El apego

El apego no depende de dar teta (ni de colechar, ni de portear, etc…).
Se puede tener un vínculo de apego muy saludable sin que se realicen estás prácticas de crianza, siempre que los cuidadores primarios respondan sensiblemente a las necesidades de sus hijos e hijas. Hay herramientas que fisiología nos da, pero no son las únicas ni garantizan por si mismas un apego saludable.
El apego existe siempre, es una necesidad de la cría buscar alguien que le brinde protección y seguridad.
Claro que hay etapas en que los bebés sobretodo necesitan mucho contacto físico, pero a no confundir: apego no es estar “pegados”.
El apego seguro también requiere de distancias “óptimas”, esas que permiten la exploración y autonomía.
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El apego no depende unilateralmente del tipo de nacimiento, ni de la forma de alimentación, ni de cuánto dura la lactancia…
En la construcción del apego inciden múltiples variables, como en todo vínculo. Es fundamental para los bebés, niños y niñas (y todas las personas) sentirse bienvenidos, reconocidos como un otro con deseos y necesidades propias, valorados en su diferencia y amados. Todo eso puede ofrendarse de muchos modos, en el día a día de la relación. Implica, sobretodo, tiempo e intención consciente de cuidado respetuoso y oportuno.
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El apego se establece al comienzo con el cuidador/los cuidadores principales (1 o 2 personas) y a medida que crecen van pudiendo establecerlo con más del núcleo íntimo y cotidiano. El apego puede ser distinto con mamá que con papá por ejemplo. No significa que uno sea mejor que otro.
Ser figura de apego implica poder interpretar qué necesita esa personita y encontrar la mejor manera posible de ofrecerlo. Si, también a veces implica equivocarnos, porque el apego seguro también admite fallas. No solo es importante lo que pasa una vez, sino aquello que se repite día a día y va dejando huella.
Los vínculos se construyen y son dinámicos, se puede aprender, revisar, trabajar en terapia e intentar reparar. Nunca es demasiado tarde para intentarlo.
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¿Qué mitos conoces sobre el apego?
*Obviamente del apego (y sus varios estilos) hay mucho más para decir, pero no entraría en este post.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Mis lactancias

Mis dos lactancias iniciaron con un enorme deseo de amamantar y con mucha información, pero soy conciente que con eso no hubiera bastado para establecerlas y sostenerlas.
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Ambas lactancias fueron precedidas por partos fisiológicos, con escasa intervención. Mis bebés se prendieron al pecho y estuvieron en contacto continuo de forma inmediata, eso facilita las cosas.
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Necesite del acompañamiento de mi compañero, que me sostuvo y alentó en cada dificultad que se presentó. Se que soy una privilegiada porque en ambas experiencias la balanza siempre acompaño desde los inicios y cuando esto no sucede puede ser muy difiicil encontrar pediatra que tenga paciencia.
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En ambas lactancias las puericultoras tuvieron un papel importante. Con Cata nos acompaño @oroblancolactancia desde el inicio hasta el destete. Y con Julián tuvimos a las puericultoras de la MEC visitandonos a diario para cuidar la ganancia de peso de mi mini bebé de 2550kg. En la vuelta a casa, Sandra nos vino a socorrer con la bajada de la leche que fue muy dolorosa y nos enseñó que en su caso por ser tan pequeñín (37 semanas) Julián necesitaba que lo despertemos para darle pecho y si fue necesario el reloj.
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Tuve el privilegio durante los primeros 6 meses de ambas experiencias de no trabajar fuera de casa. Con Julián comencé a atender online, algunas bebés con bebé dormido a upa o en su teta.
No hubo plazos externos ni baños para sacarme leche, ni largas horas separados.
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Con Cata fui fundamentalista. La mamadera y el chupete me parecían malas palabras.
Con Julián, la mamadera fue una aliada cuando quise salir a despejarme o volver a trabajar fuera de casa. Su papá supo crear un vínculo mucho más cercano, al día de hoy puedo decir que el apego que tiene con ambos es prácticamente el mismo. En esta experiencia me encontré más flexible y con más necesidad de no poner tanto el cuerpo y volver a ciertos espacios. Me encontré con pocas ganas de sacarme leche, lo hice los primeros meses pero a la vez siempre había una cajita de formula en casa. Cuando yo me iba le daba mi leche y si no alcanzaba entraba la fórmula. Ya para mí la fórmula no fue más mala palabra.
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Yo tuve muchos privilegios y lucho para que cada persona que desee amamantar encuentre los mismo apoyos que yo. La lactancia debe ser una responsabilidad colectiva.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Dar mamadera

