs y combate al “aquí no ha pasado nada” que muchas veces el entorno pretende: lejos de hacer bien, el silencio dificulta el reconocimiento de esta pérdida.

Tatuajes Conmemorativos

Muchas veces las familias no tienen la posibilidad de ver los restos de su bebé o bien lo han hecho por tan corto tiempo que no recuerdan su imagen o fisionomía. Incluso en pérdidas gestacionales tempranas, muchas madres o padres sienten la necesidad de que la existencia de sus hijxs deje una marca permanente visible. Tatuarse es una elección frecuente en estas situaciones, la cual permite dejar registro, dar testimonio de su existencia y llevarlxs consigo como metáfora de aquello que permanece en el tiempo. La existencia queda grabada en el propio cuerpo, más acá y más allá de los cambios corporales propios de la maternidad. De esta manera, la piel queda atravesada por el lenguaje y comunica de forma condensada todo lo que estos seres han significado para sus familias. Tatuajes que cobran forma de alas, huellas plantares, mariposas, ángeles y toda aquella imagen que porte especial significado. El arte, esta vez en la piel, inscribe y se vuelve la fuente que permite transmutar la energía, sublimar – en parte – el dolor.

Los rituales para transitar la pérdida (Por Mónica Álvarez Álvarez)

“No hace falta pertenecer a ninguna religión para esto, ni
siquiera ser creyente. Sólo se precisa dejarse llevar por la voz
interior, ésa que tan relegada al olvido ha quedado en nuestra
cultura, más acostumbrada a guiarse por un GPS mecánico,
construido por la mano del hombre, cuadriculado y preciso.
Un ritual es un paseo por el mundo simbólico y sagrado
de cada uno. Como decíamos, no es necesario pertenecer a
ninguna religión; tan sólo permitirse dejar volar la imaginación,
las sensaciones, lo más ancestral de nuestro instinto, de
nuestra cultura. Todas las tradiciones han creado ritos de despedida para sus muertos. Las antiguas sociedades matriarcales del Neolítico ya enterraban a sus difuntos colocados en posiciones concretas, rodeados por sus utensilios cotidianos y por sus mascotas. Tradiciones ligadas a la Tierra, a una diosa madre que los acogía en su seno tras una vida de trabajos y satisfacciones.
Un ritual es un acto poético y creativo.17 Es poético porque
traduce nuestros actos desde una clave simbólica, incluso los
más cotidianos. Es creativo porque, aunque realicemos varias
veces el mismo ritual, nunca es el mismo, porque se recrea cada vez en cada persona. Como decía el filósofo, nunca atravesamos dos veces el mismo río.
El ritual se ancla en un espacio y un tiempo concretos.
Existen rituales preestablecidos, como los que proponen
las distintas religiones oficiales. Ritos que han atravesado siglos
de tradición, que han sido recreados y reorganizados, adaptándose
a los tiempos.”
Fragmento del libro “La cuna vacia” de Mónica Alvarez, Psicóloga.
Fotografía: Re Cordis

Conmemoración de los Bebés Fallecidos

Cuando un niño pierde a sus padres lo llaman huérfano.
Cuando un adulto pierde a su esposo/a lo llaman viudo/a.
Sin embargo, cuando una madre/padre pierde a su hijo, no hay palabras.”
Perder a un bebé sea durante su gestación o luego de su nacimiento es una de las experiencias más duras, difíciles, dolorosas y devastadoras que puede sufrir una persona. Como afirma Jorge Montoya Carrasquilla, “en ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.” Cuando se enfrenta la muerte mientras se espera la vida, el mundo se desmorona. Angustia, dolor, incredulidad, negación, enojo, ira, impotencia, desolación, desconsuelo, son algunos de los sentimientos que irrumpen brutalmente. Quien sufre una pérdida de estas dimensiones, muy lentamente irá haciendo lo posible por reconstruir su mundo poquito a poco, en pos de ir aceptando lo vivido, sabiendo que ya nada será igual. El proceso de duelo tras una pérdida es absolutamente personal, cada quien lo transita de la manera que puede y a sus propios tiempos, que necesitan ser respetados. Es importante considerar que el duelo gestacional y neonatal tiene algunas características que lo hacen diferente a otros duelos: generalmente se trata de duelos que no son reconocidos y que son minimizados, que no sólo no están contemplados a nivel legal ni laboral, sino que además no se habla de ellos, no se prepara a los profesionales para comunicar la terrible noticia ni se orienta a los familiares sobre cómo acompañar de forma respetuosa. Se silencia el sufrimiento, aún teniendo las mejores intenciones, en tanto el dolor ajeno moviliza, conmueve, incomoda. Pero ocultando el dolor de los padres y familiares, mirando hacia otro lado, subestimando e invalidando los sentimientos, no hacemos que los mismos desaparezcan sino que se hagan más profundos debido a su incomprensión, que crezca la sensación de soledad y el aislamiento…..Como afirman Bernard Spitz, Manu Keirse y Annemie Vandermeulen en su libro “Si pierdes un embarazo”, “consolar no es conocer la respuesta. Tampoco dar todo tipo de consejos bien intencionados que pueden agotar a los padres. Mucho menos, desplazar la rabia y recetar cómo se tienen que sentir. (Después de X tiempo = X sentimientos). Consolar es escuchar con atención de tal manera que la pena en palabras y lágrimas puedan salir hacia fuera. Consolar es saber callar y con una mirada, una caricia hacer sentir señales de esperanza, seguridad y confianza. Es compartir la pena más que quitarla. (La pena nada la quita). Consolar es ATREVERSE a sentir la pena. Consolar es ayudar a los padres a vivir con las preguntas de las que no hay respuestas. Consolar es más bien escuchar cómo se siente, en lugar de decir a los padres cómo tienen que sentirse, ayudar a DAR la oportunidad a los padres para expresarse”.
Texto: Lic Natu Liguori Psicóloga Perinatal
Fotografía editada por Re Cordis

