Los duelos en la infancia

Hace unos días falleció mi abuelo. Cata sabía que muchos meses  estaba en cama. En ese tiempo varias veces me preguntó si se iba a morir y le dije la verdad:  “no sé”. Todos los seres vivos vamos a morir, pero no sabemos cuándo. Ojalá el abuelo se recupere.
El día que falleció me despedí de ella diciendo que tenía que ir a verlo porque su salud había empeorado. Ella estuvo con el papá y al regresar ya sabía había muerto. Cuando yo llegue me recibió con congoja y me abrazo fuerte. Me dijo “no quería que el bisabuelo se muriera” y le respondí que yo tampoco. Le dije que tenía un recuerdo para ella y le di un osito, le expliqué que al bisabuelo le hubiera gustado que lo tenga. Después, se emociono mucho y abrazada al osito lloro. Ella no era muy apegada a él, pero me decía que la muerte del bisabuelo le hacia pensar que no quería que nadie de su familia muriera.
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Al día siguiente, yo me iba al cementerio. “¡Yo quiero ir con vos!” Me dijo. Y si bien lo pensé detenidamente, decidí no llevarla. No porque temiera que le haga mal o le impresione la situación. Ella  ya había ido al velatorio de su otro bisabuelo e incluso había querido acercarse al féretro por curiosidad (no la dejamos verlo en detalle pero si a una distancia de 1 metro aprox).  Ella ya sabe que cuando un ser vivo muere su corazón deja de latir, el cuerpo se queda quieto y no respira. Siempre lo tomo con naturalidad.
Decidí ir sola al cementerio porque necesitaba estar disponible para sostener a mi mamá. Sabía que si bien para Cata era su bisabuelo, el vínculo no era tan significativo como para que ella necesitará transitar esa situación. Así que le propuse armar un dibujo y una carta para despedirse y juntar flores para que yo le lleve. Eso hicimos y le trajo muchísimo alivio, incluso quiso armar un altar en casa poniéndole comida (en referencia a la película “COCO”).
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¿Llevarles o no? Es una elección de cada familia. Siempre recomiendo anticiparles qué verán, llegado el caso, personas llorando y tristes, cómo se verá el féretro y qué sucederá puntualmente. Y darles la seguridad de que si en algún momento quieren irse, podrán hacerlo acompañados de alguna persona de confianza. Jamás obligarlos a ir (si tenemos quien les cuide)y si hay una necesidad genuina de su parte, escucharles.
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Lic. Carolina Mora

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