Ya sea porque fue necesario complementar a lactancia mixta, porque no fue posible la lactancia por la razón que sea o porque decides no amamantar,
es importante que tu bebé y vos sigan disfrutando del momento vincular en la alimentación.
La lactancia es más que alimento, es nutrición afectiva y emocional: Miradas, Sostén, Abrazo, Ritmos, Interacción. Todo ese contacto piel con piel y esa interacción tan cercana supone un estímulo muy poderoso para el cerebro del bebé. Las primeras semanas de vida puede ser que te indiquen complementar con fórmula, para ello podés asesorarte con una puericultora para hacerlo en forma que interfiera lo menos posible con la lactancia.

Ahora si das la mamadera podes hacerlo de modo que “lo único que se pierda sea la leche materna”
Les comparto sugerencias de Ibone Olza, psiquiatra Perinatal:
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🍼Alimentarle a demanda. ¿acaso todas las personas sentimos hambre con la misma frecuencia o a la misma hora? Los bebés no son una excepción, cada uno tiene su manera y sus gustos. Ofrécele el biberón cuando de señales de hambre y retíralo cuando de señales de no querer más, nunca le obligues a tomar a la fuerza.

🍼Intentar dárselo en brazos, y favoreciendo el mayor contacto piel con piel posible, especialmente las primeras semanas. Pero sigue siendo igual de importante pasado el año o los dos años, ¡lo que dure la lactancia! Los bebés siguen necesitando ser sostenidos en brazos durante las tomas durante años, por lo que eso conlleva de abrazos y caricias e intimidad.

🍼Cambiar de lado en cada toma o incluso en la misma toma, alternativamente.

🍼Intenta que al menos al comienzo sea sólo la madre la que de el biberón, y si esto no es posible que sean sólo dos o tres personas, siempre las mismas, las que se ocupen de su alimentación. Durante los primeros años de vida los bebés pueden vincularse de forma segura a cuatro o cinco personas como máximo.

🍼Aunque no reciba lactancia materna puede usar el pezón para consolarse igualmente.

♥️La alimentación siempre es vínculo
¿Diste mamadera? ¿Cómo te sentiste al hacerlo?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Acompañar el llanto

Una frase que escucho con frecuencia en las consultas (y que a veces digo yo también sin querer) es “no quiero dejarlo llorar”.

¿Qué es es dejar llorar? ¿Qué implica en la fantasía de una madre el llanto?

En primer lugar estamos todas bastante complicadas porque no podemos evitar que lloren.
El llanto es una forma de comunicación, una de las más primitivas que tienen bebés y niñxs. A través de el expresan malestar, enojo y frustración. Todos los bebés lloran, por qué si no ¿Cómo nos comunicarían estos sentimientos?
Por supuesto que muchos niños más grandes también lloran, nosotras también lo hacemos. En esos casos el llanto expresa una emoción que nos supera tanto que a veces no encontramos palabras y que necesita ser descargada.

Así que es imposible evitar que nuestrxs hijxs lloren en algún momento.
Muchas madres me dicen que evitan transmitir ciertos límites para evitar que lloren. En estos casos estamos generando un problema cuando no lo hacemos, ya que los límites son necesarios, les brindan seguridad al ser las normas previsibles de lo que es posible y lo que no.
La clave creo es no enfocarnos en “no dejarlo llorar” cómo meta, porque eso además de imposible no sería sano, sino pensar en cómo acompañarles en ese llanto para ayudarles a encontrar la calma. Saber que no están llorando en soledad, en abandono, sino que estamos ahí para contenerles. Ayudarles a poner en palabras como se sienten, abrazar, mimar, aupar y todas las variantes que se nos ocurran.
Nunca es buena idea tenerle miedo al llanto y menos evitar comunicar un límite por ello.
Aprender a tolerar la frustración de nuestrxs hijxs es parte de la crianza.

Lic. Carolina Mora

Psicóloga Perinatal y en crianza

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❓¿Papá Noel existe?