Papá duelando

Afrontar la muerte de un hijo me llevó más de 5 años.Darme cuenta del dolor que produce no tiene explicación. Intenté taparlo con silencio y llenándome de proyectos.Pero no sirvió de nada.El tiempo se detuvo ese día y sin importar lo que hiciera no podía avanzar.


Todos decían lo mismo, vos sos hombre tenés que ser fuerte, la vida continúa y tenes que estar preparado para sostener a la mamá. Esto no lo dijeron a la semana, o al mes, sino que a los 15 minutos de salir del quirófano. En ese momento, empecé a tapar el dolor. No quería que la mamá, ni mi familia,amigos o compañeros de trabajo me vean triste o angustiado. En todo ese tiempo no dejé que nadie me abrace y me vea llorar. Sólo lloré una vez. Cuando volví de la clínica para bañarme.Era martes.Bruno habia muerto el lunes, y el domingo había sido el día del padre.Llegué a bañarme y entré a la casa en donde hacía menos de un mes que nos habíamos mudado. Estaba lleno de carteles y fotos que decían Feliz dia papá. Al ver ese escenario no pude contenerme y lloré mucho tiempo sentado en la escalera. Y de ahí en más, no lloré más. Cuando salía el tema, se me hacía un nudo en la garganta y desviaba la conversación.
Y pasaron dias,semanas,años y me quedé con ese dolor. Trabajaba mucho, me ponía metas y proyectos inalcanzables para mantenerme ocupado, y no parar y caerme. Ahora me doy cuenta me que afectó en todo. Nació mi segunda hija, pero ese dolor que llevaba a veces no me dejaba disfrutarla,tenía terror de atender el celular y que me digan que se había muerto,literal.
El dolor hizo que mi corazón se cierre, no podía dar ni recibir amor, por miedo a perder.Me volví malhumorado, inseguro, y sobretodo no dejaba que me quieran.
Hoy veo que nunca es tarde para pedir ayuda,que lo que llevo dentro puede salir.Ahora lloro,muestro mi angustia.Soy papá de Bruno,hablo de él, y lo extraño. Y si me quiebro,no importa.Las lágrimas y los sentimientos no tienen género. Un hombre siente y llora.Atrás de una mamá que pierde un hijo, hay un papá que también lo perdió.
Aquellos papás que pasaron por esto me van a entender y al que lo esté pasando, que no tema pedir ayuda.

Hermanitxs y su duelo

Cuando se produce la pérdida de un embarazo y la mujer tiene más hijxs surge la angustia al pensar qué decirle a lxs hermanitxs. En este punto, si bien estará atravesado por las creencias que cada familia tenga respecto de la muerte, es importante brindar una explicación a lxs niñxs acerca de lo acontecido. Si la pérdida es temprana muchas familias creen que no es necesario explicar nada a lxs niñxs ya que visiblemente no se notaba el embarazo. Esto es un equívoco común ya que lxs niñxs tienen una percepción más aguda de los estados emocionales y el clima general de quienes conviven con ellxs y sentirán el sufrimiento y la extrañeza sin saber a qué atribuirlo.  En algunos casos notarán a sus padres más tristes, angustiados, tensos y el no saber la causa puede generar que intenten crear una explicación desde la fantasía. “¿Será porque me porto mal?; ¿Estarán enfermos mis padres?, etc”.

