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Amor a segunda vista

Lo nuestro no fue un flechazo inmediato, amor a primera vista ni puro romance idílico.
Lo nuestro fue tempestuoso, desencontrado, ambivalente y claroscuro.
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Vos llegaste deseoso de mi, yo te esperaba temerosa.
Me pedías siempre más, me querías entera: cuerpo, alma, deseos y necesidades.
Una parte de mi intentaba escaparse,  mientras te amaba y te cuidaba a toda hora.
Vivía con miedo de que te pase algo.
Quería protegerte
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Los primeros meses estaba convencida de que fue un error: lo mío no era ser mamá de dos.
Con una alcanzaba y sobraba.
¿Cómo iba a poder?
Me sentía culpable por pensar así.
Vos no dejabas de mirarme, de seducirme.
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Me fui enamorando de a poco, fue constancia y presencia.
Aprendí a conocerte y a conocerme en esta nueva versión de mamá.
Cada día te sentía un poquito más mío
A los 8 meses encontré un espacio terapéutico dónde decir y resignificar.
Empecé a ser compasiva conmigo.
Empecé a ser paciente con vos.
Empecé a disfrutarte más
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Ahora, a tus dos años y medio ¡recién ahora! puedo reconocerme enamorada.
No ciegamente, no locamente…
Enamorada con los pies en la tierra.
Viendo las ambivalencias de este amor.
Reconociendo todo lo que no me gusta de ser tu mamá y a la vez todo lo que disfruto.
Escucho tus primeras oraciones y se ilumina el corazón. No tengo palabras. Te observo, me regocijo en tus ocurrencias, en los mates compartidos: “que hijo copado me tocó”.
Gracias hijo por darme tiempo.
Mamá siempre te va a esperar para tomarnos estos mates: Juntos
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¿Les costó enamorarse de sus hijes?

Lic. Carolina Mora
Mail lic.carolinamora@gmail.com

Acoso callejero y crianza

Hace unos días fuimos al parque con mis dos hijes. Mientras estaba muy cerca del bebé, la mayor estaba a unos pasos, jugando a mi vista.
En un momento me mira asombrada y me dice: “mamá, ese chico me dijo algo”. Tenía cara de que no lo podía creer.
Me costó entender a qué se refería, así que le pregunté qué le habían dicho.
“Me dijo que linda” fue su respuesta.
Imaginen mi cara, y su cara de no entender nada 
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Les juro que no entraba en mi cabeza que un chico le haya dicho eso a una nena de 7 años.
Cuando le pregunté qué edad tenía me dijo que era como adolescente (siempre me dice esto para referirse a personas mayores a 12 aprox).
Me quedé unos minutos pensando qué contestarle.
¿Qué le podría decir?
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Le expliqué que hay gente que cree que puede andar por la calle diciéndole a otras personas lo que piensan de su apariencia.
Algunas personas, en especial los varones, creen que es divertido decirle a una chica cómo se ve, linda por ejemplo.
También le dije que eso no estaba bien, que nadie debería decirle nada sobre su apariencia ni su cuerpo.
Me olvidé de explicarle que eso es una forma de acoso callejero.
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La verdad me enoja tener que explicarle esto a una nena de 7, más aún me enoja saber que fue la primera vez, pero no la última en vivirlo. También se que le tocará oír cosas peores, más violentas y ofensivas.
Ojalá erradiquemos esta problemática pronto, porque a veces parece que no hay crianza respetuosa ni ESI que alcance.
Me acuerdo que cuando era chica y me empezaron a decir cosas en la calle, incluso acompañada de mi mamá, ella les gritaba e insultaba. Recuerdo que me avergonzaba. Que torcido está todo!
Ellos son quienes deben sentir vergüenza.
Hoy es otro “Ni una menos”, no podemos movilizarnos, pero acá estamos las mujeres, feminidades y masculinidades no cis, dando pelea al patriarcado todos los días♀️.
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¿Les tocó vivir una situación así? ¿Recuerdan cuando les empezaron a decir cosas sobre su aspecto en la calle?