🎅Hasta hace poco no era algo que me había cuestionando en la crianza de mi hija, ya que ella era muy pequeña y disfrutaba sin hacer muchas preguntas de la decoración navideña. Durante los primeros años me parecía tierna la fascinación por ese personaje y disfrutaba de ver la simpleza de su mirada de ilusión y alegría. Nosotros no le hablábamos demasiado de Papá Noel y ella sola lo mencionaba feliz en cada imagen que veía
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. 🎄Ahora con 5 años comenzó a hacer más preguntas sobre Papá Noel. Y empecé a cuestionarme como acompañarla.Algunas familias me preguntan si es mentirles hablar de Papá Noel. Yo considero que es jugar con la fantasía, propia del mundo infantil.
En lo personal no me gusta ni la idea de “pincharle la ilusión” con la cruda verdad ni la idea de alimentarle la fantasía en exceso. Voy acompañando de acuerdo a su entusiasmo. Si a ella le hace ilusión, que la disfrute.
La fantasía es parte constitutiva de la infancia, alimenta el jugar y la imaginación. Así que si ella se engancha con esa fantasia, se lo permito. La observo y la acompaño en sus preguntas y en sus juegos.
Tambien investigamos juntas y buscamos la historia de San Nicolás.

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. ⛄Cata es muy observadora, notó que algunas casas no tenían adornos navideños y me preguntó si no festejan la navidad. Le conté que algunas personas creen en Navidad y otras no. Le conté que las personas eligen en qué creer y que ella puede elegir también. Así que me respondió: ¡pero mamá, si Papá Noel es el que me regaló el monopatín el año pasado!. Ella prefiere creer por ahora y así la acompañaremos en su fantasía hasta que ella lo decida
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🎁Cada familia debe hacer lo que considere más adecuado para su hijx, de acuerdo a sus creencias y seguramente influyen sus experiencias vividas en la infancia: hay quienes recuerdan con mucha alegría la navidad y quiénes con mucha desilusión cuando descubrieron que Papá Noel solo era una fantasía cultural (y comercial)
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Lic. Carolina Mora

Psicóloga Perinatal y en primera infancia.

Mail lic.carolinamora@gmail.com

El papel de lo transicional

Hoy me gustaría retomar un autor maravilloso, aunque muchas veces no se ha apreciado su valor fundamental y sus aportes que nos ayudan a comprender la infancia y la adolescencia: D. Winnicott.

Pediatra, psicólogo y psicoanalista inglés, sus obras se centran en el desarrollo del individuo saludable. Para Winnicott el desarrollo del individuo depende no sólo de las capacidades innatas dadas por la biología, sino que en gran medida el ambiente tiene una influencia fundamental.

Cuando hablamos de ambiente nos referimos a las condiciones en las que se desarrolla el niño, pero refiere principalmente a las relaciones que establece con los principales cuidadores. En sus desarrollos teóricos, Winnicott da especial relevancia a la figura materna en un primer momento, considerando que es necesario para la evolución saludable de la personalidad de los cuidados de una madre (o quien cumpla su función) suficientemente buena.

¿A qué refiere el término bondad? No está pensando justamente en un juicio de valor, sino más bien en la capacidad que tiene la madre de decodificar las necesidades del niño, de comprenderlas y de responder a ellas de forma ajustada. Cuando nacemos, llegamos a este mundo completamente indefensos y para sobrevivir se produce un estado de fusión emocional con nuestra madre o figura de apego. Esta fusión significa que el bebé no distingue entre su cuerpo y el pecho.

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Durante mucho tiempo nuestra única herramienta para comunicar aquello que nos molesta es el llanto. Dolor, necesidad de contacto, sueño se expresan a través del llanto. Es el papel de la función materna poder decodificar este llanto, y responder a él para calmar las necesidades del bebé. A través de la empatía puede interpretar las necesidades del niño y responder a ellas, dejando muchas veces de lado sus propios deseos.

Claro que la respuesta nunca es perfecta, porque como bien dice Winnicott, no somos robots. A veces la madre tarda más de lo que el bebé esperaba, otras primero piensa que el llanto se debe a un dolor de panza y le hace masajes para ayudarlo pero es en realidad que el bebé tenía ganas de ser cargado y de contacto. Pero finalmente, en un tiempo más o menos a tono con las necesidades niño, la madre logra responder a ellas y de esta manera se restablece la calma interna.