Es importante integrar el dolor y  brindarles una explicación de lo ocurrido, con palabras claras y frases cortas, cada familia encontrará la forma que sienta más adecuada y posible a su realidad. “Estamos tristes porque tu hermanito no va a nacer”; “estamos tristes porque mamá no está más embarazada”; “estamos tristes porque tu hermanito murió, pero siempre nos podremos acordar de él”. Dejar en claro que lo que sucedió no es culpa de nadie, que no tiene que ver con nada que haya hecho mal él/ella como hermanx y que le seguimos amando igual que siempre.  Para acompañar a lxs niñxs en el proceso de duelo, es de ayuda ofrecerles expresarse a través del juego, de dibujos e incluso dependiendo la edad leer cuentos que traten la temática. Si bien el duelo es un proceso singular, poder expresar los sentimientos y transitarlo en familia, facilitará el sostén emocional mutuo y la convivencia con la ausencia de este ser tan querido.

Embarazo después de la pérdida (bebé arcoíris)

El embarazo después de la pérdida suele estar marcado por el miedo y la incertidumbre. Si bien en todas las mujeres transitamos cada embarazo con cierto grado de miedo, solemos confiar en que “todo saldrá bien”. Ahora bien, una mujer que vivió la pérdida de un bebé en el útero deberá convivir con la pérdida de la inocencia: la pérdida de la certeza de que siempre el producto de un embarazo es un bebé sano y fuerte.

Aceptar que el miedo sea intenso, aceptarse en este estado de incertidumbre y ansiedad es parte del proceso. Los tiempos psicológicos de cada mujer varían y se entrecruzan pasado y presente: el recuerdo del embarazo o hijo perdido, las fechas de aniversarios, la fecha en que se produjo el fallecimiento del bebé  se mezclan con lo que vive en este embarazo. De a poco, semana a semana al comienzo, mes a mes luego, la mujer podrá ir conectando con esta gestación presente, con este nuevo hijo y esta nueva mujer que es hoy. Algunas veces es necesario el apoyo profesional para transitar este tiempo, para lograr conectar con este embarazo presente y diferenciarlo del pasado.

Experiencia en primera persona: Yanina

Vivió toda su vida, dentro mío… acobijado en mi vientre…
Sentir la vida y la muerte dentro mio, fue la experiencia más transformadora de toda mi vida.
Ese ser que habitó en mi y en nuestra ilusión, creímos que venía a cumplir con “algo” y era nuestra obligación descubrirlo, no dejar que fuera en vano su paso por éste mundo, había que aprender.
Descubrimos que no estamos preparados, en general, para atravesar o validar el dolor nuestro y del otro de manera genuina, hace mucho más difícil y solitario al camino, por eso, fue fundamental buscar ayuda de profesionales comprometidos.
No necesitaba buscar consuelo, sino, poder pensar, ordenar y volver a construirme, imposible permanecer igual.
Tiempo al tiempo y me sentí fuerte, sentí que tenia la fuerza para dejarlo ir, tenía esperanza de sanar …
Entonces decidimos animarnos a imaginar un nuevo embarazo, poner un deseo en pausa, nuevamente en marcha. Cruzar las barreras de los “miedos” que se interponían ante una nueva gestación …comenzar a ilusionarnos, no perder de vista que “otro” es otro ser y no tenía que volver a pasar esta vez.
Al final, puedo decir que si no hubiera ocurrido eso, por más difícil que fue, yo no sería quien soy ahora.
Este hecho ha sido un punto de inflexión en mi vida, desde el que he madurado, aprendido, llorado, celebrado, vivido… y lo he hecho acompañada.
Hoy, reconstruidos, en lo personal y familiar,abrazamos a nuestro bebé arco iris, Ulises, experiencia totalmente transformada y transformadora.
Texto: Yanina (mamá de Ulises, bebé arcoiris)
Fotografía; Re Cordis

La historia de Mariana

Les cuento mi historia, cuando decidimos con mi marido ser papas, Nico no se demoró nada en llegar, tuvimos nuestro positivo con el primer mes de búsqueda. Transité un embarazo hermoso e inocente, escuché en ese momento historias de gente que pasaba por desgracias pero, como uno piensa que siempre le pasa al otro, jamás se me ocurrió que a mí también podría pasarme algo malo. Un día de repente en una ecografía de semana 35 el gordito no creció lo que debía, pero nada alarmante solo por precaución me indicaron reposo y una nueva eco más doppler en una semana, en esa ecografia me dicen que el corazón de mi bebe no latía, si tengo que describir como me sentí en ese momento puedo decir que fue como que me tiraron un piedrazo y me rompí en mil pedazos. Sentí también que me apague.