Lic. Carolina Mora
Mail lic.carolinamora@gmail.com

Atravesando el destete

Hace unos días mi bebé me empezó a decir está frase. Si, yo sabía que estaba muy conectada por mi trabajo, pero no tenía idea de que lo estaba registrando con tanta claridad. También hace unos días, en algunas ocasiones que daba la teta, si no tenía el celular conmigo el me lo traía.
Ahí me di cuenta todas las veces que amamantaba mirando el teléfono.
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Hace unos meses empezamos el camino al destete. La noche fue lo primero que ordenamos: yo le daba teta, le leía libros y luego el se terminaba de dormir con su papá paseando y colechaban ellos. Yo me quedaba durmiendo en el cuarto de la mayor en la cama que sería de Juli. Ese método nos resultó y el empezó a dormir de corrido, de 11 a 7/8, que despertaba y le daba teta. Ahora, con el frío no para paseo, lo empecé a dormir yo en su cama en su cuarto.
De día no había manera de ordenar, me pedía y yo, le daba porque era lo más cómodo para mí: no lidiaba con el enojo de el, miraba el celular o hacia otras cosas.
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Estés último mes Juli estuvo durmiendo más inquieto y tuvo algunos despertares, que me llevaron a darle teta a mitad de la noche. Un día desperté con los pezones muy doloridos, muy irritados y le dije que no iba a darle teta en todo el día, solo iba a darle para dormir, porque se tenían que curar. El me vio ponerme crema para aliviar y use unos días remeras cerradas. Pensé que iba a ser tremendo, pero lo entendió mejor de lo que esperaba. Los primeros días me pedía tomar, le explicaba, un poco de queja y seguíamos jugando. Me sorprendió lo mucho que podría disfrutar el tiempo con el, sacando la teta del medio. Estos últimos días me pide verlas, les habla y se mata de risa. A veces se enoja y está más irritable, pero lo atravesamos. Ya no me ve casi con celular en mano, porque cuando estoy con el, tengo que estar a puro presente, mimos y juego.
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Les cuento para que vean que para mí tampoco es fácil. El destete no siempre es un proceso lineal y controlado. Tiene sus ires y venires. Tiene mucho de artesanal
Recuerden que mi taller de destete @criarentribu las acompaña, siempre y lo compran desde el link de mi bio.

También apoyándome en mi libro “Teta, mamá”


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¿Cómo van sus destetes?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

M hijo no juega solo

Edad por edad, cómo estimular que los chicos jueguen solos
La autonomía de los niños en el juego se convirtió en una de las preocupaciones de las familias en el marco de la pandemia y sus múltiples obligaciones. Qué esperar en cada etapa.

Desde los 6 años niños y niñas pueden compartir en paralelo con sus padres. Foto ilustración Shutterstock

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30/05/2021 6:00 Clarín.comFamilias
Actualizado al 30/05/2021 6:00
La autonomía de los niños en el juego se convirtió en una de las preocupaciones de las familias en el marco de la pandemia de coronavirus y sus derivados. Con las suspensión de la presencialidad en varios distritos del país y el trabajo remoto, conciliar las actividades de los adultos con las de los chicos se transformó en una dificultad.


La cotidianeidad de los hogares dio un vuelco profundo y, muchas veces, debemos enfrentarnos a la demanda de niños que quieren jugar, a la vez que cumplimos con obligaciones laborales, domésticas y demás.

¿Es posible alentar su autonomía a la hora de jugar?, ¿qué es esperable a cada edad en relación a sus actividades recreativas?, ¿es posible responder a todas las exigencias que la actualidad impone? Sobre esto dialogamos con la licenciada Carolina Mora, especialista en psicología perinatal y en orientación en crianza.


El juego, según la etapa
La psicóloga explicó que para hablar del juego es necesario dividir a los niños según su edad. “Cuando hablamos de jugar sin la presencia de madres y padres estamos hablando de niños y niñas mayores de tres años y medio, o cuatro. Antes de eso, el juego es puramente interactivo la mayor parte del tiempo”, aseguró.