Esta capacidad materna de ajustarse a las necesidades del bebé y acompañarlas, brindando sostén y continuidad en los cuidados es lo que sienta las bases de lo que Bowly llamó apego seguro. A través de esta seguridad que brinda el entorno, el bebé va construyendo la seguridad interna, al saber que sus necesidades tienen respuesta.

Es por esto que la madre es suficientemente buena, pero imperfecta. Un ambiente facilitador es el que permite el desarrollo saludable del individuo, brindando continuidad de cuidados y apego seguro, pero también es imperfecto. La madre ilusiona al niño, cuando se acomoda a sus necesidades casi a la perfección y a la vez lo desilusiona, cuando tarda más o lo hace de manera desajustada. En este camino, estas desilusiones llevarán al bebé a refugiarse en una zona intermedia, en la que tendrán lugar los fenómenos y objetos transicionales. Winnnicott les llama así porque representan el pecho, la figura materna que está ausente y ayudan a restablecer momentáneamente la calma. Un ejemplo de los objetos transicionales se ve cuando frecuentemente los bebés toman un osito o mantita como su favorito, y comienzan a llevarlo a todas partes. No dejan que nadie se los quite, incluso no dejan lavarlos. Ese objeto es tan importante para ellos porque representa a la figura de apego, es un sustituto. A su vez abre la puerta a la experiencia del juego y el fantaseo, un lugar donde se exprese nuestra espontaneidad. Esa zona intermedia nos acompaña a lo largo de nuestras vidas, como nuestro refugio. En los niños lo vemos especialmente en el juego, pero en los adolescentes y adultos podemos encontrarla en el arte, la experiencia creativa, el deporte y también el fantasía.

Para que se desarrolle la personalidad sana necesitamos que el ambiente facilitador posibilite y proteja estas experiencias desde nuestra infancia y también en la adolescencia. Los adolescentes necesitan experimentar espontáneamente, jugar con sus cuerpos, probar distintos disfraces (hoy se visten como emo, mañana como hippies, etc), expresar su creatividad a través del arte, la música. Muchas veces el adulto en su intención de ayudar a crecer “a madurar” a los adolescentes no permite estas expresiones, las sanciona, las castiga o estigmatiza. Empuja al adolescente a ser responsable, a ser independiente, pero lo cierto es que nunca ni siquiera los adultos somos independientes de forma absoluta. Winnicott nos advierte sobre el peligro que conlleva esta actitud del adulto, y es generar que el adolescente construya un “falso self”. ¿Qué significa? Que adopte una personalidad “como si”, superficialmente engañe a los demás y se sobre adapte a las demandas de los otros, pero estará lejos de la experiencia creativa, espontánea y de afirmar su personalidad genuina.

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Crecer constituye ante todo un acto agresivo, poner toda la potencia del sujeto en afirmarse y hacerse adultos, por eso la fantasía en la adolescencia es de asesinato al padre, porque crecer significa ocupar su lugar. La muerte y el triunfo personal aparecen como algo intrínseco al proceso de maduración. Esta es una fantasía inconciente, algo que no se puede expresar más que deformado y enmascarado, y generalmente se expresa como rebeldía. “La rebeldía tiene que ver con la libertad que se les da a los hijos de existir con derecho propio”.

Es importante que los adolescentes cuenten con adultos a los que puedan usar para manifestar su rebeldía, donde encuentren figuras a las cuales oponerse pero que a su vez sean un lugar de protección al permitir esas experiencias sin obligar a madurar demasiado pronto. Para Winnicott la inmadurez es un elemento esencial de la salud en la adolescencia: implica potencial creativo y espontaneidad. “La sociedad necesita ser sacudida por las aspiraciones de quienes no tienen responsabilidades, si los adultos abdican, el adolescente se convierte en adulto de forma prematura, a través de un proceso falso”

La condición es que los adultos no abdiquen, no transfieran la responsabilidad al adolescente ni lo obliguen a madurar demasiado pronto. Lo único que pueden hacer los adultos es sobrevivir a los ataques. Lo importante es que el desafío de los adolescentes encuentre oposición, esto le da sentido a la lucha por “ocupar el lugar del rey” y a la vez implica un lugar de garantía al cual retornar como protección. “Oponerse sin represalias, sin espíritu de venganza, pero con fuerza.”