Luego de un tiempo de pasar todos mis días y noches llorando con mi marido decidí buscar ayuda, llegué a una psicóloga perinatal que me ayudó a transitar mi duelo, más un grupo de Facebook de mujeres que vivieron lo que yo. En el medio llega la respuesta a mi dolor, quien me había arrancado a mi hijo tenía nombre TROMBOFILIA, llegué a este diagnóstico y a su tratamiento por lo que me animé a una nueva búsqueda, entendiendo que Nico vino para darle paso a su hermanito y a los que vendrán. Comencé a juntar mis partes y rearmarme. Nunca más volví a ser la misma.
Luciano, mi bebe arcoíris, sí que tardó en llegar, se tomó más de un año, pero en realidad ahora entiendo que vino cuando yo estuve realmente preparada. Nuevamente un embarazo hermoso pero esta vez con final feliz y bebé en casa. En el medio todos los miedos pero confiada en que el tratamiento estaba dando resultado porque lo espiábamos cada 3 semanas y todo así lo indicaba. Igualmente cada ecografía me daba mucho miedo porque era inevitable no recordar lo pasado y pensar que podía volver a pasar, hasta que no veía y sentía su corazón latir ese miedo estaba ahí.
Hoy agradezco haberme animado a enfrentar esos miedos porque Luciano me devolvió gran parte de mi alegría perdida. Con el volví a nacer, volvieron a brillar mis ojos, me encendió y por eso su nombre LUCIANO significa LUMINOSO Y BRILLANTE.



Texto: Mariana (mamá de Luciano, bebé arcoiris)
Fotografía: Re Cordis

La muerte de un hijo

No es una perdida
Es la muerte de un hijo
No perdí un objeto,
Por más que lo busque, no lo podré encontrar.
No es sólo una perdida,
No es un embarazo,
Era mi pequeño.
Tal vez para otros era milimétrico, dirán que ocupo un espacio minúsculo en mi ser.
Mi útero era su casa.
No sé por qué se fue. .
.
Quise cobijarlo,
Abrazarlo,
Contenerlo y abrigarlo.
Imaginaba un nombre,
Su rostro,
Soñaba con sentirlo,
Jugábamos a adivinar el color de sus ojos. .
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Tuve que soltarlo.
Dejarlo ir.
Despedirme.
Desarmar mis sueños,
Desprenderme de la ilusión de verle crecer.
Decirle adiós.
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Me quedé con mil historias por contar,
Con abrazos para dar.
Me sentí vacía.
Me enoje con mi cuerpo,
Ese mismo que supo crearlo pero no alcanzó para sostenerlo.
Me enoje con mis sueños y mis ilusiones.
Me enoje con la injusticia que dejaba que otras si disfrutaran de ver sus panzas crecer.
Me enoje. Me mire. Sentí pena por mi. Me abracé.
Me dije a mi misma que no fue mi culpa. Me permiti vivir este duelo. .
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Un día me permiti reír nuevamente.
Me permiti mirarme al espejo y re encontrarme.
Me permiti volver a ilusionarme.
Me permiti ser más honesta con mis miedos, mis dudas, mis sueños y mis deseos.
Me permiti volver a intentarlo.
Me permiti creer que está vez sería distinto. Me permiti aceptar, dejar de duelos, porque en este contexto también duelen otras cosas…

Imagen: @o_trocantintas
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Pechos llenos, brazos vacíos