En ese sentido, aclaró que “puede que un bebé de un año y medio o dos años tenga momentos de juego sin la interacción de un adulto, pero van a ser momentos cortos. A medida que van creciendo los tiempos de juego se van prolongando sin interacción directa del adulto”.

Para esta etapa la especialista indicó que “es muy importante fomentar el movimiento libre”. Esto tiene que ver con ofrecerles un espacio de seguridad para que puedan explorar el entorno. A modo de ejemplo, mencionó que se puede colocar “una mantita en el piso y algunos juguetes a su alrededor para fomentar que puedan ir rolando, tomando objetos y explorándolos. Es importante que los juegos sean lo más sencillos posible, para que no dependan de sonidos, luces o estímulos externos”.

Más tarde y a medida que van creciendo, se pueden ofrecer objetos más complejos. Entre ellos Mora recomendó cubos de madera para que puedan apilar, objetos que se puedan encastrar e instrumentos musicales que hagan sonido.


A partir de los dos años, según explicó la licenciada, “podemos sentarnos cerca de ellos y armar una situación de juego en conjunto e ir probando qué sucede si nos vamos distanciando, siempre anticipándoles: ‘Mamá y papá se van a sentar acá en la compu porque tienen que mandar un mail’, ‘nos vas mostrando, nos vas mirando desde acá'”.

Sin embargo, aclaró que lo esperable es que el tiempo en que esos niños no requieran la ayuda de un adulto sea corto. “Lo propio de esa edad es que se acerquen, que estén diez minutos solos armando algo con masa o un juguete y que vengan y nos ofrezcan compartirlo”. Y añadió: “Esas edades siempre van a requerir la interacción de alguna manera en varios momentos del juego”. Por eso, destacó que “lo principal es que nosotros tengamos expectativas realistas de cuánto tiempo podemos pretender que se queden jugando sin una interacción directa”.

Un cambio importante es el que se da alrededor de los tres años y medio o cuatro años. Allí, Mora resaltó que “la actividad que se puede hacer es mucho más diversa y, además, los niños y las niñas están mucho más dispuestos a explorar y armar escenas de juego más autónomas”.

“Lo que pueden llegar a armar en esas edades es mucho más rico y requiere de mucha menos intervención de las personas adultas. Pueden venir a pedirnos que interpretemos un personajes pero, en general, son juegos mucho más generados por los niños y niñas, no tanto con una guía adulta”, agregó.

En ese marco, la psicóloga sostuvo que “en ese tipo de edades podemos pensar en compartir en paralelo. Una niña o un niño de seis años puede, por ejemplo, estar dibujando y nosotros estar sentados en la compu a la par”.

Sin lugar para la culpa
El tiempo que dedicamos al juego con nuestros hijos depende actualmente de un sinfín de variables. Sin embargo, más de una vez experimentamos la angustia que genera el no poder responder a todas las demandas infantiles.

“Cada persona tiene que poder reconocer sus limitaciones, que tienen que ver con su contexto. Tenemos muchas maneras de vivir la pandemia y el home office, de acuerdo a los privilegios con los que contamos. Si tenemos la suerte de tener a una niñera o familiares que nos den una mano con los niños y las niñas seguramente vamos a vivir una situación muy diferente que si estamos solos en casa con nuestros hijos e hijas, tratando de trabajar”, reflexionó Mora.

Al respecto añadió que “hay que saber que estamos criando en un contexto completamente adverso. Cada persona hará lo mejor que puede, con las herramientas y los apoyos que tiene para llevar adelante la crianza en este momento sin ningún tipo de amparo del Estado”.

“Se nos pide que mantengamos a nuestros hijos sanos, cuidados, que los estimulemos, que seamos divertidas y además que cumplamos laboralmente, que sostengamos el hogar, que no nos enfermemos, que no nos contagiemos, que nos cuidemos… hay mucha exigencia. Es lógico sentir que no podemos con todo”, finalizó.

