¿Hasta cuándo mamá? Está Pandemia

¿Hasta cuándo mamá? Me preguntó mi mayor hoy.
No lo sé.
Quisiera decirle una fecha, un día en particular, de cuándo va a terminar este encierro y podamos ver y abrazar a quienes queremos.
¿Para mi cumpleaños ya no va a estar el coronavirus?
No lo sé hija. Ya pasamos el cumple de papá, ahora pasaremos el mío y no se realmente si para el suyo podras tener una fiesta con amigos como quisieras

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¡Quisiera que está noche las noticias digan que ya salió la vacuna del coronavirus!
¡Yo también quisiera hija! Es lo que más me gustaría en este momento. Verte feliz abrazar a tus abuelos y a tus amiguitos y amiguitas.
Verte salir afuera, volver a disfrutar las plazas llenas de familias jugando relajadas y sin miedo.
En cambio hay días que te veo triste. Hoy, por ejemplo, quisiste quedarte casi todo el día en el sillón recostada. No tuviste ganas de jugar, ni pintar, ni saltar ni bailar. Apenas te convencimos de leer algunos cuentos y ver dibujitos.
“Me aburro jugando sola” nos decís. Querés jugar con nenas y nenes.
Extrañas la escuela, no tanto por tu maestra, pero si por los recreos y los juegos.
¿Qué pasaría si hacemos la cuarentena con una amiga? Me preguntas.

Mamá te explica que no sos la única nena que se siente triste a veces y que extraña. Muchxs se sienten asi, lloran más, se enojan más y están más pegados a mamá y papá. Lo entendés, es lógico. Pero igual no alcanza. Querés que ya se termine el coronavirus y yo también.
Porque no es solo la cuarentena ni el bendito aislamiento social. Es también convivir en casa con mamá y papá más cansados y haciendo malabares para poder trabajar, dar clases y estudiar. Es convivir con un contexto de preocupación e incertidumbre. Es salir a la calle y vernos de cara tapada, saludar de lejos a tus vecinos aunque te moris de ganas de jugar juntos.

¿Hasta cuándo hija? No sé. No sabemos. No sé cuándo vamos a poder hacer algo similar a “la vida normal”. Este virus nos puso patas arriba. Nos está enseñando muchas cosas. Ojalá vos estés aprendiendo a ser resiliente, a encontrar una ventana al mundo, un espacio de libertad personal a pesar del encierro. Acá seguimos estando mamá y papá para acompañarte.

¿Cómo siguen llevando está Pandemia sus pequeños y pequeñas?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

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Hiper sexualización de la infancia

¿Qué es?
Son aquellas situaciones en las que los niños y niñas quedan ocupando un rol ligado a la sexualidad que no se corresponde con su momento del desarrollo y maduración.
Podríamos decir que este fenómeno es una manifestación en extremo del paradigma del adultocentrismo. .

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¿Qué implica? Es atribuir a un niño o niña características eróticas o atributos sensuales que obviamente corresponden al mundo de los adultos: vestirles con ropa sugerente (tacos, corpiños, etc), maquillaje, lenguaje inapropiado (es un ganador, es una mujercita, lo que va a ser en dos años!) o bien atribucion de roles (por ej. novio o novia). Ojo no me refiero aquí al juego de roles que se da espontáneamente por iniciativa del niño o niña (que podría jugar por ejemplo a ser como su mamá maquillándose), sino a la acción directa fruto de la manipulación del mundo adulto.
Un ejemplo claro de este fenómeno son los concursos de baile con ritmos como reggaeton entre niños y niñas y el uso de música con lenguaje adulto (el famoso “dame tu cosita”) en cumpleaños infantiles.
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¿Por qué nos preocupa este fenómeno?
Porque pone a los niños y sobretodo a las niñas en un lugar que no deben ocupar, los objetaliza y los deja vulnerables a otras formas de abuso y violencia. La hipersexualizacion de la infancia es una forma de violencia simbólica, que se funda en un discurso patriarcal y machista.
Es fundamental que aprendamos a reconocerla y que brindemos a niños y niñas herramientas para transitar la etapa que les toca con mayor espontaneidad e inocencia. .
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❓¿Les preocupa este tema?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Consecuencias emocionales en niños y niñas debido al Aislamiento