Comenzar la maternidad con los brazos vacíos y los pechos llenos es una experiencia devastadora.
Llegar a casa y no querer salir para no recibir las felicitaciones de los vecinos que suponen que la dulce espera ha terminado.
Y la dulce espera ha terminado, pero de una manera impredecible, jamás imaginada y desoladora.
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Vivir la experiencia de parir a un hijo sin vida, de estar ingresada en el piso de maternidad conviviendo con la felicidad ajena, escuchando el llanto de bebés que hacen que de los pechos broten lágrimas de leche.
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Recibir un papel con dos siglas “N,N” donde debía figurar un nombre, elegido con amor y que inscriba de forma simbólica ese ser que si existió.
Ser llamada “mami” o “mamita” por enfermeras y personal médico, no ser debidamente informada sobre los derechos que tienen las mujeres que atraviesan está experiencia. Ser infantilizadas y no recibir apoyo psicológico durante los días de internación.
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Llegar a casa con la sensacion abrumadora de la irrealidad de lo vivido, sentir el vacío profundo en el cuerpo y el alma.
El entorno mirando con miedo la situación, sin saber que hacer ni como contener. Hablando de más queriendo aliviar con expresiones como “sos joven, vas a tener otro…por algo suceden las cosas …ahora es un angelito” o no dando lugar a la palabra, empujando a seguir adelante, como si no hubiera ocurrido nada.
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La muerte perinatal es un evento potencialmente traumático que quiebra en dos la identidad, marca un antes y un después.
Es saberse madre…madre de un bebé que ha muerte muy pronto.
No hay palabra que represente está situación en la sociedad, no hay forma de nombrar lo innombrable.
En la mayoría de las instituciones no hay protocolos para asistir como corresponde a las familias que atraviesan esta catástrofe.
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Actualmente no contamos con una ley que resguarde específicamente los derechos de las familias que viven la muerte gestacional o perinatal.
Somos una sociedad que le cuesta lidiar con la muerte. No queremos nombrarla, nos queremos saltar los duelos.
Mucho más aún al recibir la muerte cuando se espera la vida. La muerte de un bebé es un tabú.
No dejemos a las familias solas.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

El duelo en la infancia

Hablar de la muerte o la enfermedad es algo que genera mucha incomodidad en los adultxs. Si prestan atención van a ver qué lo evitamos, usamos metáforas o incluso preferimos hablar del tema con humor, porque de alguna forma es más tolerable que la angustia que nos genera.
Es frecuente que vivamos los duelos en soledad y en silencio, muchas veces con la presión de “volver a la vida normal” lo más pronto posible. .
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La frase más escuchada ante la muerte es “hay que seguir adelante” o “tenemos que ser fuertes”. Es poco habitual que alguien autorice la expresión del dolor y nos diga “vas a estar triste, es esperable. Llora lo que necesites, recordá y habla de la persona que perdiste si así lo sentís”. .
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Por lo general nos incómoda tanto el tema que taponamos pronto la expresión de angustia, porque la muerte de otra persona nos recuerda la finitud de nuestra propia vida. El “seguir adelante” también es funcional a nuestro sistema productivo, sin ir más lejos, en Argentina contamos con licencias por fallecimiento de esposa, concubina, hijos y padres de 3 días corridos y por fallecimiento de hermano 1 día. ¿Increíble no? .
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En este contexto no es raro que si a los adultxs nos cuesta hablar de la muerte y elaborar los duelos, nos cueste aún más hablar de la muerte o la enfermedad a nuestros hijos e hijas y acompañar sus duelos.
Por miedo y desconocimiento son muchas las familias que ocultan la enfermedad de personas cercanas y queridas a los menores de la casa. A los niños y niñas poco y nada se les explica de estas situaciones, no permitiéndoles poner en palabras como se sienten y hacer el trabajo de preparación o duelo necesario y saludable. .
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Es logico tener miedo y no querer herir a nuestros hijxs, por eso es importante informarnos y buscar asesoramiento profesional para poder abordar este tema con confianza y de la mejor forma posible, teniendo en cuenta las
creencias de cada familia.

Para hablar de la muerte con niñes es importante tener en cuenta su edad, el grado de comprensión y el vínculo que tenía con quién ha fallecido.
Cuando ocurre la muerte de un familiar o alguna persona importante, elles perciben que algo está sucediendo por más que ocultemos las lágrimas, aún siendo muy pequeños.

Perciben la tensión, él clima de tristeza, la angustia y el no tener explicación puede llegar a generar las fantasías más variadas para explicarse lo ocurrido. Incluso pueden pensar que hicieron algo incorrecto o malo, generándoles culpa o miedo.

Es importante anticiparles cuando suceden procesos de enfermedad con la verdad, con palabras claras y sencillas y siempre dejándonos guiar por las preguntas que vayan haciendo. El tiempo de enfermedad o internacion si lo hay, ayuda a comenzar a elaborar la pérdida y la despedida.

Conversar en familia y acordar cuál será la información que le darán permitirá ofrecer un relato coherente y consistente que le brinde seguridad. Si la familia tiene creencias de fe aquí se las puede tener en cuenta.