Link nota https://www.clarin.com/familias/edad-edad-estimular-chicos-jueguen-solos_0_J0ndo-mLV.html

¿Vos disfrutas de tu Maternidad?

Hace unos días me llegó este mensaje y muchas me agradecieron por la honestidad de mi respuesta y se sintieron identificadas.
¿De dónde salió esta idea se que tenemos que disfrutar de maternar el 100% del tiempo?
¿Vos disfrutas 100 % de algo?
Todos los roles que ejercemos tienen alguna parte de malestar, incomoda o aspectos que nos desagradan.
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Mater/paternar no es la excepción!
Pero es cierto que hay todo un tabú alrededor de la maternidad que nos impide decirlo y nos lleva a sostener la idea de que maternar es un paraíso.
Socialmente se liga la maternidad a la felicidad absoluta, a la realización personal y al sentido de la propia vida. La maternidad está sacralizada, se vende como algo puro y sin ambivalencias.
¡Todo vínculo implica ambivalencias!
Aspectos que disfrútamos y otros que rechazamos.
Y la maternidad, es un vínculo humano.
Para algunas, el más importante de sus vidas, para otras, uno más.
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¿Por qué te tiene que “gustar” ser mamá y estar TODO el tiempo con tus hijes?
Más ahora en Pandemia, muchas maternamos 24*7.
¿Acaso a alguien le gusta estar TODO el tiempo con su pareja?
¡No siempre! A veces si, pero también nos gusta pasar tiempo con amigos, trabajando o incluso estar a solas. Y eso no significa que dejas de querer a tu pareja.
¿Por qué entonces nos exigimos tanto en el rol de mamás?
Es saludable que desees hace otras cosas, que a veces estés cansada y también que haya días que no tengas ganas de estar con tus hijes. ¡Eso no significa que no los ames! No hace falta que lo aclares. Aca, dale para adelante y quejate tranquila! 🤣
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Ustedes: ¿Qué cosas disfrutan y cuáles no de ser madres?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Semana mundial del parto respetado

Está es la semana mundial por el parto respetado.
Esta vez ¡Por fin! el mensaje se dirige a los y las profesionales de salud, quienes asisten el embarazo, parto, puerperio. No olvidemos que esos profesionales también nos asisten durante los tratamientos de reproducción humana asistida, cuando se diagnóstica una patología en el embarazo y también cuando llegamos a una guardia con una muerte gestacional.
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Respeto “en cualquier circunstancia”. También durante una Pandemia. También si ese bebé debe ser ingresado en neonatología o si nace sin vida. Sea en una institución pública o privada, o sea un parto en domicilio. Aunque el nacimiento de produzca por cesárea.
El respeto es un derecho.
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Ahora quien pare: ¿Siempre es la madre? Acaso ¿No paren también las mujeres que deciden dar al bebé en adopción y no maternar?
¿No paren también los varones trans que han gestado y desean paternar?
¿No paren, en todo el mundo (acordemos o no) mujeres que gestan de forma sustituta y no se consideran madres de ese bebé?
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El lema también deja afuera, igual que en la salas de parto, al padre u otra madre de ese bebé. También tiene necesidad de saber que su pareja y su bebé están bien, de experimentar el nacimiento su hije.
¿A cuántas les han negado el derecho de estar acompañadas en todo momento durante lo que dure la internación e incluso durante la cesárea?
Con la excusa de la Pandemia ¿A cuántas les han pedido hisopados condicionando este derecho?
¿Cuántas han sido las personas que tuvieron que esperar horas interminables fuera de la institución el parte para saber si su familiar embarazada estaba bien? ¿Cuántas han entrado solas a las ecografías? ¿Cuántas han recibido en soledad las noticia de que “ya no había latidos”?
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Espero qué algún día ya no haya lemas que discutir ni semanas para recordarnos que el nacimiento es un acontecimiento sagrado, que el embarazo es un periodo de intensa vulnerabilidad psíquica y emocional y que no existe salud integral sin empatía
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Las imágenes son de la campana que hicimos @nacer_juntos y @delpinofoto en 2018.
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¿Qué es para ustedes un parto respetado? ¿Qué necesitaron en sus partos?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Mascotas y crianza