La adolescencia implica crecimiento, y éste requiere mucho tiempo. Y mientras tiene lugar el crecimiento, la responsabilidad debe ser asumida por las figuras paternas.

*D. Winnicott, La inmadurez adolescente, en “El Hogar nuestro punto de partida”., (1994), Ed.. Paidós

Lic. Carolina Mora

Psicóloga

Consultas: lic.carolinamora@gmail.com

¿Crianza con apego?

Hoy en día escuchamos mucho en las calles, en las notas en revistas, en televisión, el término “crianza con apego”. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Crianza con apego? ¿Existe una crianza sin apego? ¿Hay un único tipo de apego? ¿Una sola forma de criar? El término “apego” es introducido en la psicología por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby. La teoría del apego enuncia la propensión de los seres humanos a establecer fuertes lazos afectivos hacia otros, y en la primer infancia el niño tiende a apegarse a aquella persona que le brinda amparo y le asegura la supervivencia. Bolwby enuncia que la conducta de apego es obvia en la primera infancia, pero puede observarse a lo largo de toda la vida de una persona, sobre todo en situaciones de emergencia. La función biológica que se le atribuye a esta conducta es la de protección. El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. La tesis fundamental de la Teoría del Apego es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto(persona con que se establece el vínculo). Segun Bowlby hay distintos tipos de apego:

  • APEGO SEGURO: El apego seguro se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé, lo que le permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.
  • APEGO INSEGURO: ANSIOSO: El apego ansioso se da cuando el cuidador está física y emocionalmente disponible sólo en ciertas ocasiones, lo que hace al individuo más propenso a la ansiedad de separación y al temor de explorar el mundo. No tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores, debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales. Es evidente un fuerte deseo de intimidad, pero a la vez una sensación de inseguridad respecto a los demás. EVITATIVO: los niños que han tenido cuidadores que mantenían con ellos una relación combinada de angustia, rechazo, lejanía o falta de atención desarrollan un estilo de apego inseguro evitativo. En realidad no es más que un mecanismo de autoprotección que consiste en evitar o inhibir las conductas que producen proximidad con la figura de apego.
    DESORGANIZADO DESORIENTADO: El cuidador ante las señales del niño tiene respuesta desproporcionadas y/o inadecuadas, incluso en su desesperación, al no poder calmar al niño, el cuidador entra en procesos de disociación. Esta conducta del adulto desorienta al niño y no le da seguridad y le genera ansiedad adicional.

Como vemos, siempre hay apego en la crianza, porque el bebé llega indefenso e intentará siempre apegarse al adulto cuidador. Ahora bien, el apego que favorece el desarrollo emocional saludable, que brinda confort, autoconfianza, respeto y amor, es el apego seguro.

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Si bien como especie venimos dotados de mecanismos que desde la neurofisiología favorecen un apego seguro (lactancia, búsqueda de proximidad corporal, etc) podemos pensar que no hay conductas concretas que se puedan seguir y garanticen el apego saludable. Muchas veces desde un enfoque “bebe céntrico” se ofrecen pautas de crianza rígidas como “fórmulas” para generar una base segura (parto fisiológico, lactancia a demanda y destete natural, colecho, porteo) parecen ser los “tips” que deben tildar las madres que desean construir un vínculo seguro con sus hijos. Es importante empezar a cuestionar estos enfoques, que dejan a las madres nuevamente atrapadas en mandatos externos, dificultando la posibilidad de que cada mujer, cada diada establezca sus propios ritmos y modos de conocerse y encontrarse, quitando espontaneidad al vínculo. Muchas son las mujeres que sienten que quedan por fuera de estos mandatos y lineamientos, que los sienten excluidas, o bien que intentan cumplir de forma tan rígida con los mismos que se sienten agobiadas, frustradas y tremendamente inadecuadas. Muchas mujeres refieren que se “pierden a sí mismas” y que se sienten “esclavizadas” ante estas demandas olvidándose de sí mismas y sus propias necesidades (un ejemplo bastante frecuente es cuando se sienten “obligadas” a un destete natural cuando en realidad ya desean dejar de dar el pecho).