Es importante:
Escuchar las preguntas del niño o niña.Responder con lenguaje acordé a su edad pero con la verdad.
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Utilizar palabras sencillas y dar detalles a medida que los pida.Ofrecer la posibilidad de formular preguntas.
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Permitir la libre expresión de sus emociones. Muchas veces será a través de dibujos o juegos. Incluso varios de después meses seguirán apareciendo expresiones como mecanismos de elaboración y recuerdo.
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Ofrecer la posibilidad de despedirse del ser querido de acuerdo al ritual de cada familia.
Si hay velatorio o entierro se puede anticipar como será para que, si la familia está de acuerdo, decidan si quieren participar.
También se puede ofrecer que le escriban una carta o hagan un dibujo para que los adultos lo lleven. Evitar obligarlos a asistir o a ver el cuerpo.
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Evitar frases inespecificas como “se fue”, “ya no está”, que puedan dar una idea errónea al niñx e inseguridad. La lectura de cuentos infantiles puede ayudar a su elaboración: “Un hueco”, “Vacío” y “Para siempre” son mis más preferidos.
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Es primordial evitar las mentiras y no ocultar las emociones. Poder demostrar y poner en palabras que estamos tristes por la perdida permitirá transitar el duelo más sanamente.

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Seguramente después de una situación nos llenen de preguntas en relación a la muerte, esto es esperable y sano. Suele ser más difícil para los adultos que para elles lidiar con el tema.
En la infancia comprenden la muerte explicada como algo natural
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Tienen sus primeros contactos con ella con la muerte de insectos o mascotas generalmente.
Acá en casa mi nena la descubrió con jugando con bichitos bolita, que de repente morían.
Fue interpretando que morir es quedarse quieto y hablamos de que dejamos de respirar y el corazón deja de latir.
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De acuerdo a la creencia familiar se puede hablar de cómo las personas vivimos en los recuerdos del ser amado y los momentos compartidos.
Una actividad que ayuda a procesar el duelo es armar una caja de recuerdos, donde guardar objetos o fotografías de la persona querida.

Dar espacios para la tristeza, que actualmente da mucho miedo contactarnos con ella e intentamos taparla como sea, pudiendo darse una diversidad de síntomas.
Recomiendo muchísimo la película “Coco”.
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Siempre que sentimos que no podemos lidiar con el tema es importante buscar ayuda profesional en psicólogos/as que trabajen la temática, aunque me gustaría destacar que el duelo no es un proceso patológico en si mismo.
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Duelo gestacional y perinatal