Hace unas semanas una mamá me escribió preocupada porque mi hijo de 2 años trataba muy mal a su mascota.
Ella había intentado todo: le habían explicado que al perro le dolía que le peguen, que se ponía nervioso y podía morderlo sin querer. Estaba tan angustiada que hasta había pensado en dar a la mascota en adopción con otra familia.
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😱¿Qué puedo hacer para que entienda me pregunto?
Y como en otras muchas circunstancias de la vida mi respuesta fue un libro.
📚¿Por qué no le escribis un libro? Le dije.
❓¿Un libro en donde le cuente que está mal pegar y lastimar a la mascota y que entonces nos enojamos con él por eso? Me contestó.
🤔Entonces me quedé pensando y le dije: yo creo que es mucho mejor que le escribas un libro en donde sea su mascota, es decir su perro quién le pueda contar a él cómo se siente con todas estas cosas que le hace, que le duele, que lo pone triste y que a veces se enoja tanto que le dan ganas de morder.
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Podría haberle escrito un libro que hable de retos, de enojos, de castigos, incluso podría esta familia intentar retar, castigar y gritar a este niño. En cambio, le dimos una vuelta para que pueda desarrollar empatía.
Qué importante es partir de la idea de que los niños y las niñas no hacen las cosas maliciosamente, sino que sus conductas son formas de conocer y explorar el mundo, de entender cuáles son los límites y también de comunicarse.
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A través del lenguaje natural de niños y niñas, los cuentos, las narraciones las canciones y el juego podemos comunicar límites de maneras creativas y divertidas.
Ya nos contara está mamá con el cómo le va con el libro.
➡️A pedido de muchas y muchos acá les dejo las imágenes del libro para que ustedes puedan descargarlas hacer captura de pantalla y editarlas para ponerlas en el contexto de sus mascotas y sus hijos e hijas . La idea es la base, ustedes pueden ponerse a crear otros textos o dibujos!
DESLICEN las fotos y allí están! 👏🐕🐈‍⬛
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¿Han tenido problemas de adaptación con sus mascotas y sus hijes en casa?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

El psicoanálisis y el deste

Hoy quiero contarles de dónde parte la psicología a la hora de hablar de lactancia y destete. Para quienes no me conocen, me recibí en la facultad de psicología de la UBA en el año 2010. Durante todo mi recorrido como alumna en la facultad de psicología jamás escuche hablar con fundamentos científicos de la lactancia. Las pocas materias que trataban la temática del vínculo temprano entre el recién nacido y su mamá lo hacían desde una mirada que intentaba en su mayoría, detectar los indicios de patología en esta relación. La creencia fundamental tenía que ver con que este vínculo podía volverse excesivo, asfixiante y obturador para el desarrollo de niños y niñas.


Tomemos por ejemplo a Lacan, unos de los principales referentes psi que hemos adoptado en nuestro país, cuya teoría central en relación a la crianza se basa en la idea de que las madres podemos comportarnos como cocodrilos que a través de un deseo sin medidas podemos atrapar en nuestras fauces a nuestros hijos e hijas. Entonces, la única solución para poner un límite a este exceso es la interdicción o mediación del padre (o quien cumpla su función) que viene a provocar esta sana separación, liberando así al hijo. Desde esta perspectiva, la lactancia siempre se vio como una modalidad vincular que mantiene a hijos e hijas atrapados y fusionados al cuerpo materno.
Recuerdo que los primeros años de la carrera, atravesada por estos discursos que me transmitían como verdades absolutas, me horrorizaba pensar que mi madre me había amamantado hasta los dos años y medio. Varias veces la juzgue) por sostener la lactancia tanto tiempo o “prolongarla” más allá, pensando que había sido patológica esta conducta.