Desde hace ya varias semanas que estamos cumpliendo el aislamiento social preventivo y obligatorio. Durante este tiempo vengo compartiendo textos en relación a lo que los sucede, a nosotras, adultas y mujeres ejerciendo el cuidado 24*7. Hablamos de caos, ambivalencia, agotamiento, estrés y autocuidado.
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¿Cómo lo viven nuestros hijos e hijas? ¿Acaso para elles no es también una situación de estrés?
¿Qué costo tiene para su salud emocional el encierro? ¿Visibilzamos las desigualdades a las que están expuestos?
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Los bebés, niños y las niñas están haciendo un esfuerzo enorme en esta cuarentena. Si bien en muchos casos sienten la alegría de compartir con sus ma/padres/cuidadores 24*7 y esto compensa en cierto modo la perdida de otros espacios, para otros estar en casa es quedar más expuestos a situaciones difíciles.
Recordemos que no todas las familias pueden ser amorosas con las crianzas, que no todas tienen recursos como internet, que algunas incluso viven hacinadas. En hogares dónde ya existía maltrato de forma sistemática, este se vuelve más intenso.
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Aun hablando de hogares amorosos que intentan llevar una crianza lo más respetuosa posible, en los bebes, niños y niñas el aislamiento impacta fuerte.
Por empezar probablemente se encuentran con ma/padres/cuidadores más nerviosos e irritables, más preocupados, presionados intentando balancear entre la crianza y el trabajo en casa, por ende, menos pacientes. Luego, pierden sus espacios de socialización secundaria (salidas a la plaza, jardín, casa de abuelos y amigos) y ven limitada su movilidad y despliegue corporal.
Es fácil ver qué todo esto genera mucho estrés y puede traer aparejado distintas formas de expresarlo: cambios en el sueño, más demanda de la teta, episodios de enuresis, berrinches, entre otros. Si. A ellos también les pasan cosas. También viven el estrés y lo expresan como pueden. En principio, son reacciones esperables a una situación extraordinaria. ¿Nos preocupa? Debemos prestarles atención, escuchar lo que nos vienen a decir. Darles espacios para expresar a través del juego y el arte. Ayudarles a ponerle palabras a sus emociones. Si bien probablemente se trae de desórdenes transitorios, buscar orientación profesional en crianza puede ser de gran ayuda.
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Las fiestas con niños pequeños

Las fiestas implican un cambio en las rutinas: pasamos varias horas en la casa de otra persona o bien tenemos visitas, hay más movimiento y ruido hasta largas horas y a esto se suma la pirotecnia. Cuando tenemos bebés o niñes pequeños nos preguntamos: ¿Cómo hacemos? ¿Vamos igual a las reuniones? ¿Hasta que hora?
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Cada madre y padre decidirá teniendo en cuenta las características de su bebé/niñe. Algunos se adaptan más fácilmente a los cambios y otros son más sensibles. A estos últimos habrá que acompañarlos un poco más.
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En general siempre sugiero no excluirse de los eventos culturales y familiares, ya que haciendo pequeños cambios toda la familia puede disfrutar. Son rituales donde el compartir es lo que prima y además las rutinas deben dejar espacio a la flexibilidad.
Algunas cosas a tener en cuenta:

⭐¿Cuantas horas queremos estar fuera de casa? Si la propuesta del festejo es muy larga, se puede llegar un poco más tarde para que no sea tan cansador.
⭐¿Habrá algún cuarto donde podamos refugiarnos de la intensidad de la situación? Siempre está bueno saber que podemos ir a una habitación con la excusa de amamantar o alimentar al bebé o hacerlo dormir incluso si nos estamos sintiendo incómodas o notamos incómodo a nuestro hijo.
⭐Si queremos evitar que nuestro bebé pase de brazo en brazo, podemos apelar a la figura de su pediatra “que no lo recomienda”.
⭐Un portabebés es un aliado ideal para que bebé se sienta refugiado y contenido.

⭐ Identificar algún aliado o aliados: idealmente la pareja, pero también alguna abuela, amiga, etc que nos ayude a regular las interacciones con bebé y se ocupe de ayudarnos para sentirnos más cómodas.

⭐ Tener en cuenta como se comporta nuestro bebé fuera de casa: ¿Duerme fácilmente en cualquier lado? ¿Se pone más irritable?