La temática del duelo gestacional y perinatal constituye un tabú para nuestra sociedad occidental. De eso no se habla, no hablan los profesionales de la salud,no hablan los medios de comunicación, no hablan las leyes, se acalla a los padres que están viviendo este dolor. Familiares y amigos, no saben cómo enfrentar esta situación, y surge el vacío del  silencio.
Dónde se espera la vida llega la muerte.432_660_shutterstock_97614038-1
La muerte que ocurre  en el útero durante la gestación del embrión o la muerte fetal  temprana (primer y segundo trimestre) se denomina pérdida gestacional. Hablamos de pérdida perinatal cuando la muerte ocurre en  el tercer trimestre, durante el parto o los primeros 7 días luego del nacimiento. Cuando la muerte ocurre durante los 7 y 28 días tras el nacimiento se denomina muerte neonatal tardía. Recibir la muerte cuando esperamos la vida, dice Mónica Álvarez, psicóloga especialista en duelo gestacional y perinatal, es un hecho para el cual nadie esta preparado. Marca a fuego a la mujer  y su pareja, es la pérdida de la inocencia, de la idea de que “todo saldrá bien y dela certeza de que como producto de un embarazo llegará un bebé sano y feliz.
La falta de validación social del dolor en las pérdidas tempranas es inmensa y dificulta en gran medida el proceso del duelo. Las mujeres deben retomar sus actividades laborales con rapidez, ya que no se reconoce una licencia acorde a las condiciones del duelo. Volver a la rutina y “hacer como si nada” es una exigencia del entorno. Para el padre es doblemente difícil expresar sus sentimientos ante la pérdida, ya que al no haber vivido sobre su cuerpo el proceso aún se valida menos su dolor e incluso a ellos mismos les cuesta reconocerlo.
Al dolor de las pérdidas más tempranas se le suma el no reconocimiento legal, ya que en nuestro país no es posible la inscripción en el registro civil como hijos del matrimonio, para así poder ponerle un nombre e incluirlos en el linaje familiar. A esto  se suma el poco cuidado que se tiene desde las instituciones médicas, ya que muchas son las familias a quienes les entregan el cuerpo de sus hijos en la sección de “residuos patologicos”.
Recibir y trasmitir la noticia
Cuando se confirma la detención del embarazo o la muerte fetal, las mujeres suelen enfrentarse con momento de inmenso shock emocional. La idea de estar gestando vida en su interior, de estar habitadas por lo más hermoso y preciado da lugar ahora a la sensación de desconocimiento y extrañeza, incluso a la fantasia de monstruosidad. Es un sentimiento intenso, dificil de procesar en lo inmediato que puede generar diversas reacciones. En algunas mujeres aparece la urgencia por acabar con todo el proceso y no soportan un segundo más convivir con la muerte en su interior, y las lleva a solicitar un legrado o intervención. Generalmente este pedido es aceptado sin cuestionar o acompañar con otras alternativas posibles, y muchas veces esta urgencia no permite generar un espacio de despedida, el duelo se posterga y reaparecerá en otras circunstancias.
Otras mujeres necesitan un tiempo de despedida o prefieren que el proceso se produzca lo más fisiológico posible y es en estos casos cuando más se dificulta el ser escuchadas por el personal medico, quien trae la prisa consigo de la mano de la medicalización y el intervencionismo. Numerosos estudios detallan la posibilidad del manejo expectante del aborto, avalando su viabilidad en casos donde no hay urgencia médica, pero muchas veces no es una opción tenida en cuenta o comunicada por los profesionales tratantes. Es importante tener en cuenta, que cual sea el método elegido, la prisa y el no respeto por la intimidad en la despedida dificultan y entorpecen el proceso del duelo. Tristeza---op
Sin dudas para el personal médico esta situación es de una angustia enorme, y es ocultada bajo la urgencia del intervencionismo y  el tecnicismo en el lenguaje como formas de no conectarse emocionalmente con la perdida.
 ¿Cómo podría el personal medico contribuir a que la despedida sea lo más saludable posible?
-Dirigirse siempre a los padres y a la mamá llamándola por su nombre: evitar infantilizarla con apodos como “mami”, etc.
-Evitar la internación en el área de maternidad, no imaginan lo desgarrador que puede ser para unos padres que se están despidiendo convivir con otros que están en el encuentro, intentar en lo posible encontrar una habitación individual donde puedan estar en intimidad.
-Ofrecerles un tiempo a solas cuando reciben la noticia, silencio en vez de avasallar con información técnica o de procedimientos.
-Ofrecer información en términos sencillos sobre los distintos procedimientos posibles según la situación particular: manejo expectante (si este es posible), legrado, inducción al parto, etc. Permitir a los padres estar acompañados por alguien de su confianza a la hora de recibir esta información y durante todo el proceso. Chequear en un segundo momento la comprensión de la información, volver a explicar si es necesario y permitir hacer preguntas.
– No apurarlos a decidir inmediatamente si no es una situación de urgencia, seguramente estarán en un estado de shock.
-Convocar al servicio de psicología  del hospital para ponerse a disposición y colaborar con la situación.
-Preguntar a los padres qué necesitan y cómo les gustaría despedirse del bebé
-Una vez finalizado el proceso médico, ofrecer a los padres ver los restos y conocer a su bebé, esto ayuda a disipar fantasías al respecto. Si el cuerpito presenta alguna malformación evidente o esta muy dañado pueden verlo envuelto en una mantita o con un gorrito, incluso a través de una fotografía si así lo prefieren.