Este juicio no fue sólo hacia mi madre, sino también lo trasladé a varias familias que me consultaban los primeros años de mi ejercicio profesional. Si bien durante la facultad había cursado algunas materias electivas, ligadas al desarrollo dela infancia que incorporaban a otros autores como Winnicott o Stern, el sesgo en cuanto a la duración de la lactancia seguía muy presente.
Winnicott, por ejemplo, es un autor que se dedicaba a la pediatría, la cual le permitió estar en contacto cercano con muchas diadas y triadas con bebés pequeños. Él da una importancia fundamental al vínculo temprano desde la creencia de que los bebés atraviesan un estado de fusión saludable con la madre durante los primeros meses de vida. En este tiempo es donde la lactancia funciona como conexión, nutrición tanto física como emocional. La importancia de sus ideas fue revolucionaria para su época y las contribuciones de su obra están aún muy reconocidas por todos los profesionales que trabajamos con familias. De todos modos, rastreando en la obra de Winnicott encontramos que propone una duración de la lactancia acotada: para el autor, el bebé estaba en condición de ser destetado cuando comenzaba la etapa de arrojar objetos. Esta hipótesis se basaba en que esto indicaba que estaba preparado psíquicamente para “dejar ir”, “soltar” o “desprenderse” de la teta como un objeto más. ¿En qué etapa sucede esto? Alrededor de los 8 meses, es decir que esta hipótesis coincide con la etapa que denominamos “angustia del octavo mes”. En esta etapa, el bebé comienza a ser consciente de que hay otras personas extrañas lo que lo hace notar que él mismo es un ser separado de su mamá, lo que activa la ansiedad de separación. Hoy podemos pensar ¿habrá algún momento más complicado para iniciar el destete que este? A simple vista, no parece buena idea pedirle a un bebé que se desprenda del pecho en una etapa donde esta activa la necesidad de cercanía con el cuerpo materno (o de sus cuidadores principales) como forma de contrarrestar la angustia de separación.


Como vemos, si bien existen algunos autores que reconocen la importancia de la lactancia, la cuestión de su duración se plantea como un límite para la salud psíquica y emocional.
Freud en sus primeros escritos desarrolla la teoría de que la prendida al pecho constituye la primera experiencia de satisfacción para la cría. Esta experiencia, deja una huella, una impronta, que el bebé tratará de repetir en busca de reencontrarse con ese placer inicial. Para Freud podríamos decir que este primer contacto es la chispa que enciende el deseo. En su teoría los humanos buscamos aquello que nos permite preservarnos como especie, una pulsión de auto conservación ligada a satisfacer nuestras necesidades vitales primordiales. El pecho le da al bebé el alimento nutricional físico que garantiza su supervivencia. Rápidamente advierte Freud que no todo termina allí, sino que es en ese plus de placer el bebé encuentra en el pecho, en el contacto con el cuerpo, en el abrazo que lo sostiene, en la mirada con quien le amamanta el que deja huella e inicia el movimiento deseante. Podríamos decir que aquí Freud ubica la lactancia como una modalidad vincular que nutre no sólo físicamente, sino (y sobretodo) emocional y psíquicamente: la succión siempre es nutritiva.


Para Dolto, el destete implica una separación similar a la castración (vinculándose con Lacan en este punto) donde es el bebé quién renuncia al estado de fusión con su madre. Ella vincula este proceso como necesario para que den otros hitos del desarrollo y el crecimiento, como el habla. Como lo veremos en capítulos siguientes, la evidencia actual nos demuestra que en condiciones de salud niños y niñas amamantados tienen un desarrollo similar a quienes han sido destetados. De todos modos, tiene sentido considerar al destete como el cierre de una etapa que da lugar a la transformación del vínculo.
Una autora que describe sin dudas la ambivalencia en el vínculo madre e hijo es Melanie Klein. Para ella la vinculación temprana para el bebé implica un proceso de indiferenciación. El bebé no sabe que es su mamá la dueña de las tetas, sino que las percibe como objetos parciales y recortados. Es así que cuando el bebé encuentra satisfechas sus demandas, percibe al pecho como bueno y por el contrario, cuando experimenta frustración o espera, lo percibe como pecho malo. Podríamos decir que uno de los desafíos que se presentan es el integrar en la misma persona, mamá o cuidador principal, la ambivalencia que todo vínculo conlleva. En la maternidad se manifiestan grados intensos de ambivalencias y contradicciones: queremos a nuestros hijos a la vez que necesitamos distanciarnos