⭐ Evitar el uso de pirotecnia: se puede cambiar por rituales más amorosos de despedida o festejo. Si otros la usan, anticiparle que posiblemente escuché ruidos fuertes, que le vamos a acompañar si eso lo asusta.
⭐Saber que podemos retirarnos en cualquier momento si nos sentimos incómodos.
⭐Respecto de la comida, podemos ser más flexibles o bien llevar menú aparte, una fruta puede ser salvadora en esos momentos.
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¿Cómo piensan manejarse o cómo lo hicieron en otras fiestas?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Día de las Infancias

País de Luz

Por Poldy Bird

Yo quisiera quedarme en ese mundo apretado en las paredes celestes de la infancia, arrebujada en un aire que se disuelve con el calor del verano, porque, no sé porqué, en la infancia siempre es verano, siempre hay un velerito de papel y palitos navegando en un charco de ámbar, siempre hay un bollo plateado de papel de chocolate en el fondo de un bolsillo.
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Yo quisiera caminar por los senderos ciudadanos por ángeles guardianes, segura y preocupada solamente por el horario de la sopa de las muñecas, inventando nombres para llamar a las luciérnagas, buscando las pilas que encienden a los bichos de luz, durmiendo con un sueño de acompasada respiración y manos apoyadas en las sábanas sin crispación, como flores.
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Allí es donde uno tiene la defensa más limpia y más cierta: la de la ingenuidad, la de la fe. Creer, creer en todo el mundo, abrir la pena como un pan caliente y mostrar su humeante interior; abrir la risa como un durazno maduro y entregar el carozo, o la pulpa o el zumo, creyendo que a los demás nuestra alegría les gusta, que los demás se ponen contentos con nuestro triunfo, con nuestra felicidad.
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Querer. Y sentir que querer es una margarita a la que se le ponen los pétalos en lugar de quitárselos, y que son unos ojos empañados de llanto cuando la mano amiga se posa sobre el hombro para decir estoy aquí, con vos, porque me necesitás. Darse. Como se dan los hijos, sin especulaciones: “porque estoy de tu parte”. “Porque me gusta ser tu amiga”. “Porque te quiero como sos”.
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A mí me asusta esa ciudad que se levanta allí. Con laberintos de cemento y sonrisas de utilería que se ponen en los rostros los que piden algo.
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Y hablar cuando uno quiere quedarse en silencio. Y quedarse en silencio cuando uno tiene ganas de hablar.
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Y herir. Porque a veces para defenderse la gente grande tiene que herir. Y pasa como cuando vos, que sos chico, decías furioso: “ojalá que se muera mi mamá que no me quiso comprar un helado”. Y resulta que después te pasas toda la noche despierto y te levantás cien veces con la excusa de ir al baño o a la cocina a tomar agua, nada mas que para ver si respira, que no se cumplió, que por suerte no se cumplió…Yo te propongo una locura: que no crezcas como parece que es conveniente crecer en este mundo de la ciudad fantástica y totalmente aprovechable.
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Que defiendas los soldaditos de plata que la lluvia hace galopar sobre el asfalto.
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Que quieras porque sí y llores toda la tarde porque te peleaste con el amigo con el que te vas a reconciliar mañana lo más campante y olvidado de todo. Porque si no te ponés fuerte y defendés esas cosas a capa y espada, te van a ir arrancando de ese país de luz, y sin que te des cuenta, te van a ir metiendo las sombras que dan miedo de noche, y cuando llegues al lugar en que miro de pie a mi alrededor, vas a querer huir, irte de vos, refugiarte en cualquiera que sonría, volver a huir porque hincaron los dientes hambrientos en el pan caliente de tu pena y en la pulpa de tu alegría y se disputan los huesos de nácar de tu ingenuidad, la mano abierta, el asombro, ¡Ay el asombro!, ese milagro, que de repente nos resucita. Por ejemplo: acabo de asombrarme con un puñado de jazmines chiquitos y blancos que se han abierto en la enredadera de mi casa. Y han perfumado de tal manera el jardín que me hicieron pensar en underroche de magia.Así que correte un poco, dejame sentar con vos en el banquito, vamos, correte, haceme un lugarcito…, no tengas miedo, yo todavía puedo chapotear en tu río sin encrespar las aguas, y morirme de risa viendo girar tu trompo, y pasarme una tarde entera descubriendo universos en un calidoscopio.
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Yo todavía puedo usar de a ratos tu país de luz.
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Andá, correte un poquito y dejame sentar con vos en el banquito