-Colaborar para realizar todos los estudios necesarios que puedan determinar las causas de la perdida. Muchas veces no surgen causas medicas,pero es importante para esa familia el intento de descartarlas. Todos necesitamos conocer el por qué de la muerte, o al menos intentarlo.
-Evitar denominaciones despectivas en relación a  los restos del bebé, en lo posible llamarlo por el nombre elegido.  Recordar que por más pequeño que sea, para esos padres representa lo más preciado. No nominar como “residuo patológico” ni similares.
-Brindar opciones posibles para el manejo de la subida de la leche (si es que ocurre). Permitir siempre que sea la mujer quien decida qué opción quiere tomar: cortar la subida de la leche con medicación y  descongestionando los pechos con extracción manual; utilizar medicación y además los vendajes; solamente manejar la subida descongestionando el pecho manualmente hasta que se retire la leche por si sola o bien donar esa leche a bancos de leche humana (esta última opción es la más difícil de llevar a cabo ya que genera controversias en los profesionales de la salud).
-Es de suma importancia que se establezcan protocolos para la atención del aborto que protejan la integridad física y emocional de las mujeres, para que no se incurra en violencia obstétrica la cual dificultara aún mas el proceso de recuperación.
El duelo gestacional es uno de los duelos más acallados socialmente.  Muchas veces la reacción más común, al no saber qué hacer, es ignorar el dolor de los padres, silenciarlo, minimizarlo. Otras, surgen palabras que lastiman, se clavan en los corazones y las mentes de quienes las escuchan para siempre: “Eres joven, ya tendrás otro”, “Mejor ahora que más adelante”, “Mira si tenias un niño con problemas”… Los padres mayormente quedan atravesando ese dolor solos, en silencio, se hace evidente la falta de apoyo y empatía del entorno. Mónica Alvarez en su libros sobre duelo gestacional y perinatal aconseja no decir lo que no diríamos ante otro duelo. Si fallece el padre de un amigo jamás se nos ocurriría decirle “tranquilo, ya tendrás otro”.
¿Cómo pueden ayudar los familiares y amigos a enfrentar la pérdida?
-Ante todo entendiendo que el duelo es un proceso personal, con tiempos y vivencias singulares. Entendiendo que, lo que perdieron esos padres es un hijo, la ilusión de los momentos deseados, imaginados, una vida entera juntos.
-Validando los sentimientos. Los padres tienen derecho a sentirse así.
-Acompañanado. No hace falta decir nada, o simplemente un “estoy aquí para lo que necesites”. La sola presencia, es sanadora. Si se necesita hacer, pensar en cosas que puedan aliviarles el día a día a los padres: cocinar, ayudar con los quehaceres, etc.
-Ofrecer un oído. Dejar al otro expresar su dolor, llorar, hablar de sus sentimientos, recordar los momentos felices del embarazo… hacer su camino.
-Reconocerlos como padres, aunque su bebé no este con ellos, lo son.
-Sugerir de ser necesario acompañamiento psicológico especializado en duelo gestacional y perinatal.
¿Qué podría hacer el Estado y los empleadores?
-Además de todo lo anterior, es fundamental otorgar a ambos padres una licencia laboral acorde para superar este momento.
-Validar y permitir la inscripción de los hijos fallecidos en los registros civiles, con nombre y apellido.
Para los padres, quienes atraviesan la parte más dolorosa, es importante que puedan tomarse el tiempo que sea necesario para transitar el trabajo de duelo. No sera de una vez y para siempre, habrá momentos de altibajos, recaídas, fechas que marquen ese ritmo, aniversarios que traerán nuevamente al dolor. Pero, aunque sea muy difícil de imaginar, volverán a sonreír, habrá momentos de felicidad, o simplemente de paz. Pedir ayuda, encontrar compañías que sanen, personas que los escuchen, poder hablar con otros padres que hayan pasado por lo mismo puede aliviar. Tener en cuenta rituales que ayuden a procesar la pérdida, cartas de despedida, armar una caja de recuerdos, poner el dolor en movimiento. Escuchar al cuerpo, buscar actividades que brinden placer y alivien. Sobretodo, ser paciente con uno mismo.
Para terminar, cito aqui un fragmento del libro “Las voces olvidadas” de Monica Alvarez:
“Lo esencial es invisible a los ojos. Un embrión es igual al resto de millones de embriones. Pero, de alguna forma, es único, especial, diferente. Como la rosa que cuido el Principito y que se hizo especial para el precisamente por el tiempo que le dedicó, así el pequeño ser que vivió en el vientre de su madre es importante por el tiempo que le dedicó mientras latía en su interior, por ese tiempo que pasó pensando en él, imaginando como crecería la panza, el parto, el bebé soñado. Para parte de la sociedad no es más que un puñado de células muertas por las que no merece la pena gastar ni un segundo más. En cambio para la madre y el padre, es especial, siempre estará en su corazón, y merece que se detenga su vida unos instantes para recordarlo, llorarlo, sentir lo feliz que se fue mientras estuvo vivo en el seno, despedirse de él y dejarlo ir”. Las voces olvidadas
Lic. Carolina Mora
lic.carolinamora@gmail.com
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ERA EN ABRIL (Argentina) Apoyo a mujeres que sufrieron una muerte intrauterina o gestacional y familiares
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Libros
– Mónica Alvarez: “La cuna vacía” y “Las voces olvidadas” libros. Página de consulta: http://duelogestacionalyperinatal.com/
– Explicame que ha pasado. Libro para ayudar a los niños a superar un duelo: http://www.fundacionmlc.org/actualidad/noticias/publicacion-guia-menores-duelo/