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Como vemos, en la mayoría de estos autores existen dos sesgos:
-Que el destete opera como separación necesaria ante un vínculo con mamá que puede ser devorador u obstruir la vinculación con el mundo.
-Que el destete debe producirse en etapas tempranas, antes incluso de que el bebé diga sus primeras palabras.

Son muchos los y las profesionales que parten de estos supuestos para aconsejar a sus pacientes, interfiriendo en la lactancia de miles de familias. Es fácil advertir que si mi cosmovisión de la lactancia es sesgada de este modo, la considere razonable sólo por cierto plazo de tiempo y luego del mismo, comience a presionar para que se produzca un destete. Si continuar la lactancia implica potencial patología en el niño o niña, eso explica el por qué se desalienta a hacerlo.
Muchas mujeres vienen a la consulta debido a mi formación en psicología perinatal. No son pocas las que con anterioridad han realizado consultas con psicólogos clínicos generales y se han sentido incómodas. “Me dijo que destete porque ya esta grande”; “Ante cualquier dificultad que relato me dice que es a causa de lactancia”; “Minimiza mi angustia por no haber podido dar la teta de forma exclusiva”, son algunas de las frases recurrentes, en torno a las devoluciones que reciben en los consultorios de psicología respecto a la lactancia.

Quienes trabajamos con madres, padres y familias recientes debemos actualizarnos, informarnos en relación a la fisiología de la lactancia y el sueño, trabajar nuestros prejuicios para que no contaminen el espacio terapéutico y sobre todo: aprender que no debemos saberlo todo. Esta es la clave para poder trabajar en interdisciplina, nutrirnos de la especialidad de los otros, atender las situaciones que ameriten en diálogo continuo con puericultoras, pediatras, etc.
Actualmente contamos con evidencia científica e información actualizada desde las neurociencias sobre el desarrollo de habilidades como el lenguaje y la socialización. Cada vez somos más los profesionales que tomando la evidencia actual, trabajamos para acompañar a las familias a construir vínculos desde la salud, con teta de por medio o sin ella.


Autores más actuales, como mi colega Ivana Rashkovan (2019) afirma que la lactancia es uno de los recursos más eficaces con los que cuenta una mamá, destacando el aspecto de regulación emocional a través del contacto afectivo que se produce en la mamada.
Con esto no estoy diciendo que no pueda existir patología o conflictiva en un vínculo entre una mamá-cuidadores principales y su hijo o hija. Lo que estoy diciendo es que no podemos basarnos en generalizaciones acerca de la lactancia para entender la complejidad los vínculos de crianza. No podemos decir a priori que la teta sea la causa del problema x, eso sería una generalización simplista causa-efecto. Puede pasar que muchas veces en el marco de un tratamiento terapéutico, con la alianza terapeuta- paciente consolidada, trabajando en equipo con esa mamá podamos advertir que en su caso en particular, hay algún aspecto de la lactancia que deja ver dificultades vinculares. Si esto sucede, el espacio donde abordarlo es en la intimidad de la consulta, con el debido cuidado y respeto que merece, acercándonos con empatía al sufrimiento que manifiesta, buscando en conjunto con la paciente y la familia, alternativas que alivien y nutran el vínculo con su hijo o hija. Porque, recordemos, hay muchas formas de nutrir el vínculo más allá de la teta.

Para Violeta vazquez, puericultora y directoda de PYC Escuela de puericultura “Y, si, es cierto, hay mujeres que dan de mamar a niños de uno, dos, tres y siete años y tienen vínculos insanos con sus hijos, pero no por la teta, la lactancia puede ser un síntoma más de que no encuentran otra forma de relacionarse”.