Educación sexual integral desde la infancia

Una pregunta frecuente en las consultas de orientación a padres, madres y cuidadorxs en la crianza es cómo acompañar a lxs niñxs hacia un desarrollo saludable de su sexualidad. La mayoría de nosotrxs venimos de crianzas con muchos tabúes en torno al cuerpo y el placer de la propia sexualidad y esto genera en muchxs la intención de criar a sus hijxs de forma que estos temas no sean silenciados. Asimismo, desde el año 2006 contamos con la Ley de Educación Sexual Integral la cual pone en agenda de las instituciones educativas, públicas y privadas la obligación de trabajar estos temas de forma responsable y transversal a los fines de garantizar el derechos de lxs alumnxs. Tambíen leyes como la de Matrimonio Igualitario (Ley 26.618) y la Ley de Derechos en el proceso de nacimiento de padres e hijos (Ley 29.929) y la Ley de erradicación de la violencia mujer (Ley 26485) pusieron en debate público temáticas ligadas a la sexualidad, los géneros y las libertades así como también las desigualdades que los atraviesan.

En este contexto, como familias debemos tomar conciencia de la importancia de cómo transmitimos las cuestiones ligadas a la sexualidad durante la crianza.

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  • Entender que el aprendizaje del respeto por el propio cuerpo y el cuerpo de lxs otrxs debe ser un aprendizaje temprano, incluso desde antes que lxs niñxs puedan entenderlo en palabras pueden vivenciar cómo es el trato que se da a su cuerpo. Por ejemplo, somos lxs cuidadorxs quienes en momentos de cambiado, alimentación, baño e incluso juegos estamos manipulando el cuerpo de lxs bebés y niñxs ¿lo hacemos con la conciencia y respeto que implica tocar, vestir, mover un cuerpo ajeno? Una de las cosas que podemos hacer desde muy temprano es poner en palabras lo que estamos haciendo para que el bebé pueda anticipar e ir integrando esos momentos a la rutina. “Vamos a cambiarte el pañal, asi estás limpitx y cómodx”; “vamos a ponerte la remera, a ver un bracito, el otro”, etc. Si tomamos esta iniciativa e intentamos incorporarla a la rutina (aunque no sea todas las veces) seguramente nos sorprenderemos de lo pronto que lxs bebes comienzan a colaborar en estas actividades y de cómo van creando la conciencia de su cuerpo de forma temprana. Es en estos intercambios cotidianos que lxs bebés van integrando su cuerpo, armando las nociones de las partes que componen su esquema corporal. Al comienzo para el bebé su cuerpo esta indiferenciado del cuerpo materno o del de su cuidador, es el adulto que a través de sus cuidados, caricias y sostén va ayudando al bebé en este proceso de percibirse a sí mismo. Y esta es la primer gran conquista en el desarrollo sano de la sexualidad, percibir que mi cuerpo es diferente al del otro, que somos dos seres separados.
  • El respeto por el propio cuerpo y el cuerpo del otrx es uno de los aprendizajes fundamentales que debemos transmitir: no podemos abrazar a otrx si éste no quiere, no podemos tocar el cuerpo del otrx sin su permiso, etc. Muchas veces en los niñxs que son amamantados el momento del destete es oportuno para trabajar esta noción de límite corporal: mis pechos son parte de mi cuerpo y ya no me siento cómoda amamantando.
  • El cuidado del cuerpo es otro aspecto importante en lo que implica ESI. Entender que el cuerpo puede lastimarse, que necesita ciertos nutrientes y alimentos para crecer y estar sanxs y cuál es el ciclo que recorren los alimentos en el cuerpo (que se digieren, una parte de ellos sirve para crecer y la otra se descarta a través de los deshechos en el pis y la caca).
  • También es importante enseñarles a ellxs que nadie puede obligarlos a hacer cosas con su cuerpo que ellxs no quieren: dar besos, abrazar, ni cualquier otra muestra de afecto forzado. Respetarlos en este punto les dará un mensaje concreto que es que nadie puede obligarlos a tener contacto físico.
  • Enseñarles el concepto de partes intimas: hay partes que son públicas, es decir, que todxs pueden ver (los brazos, las piernas, las manos, etc) pero hay partes que son privadas o íntimas y son los genitales. Lxs adultos debemos llamar a los genitales por su nombre: vulva y pene. Explicarles que sólo en momentos de higiene y cambiado un cuidadxr puede ver sus partes intimas, por ejemplo sólo cuando se bañan o cuando les cambian el pañal o los asisten en el baño. Es sólamente en esos momentos que pueden ayudarlxs por ejemplo limpiándoles la cola, etc. y que sólo pueden hacerlo personas de confianza (mamá, papá, la seño, la abuela o quienes le cuiden con frecuencia). También se puede explicar que algunas veces cuando van al doctor pueden tener que revisarles esas partes, pero que siempre van a estar acompañadxs por mamá o papá.