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Por otro lado, surge un enfoque más generalizado socialmente y naturalizado: el adultocentrismo. Este último sostiene que es el bebé quien debe hacer todo el esfuerzo de adaptación a la vida adulta y a los ritmos de sus cuidadores. Desde este mismo lugar, se ofrecen lineamientos de crianza también rígidos y cerrados: lactancia sólo por periódo extrictamente necesario, mamadera de fórmula para que los bebés duerman toda la noche y en su cuna, cochecito para que no se mal acostumbre a los brazos, jardín maternal para que socialice y sea independiente. Pareciera que en este lugar el infante es un ser pasivo a moldear, a través de la frustración a sus deseos y la disciplina externa.

Es sencillo notar que ambas posiciones son polarizadas, rígidas y que dificultan poner en juego la propia singularidad de cada diada al igual que la espontaneidad en las interacciones. Ambas se difunden a través de mandatos que aseguran el éxito en la crianza de los hijos. Ahora bien, cabe preguntarse, si existe esta relación linieal y sencilla entre las decisiones concretas que tomamos en el estilo de crianza y el desarrollo del tipo de apego.

Todo indica que no habría un único enfoque correcto que garantizara una base segura, ni siquiera el mismísimo Bowlby cuando desarrolló su teoría del apego identificó estas fórmulas de crianza. Más bien lo que se ha logrado ubicar a través de investigaciones y experiencias tipos de respuestas a las necesidades de los bebés y niños por parte de sus cuidadores. “Los niños que han experimentado un cuidado parental fiable y empático tienden a desarrollar un apego seguro. Los niños que han experimentado diversas formas y grados de abandono, rechazo, abuso o cuidado inconsistente son más propensos a desarrollar un apego inseguro” (Mario Marrone).

Un cuidador que responde de forma empática a las necesidades del bebé/niño, tiene una respuesta sencible, capaz de entonarse con el estado afectivo y ayudarlo a regularse, ofreciendo una respuesta sincrónica la mayoría de las veces y consistente en el tiempo. El desarrollo del patrón de apego no depende de una interacción aislada sino del sostenimiento y la consistencia en el tiempo de un tipo de respuesta privilegiada al estrés del infante, a sus necesidades primarias y de interacción. Como planteaba Winnicott un cuidado “suficientemente bueno” que, lejos de ser perfecto necesariamente presente fallas que permitirán al infante también desarrollar recursos propios para lidiar con la realidad.

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¿Qué aspectos favorecen una base segura? En los primeros tiempos sostener corporalmente al bebé, sostener con la mirada, la voz, estar atentos a sus necesidades e intentar dar una respuesta sensible a las mismas. Ofrecer interacciones sincrónicas, consistentes, cotidianas, momentos compartidos placenteros donde se pueda desplegar algo del gesto espontáneo. Responder al llanto del infante, tanto durante el día como en la noche independientemente de dónde duerma, ofreciendo consuelo corporal o alternativas para gestionar las emociones intensas. Brindar a través de la lactancia materna o artificial no sólo el alimento sino también la nutrición emocional, las miradas, el contacto, necesario para estimular el desarrollo del bebé. Confiar en el desarrollo del niño, validar sus emociones y permitir espacios de exploración del espacio físico acordes a su momento evolutivo (movimiento libre). Habilitar momentos de vínculo con otros cuidadores, familia extendida, para ofrecer otros referentes con los que entablar un apego seguro.

Escuchar las necesidades propias: ¿Qué necesito para poder estar disponible para mi bebé? ¿Cómo me siento cómoda criando? ¿Qué deseo modificar de mi propia crianza, de mi propia infancia? ¿Cómo me sentía de pequeña con respecto a los adultos? ¿Tengo una red a la cual acudir como sostén para que pueda criar acompañada? ¿A qué eventos estresantes estoy sometida/o que podrían afectar mi respuesta como cuidador?

Cada mujer es diferente, cada mujer se construye como madre cada día y todos los días. Cada bebé tiene características propias, una esencia particular, cada hijo es distinto y se encuentra con una mamá diferente aunque haya salido del mismo vientre. Cada diada nace incluso antes del parto: en lo imaginado acerca del vínculo, en la historia previa de esa mamá o ese papá y en el transcurrir cotidiano cada día se produce un nuevo conocimiento en el vínculo. No hay formulas para amar.

Como dice mi amiga y colega Natalia Liguori: Ni bebe céntrico ni adulto céntrico: VINCULOCÉNTRICO.

Lic. Carolina Mora

Psicóloga con formación en el área perinatal y primera infancia-

Mail lic.carolinamora@gmail.com