“Mamá, jugamos? ” No tengo ganas

“Me siento atrapada cuando me piden jugar”
“Me angustia no poder hacer otra cosa”
“Me da culpa, pero no tengo ganas”
“Le veo con su papá y envidio como se divierte”
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¿Qué nos pasa a muchas madres que sentimos que vinimos “falladas” para el juego?
¿Siempre te pasó o hay juegos que disfrutas y otros que no?
¿Será que estamos más cansadas que los papás?
Muchas vinculamos la maternidad directamente y casi exclusivamente como el rol de cuidar:
Que estén abrigados
Que coman bien y sano
Que hagan la tarea
Que cumplan hábitos de higiene
Que no se golpeen
Pero la posibilidad de disfrutar un juego compartido a muchas les parece lejana.
Si, a algunas nos gustaría disfrutarlo, pero no sale espontáneamente.
Y ¿Qué es más espontáneo que jugar?
Creo que a los varones les cuesta menos porque no están atravesados desde la crianza por la carga del cuidado, se pueden tomar más permisos porque, para muchos aún “con que jueguen un rato alcanza”. Y vos los ves jugando y solo pensas en todo lo que te toca ordenar luego…
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Estamos agobiadas de carga mental y real de cuidados, más en este contexto. Y nos estamos perdiendo muchas veces del disfrute de la sonrisa compartida. Sin dudas puede ser muy legítimo no tener ganas de jugar, o que nos parezca aburrido. A veces “hacemos” que jugamos, e igual se dan cuenta
A mí me sirve buscar actividades que me gusten para compartir:
✔️ Estar al aire libre
✔️Pintar con tempera, me encanta
✔️Leerles cuentos!
✔️Bailar/jugar a mover el cuerpo (por ej con Simón dice)
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Y también negocio mucho, sobretodo con la mayor. Un ratito de juego y luego le pido que juegue sin mi o lea un libro.
La difícil tarea entre escuchar que jugar es una necesidad para las niñeces e intentar respetar lo que siento yo.
No siempre se logra.
Pero ahí vamos!
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¿Cómo lo viven ustedes? ¿Les cuesta jugar?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Crianza respetuosa y limtes?

Los niños no son las personas responsables de las decisiones de crianza, somos los adultos.
Ellos no pueden decidir todo.
Dónde duermen.
En qué basar su alimentación.
Si van al jardín o no.
Si sentarse en una silla o pararse arriba de la mesa.
Si tomar o no un medicamento.
Si se visten o andan desnudos por la casa.
Si hacen caca en el inodoro o la hacen en el jardín de casa.
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Se que suena incómodo, pero criar de forma respetuosa también implica tomar decisiones y construir límites.
Implica hacernos cargo de informarnos y elegir qué es lo que consideramos mejor para nuestro hijo o hija, poder sostenerlo.
La responsabilidad es de los y las adultas que crían, siempre.
No podemos dejar a niños y niñas solos con decisiones importantes y vitales para su desarrollo.
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¿Esto significa que nos volvemos ma/padres autoritarios?
Claro que no!
No decidimos desde el capricho o desde el narcisismo de una norma vacía de sentido.
Decidimos, comunicamos límites siempre explicando el sentido, valorando y validando las necesidades de las niñeces.
Podemos brindarles un margen de elección y alternativas:
No quiere vestirse? Explicamos cuál es el sentido de la vestimenta y podemos dar a elegir qué prenda usar.
Si tiene que tomar un remedio, podemos darle a elegir si es en vasito, con jeringa o si toma juguito después.
Si no hay margen de elección posible, acompañamos la angustia o el desborde que pueda generar el límite o la situación poniendo palabras y sostén.
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Puede que nos dé miedo, pero es nuestro lugar.
Si nos equivocamos, sabremos tener una mirada crítica y reparar amorosamente.
Confiemos en que somos quienes más les conocemos y sabemos qué necesitan.
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¿Les es difícil tomar decisiones en la crianza?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

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