  • Las partes íntimas sólo se las puede tocar quién las posee, es decir sólo ellxs pueden tocarse a sí mismo (explicando la salvedad anterior que tiene que ver con la higiene). Es esperable que durante la primera infancia y hasta los 5 o 6 años aprox cuando, lxs niñxs sientan curiosidad por su cuerpo y el de los otros, quieran tocarse y explorarse en los genitales y esta actividad debe permitirse. Aún así es importante ser coherentes y mantener el mensaje respecto de la privacidad y la intimidad. Podes tocarte pero en tu cuarto, cuando te bañas o estas solitx. No permitir que se toquen todo el tiempo y en cualquier espacio, mucho menos ante la mirada de otras personas. La exploración es esperable, es una actividad placentera que implica igualmente ciertos cuidados: enseñarles a tocarse con las manos limpias, no introducir objetos en la vagina o ano, transmitir pautas de privacidad y como adultos estar atentxs a que esta actividad no se vuelva compulsiva.
  • Relacionado con lo anterior es fundamental explicarle a lxs niñxs que si alguien los toca de una forma que los incomoda o si alguien les toca sus partes íntimas pueden contarnos y los vamos a ayudar. Siempre vamos a estar con ellxs y defenderlos. También se puede decir que si alguien quiere tocarlos de esa forma pueden decir que no y pedir ayuda a quién este cerca.
  • Hablar acerca de que hay secretos que son malos y que no deben guardarse: cuando algún secreto te pone incómodx entonces hay que compartirlo con mamá o papá o alguien de confianza.
  • En relación a estos mensajes es importante la coherencia y la consistencia, es decir que nos vean practicarlos a nosotrxs también: practicar la privacidad con el propio cuerpo y la desnudez, cuidar que la intimidad de la pareja transcurra en un ambiente separado de donde se encuentran o duermen lxs bebés y niñxs. Si bien la desnudez y la sexualidad pertenecen a la esfera de lo fisiológico, no debemos olvidar que el ser humano es un ser cultural y si hablamos de occidente no es pauta cultural que la desnudez sea pública. Sin darnos cuenta podemos estar exponiendo a lxs niñxs a situaciones que son difíciles de procesar para ellxs y para las que madurativamente no están preparados.
  • La llegada de un hermano o hermana o bien un nuevo embarazo en la familia o el entorno es una situación que genera preguntas en lxs niñxs. Es propicio responder de forma acorde a su edad y de forma concreta lo que lxs niñxs preguntan, sin agregar demasiada información. Muchas veces es una ocasión para contarles acerca de su propio nacimiento y abordar cuestiones ligadas al embarazo, el parto la lactancia.
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  • La educación sexual integral aborda las cuestiones de género desde la perspectiva de la diversidad: los juguetes y juegos son inclusivos y no están condicionados por estereotipos de género. En este sentido por ejemplo los autos, las muñecas, los juegos de construcción, los vestidos, superhéroes y princesas son objetos y temáticas que no están condicionadas a un género (ej autos para niños y muñecas para niñas) sino que cualquier niño o niña puede utilizar libremente para expresarse. Los colores son de todxs, no hay condicionamientos en este aspecto (por ejemplo ligar el azul a los varones y el rosa a las niñas). La intención es trabajar con conciencia estas temáticas para desarmar los roles estereotipados que se transmiten y perpetúan socialmente, donde las niñas son cristalizadas en el estereotipo de “tranquilas, dulces, buenas, prolijas, habladoras, fragiles, etc” y los niños con el estereotipo de “revoltosos, agresivos, peleadores, fuertes, desordenados, etc”. Estos roles condicionan la vida presente de niños y niñas y su vida futura en su auto percepción, su autoestima y las relaciones de pareja, con el propio sexo y los otros.
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Trabajar todas estas cuestiones en familia tiene por objetivo propiciar en lxs niñxs más conciencia sobre sus cuerpos, empoderamiento, la oportunidad de vivenciar su sexualidad a lo largo de su desarrollo de una forma más plena, convivir con las diversidades y detectar tempranamente situaciones potenciales de abuso sexual.

Lic. Carolina Mora

Psicóloga perinatal y orientación en las crianzas.

Mail lic.carolinamora@gmail.com
Páginas de interés e información:

Ministerio de Educación ESI (cuadernillos etc) https://infanciayjuventudsc.wordpress.com/2011/02/18/material-para-descargar-sobre-educacion-sexual-integral-fuente-ministerio-de-educacion-de-la-nacion/

http://www.me.gov.ar/me_prog/esi.html

Agrupaciones que luchan contra el ASI:

Mundanas https://www.facebook.com/Mundanas-Agrupación-de-Mujeres-180598112090208/

Liberatorias: https://www.facebook.com/liberatorias/

Cuadernillo para docentes de prevención de ASI:

Haz clic para acceder a 97_100186_MANUAL%20ASI%20por%20hoja.pdf


Cuentos para trabajar

Nacimiento: “El primer juego de Juan y Marina” y “El misterio de la teta” ambos de Editorial MADRESELVA.

El cuerpo: “De los piés a la cabeza”, “Quiero pis”, “Uia, qué es esto?” de la colección Lucia y Nicolás de Margarita Maine.

Género: “¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa” de Raquel Días Reguera.

Las formas de la violencia hacia la infancia

“El ejemplo tiene más fuerza que las reglas” Nikolái Gógol

Para crecer sanos, Winnicott[i] plantea que desde su nacimiento los niños necesitan que el ambiente los reciba con brazos abiertos, los acune y les responda de forma suficientemente buena a sus necesidades biológicas, sociales y emocionales. El vínculo con la figura materna es primordial y garantiza la continuidad de la existencia: cuando una madre nutre no solo alimenta el cuerpo sino también el espíritu y se estimulan las conexiones neuronales que permitirán el desarrollo de la inteligencia en todos sus aspectos. Para Bowly[ii], las figuras de apego son las primeras fuentes de seguridad y las interacciones con ellas constituyen las bases sobre las que se construirá la identidad del niño. En momentos posteriores, las instituciones formarán parte esencial de la socialización secundaria y la internalización de normas y formas de vincularnos para vivir en sociedad. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la violencia entra en escena? La violencia hacia los niños se manifiesta de formas diversas, mayormente silenciosas, invisibles, naturalizadas. Los castigos físicos, los insultos y degradaciones verbales son solo algunas de sus formas; menos visibles son la falta de respuesta o la respuesta inadecuada del adulto ante las necesidades del niño.

Históricamente los niños han sido objeto de control y adoctrinamiento por parte de los adultos. El historiador Lloyd de Mause[iii] plantea que ante la necesidad de un niño el adulto puede reaccionar “proyectando todos sus sentimientos inadmisibles en el niño, siendo evidente que se han de tomar medidas para mantenerlo bajo control” lo que dificulta ver al niño como una persona con iguales derechos y distinta a sí mismo.

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En nuestra sociedad actual la infancia es objeto de violencia y control desde el momento del nacimiento. Nuestros niños llegan mayormente sin que se respeten sus tiempos para nacer. Siendo cortado el cordón de forma prematura, son separados del calor de su madre para controlarlos por primera vez, invadiendo su cuerpo con sondas, inyecciones, y múltiples manipulaciones que nada tienen que ver con sus necesidades y sus tiempos. Muchas veces por culpa de algún profesional ansioso o de las cortas licencias laborales son privados también de alimentarse del pecho de su madre e ingresan de ese modo como destinatarios en una cadena de consumo (biberones, chupetes, hamacas, cunas, etc.).

Algunos libros se presentan como manuales de crianza, invitando a las familias a utilizar soluciones mágicas para “enseñarle al niño a dormir”. ¿Cuántos bebés lloran incansablemente en sus cunas a causa de que un doctor inescrupuloso les hizo creer a sus padres que son mañosos y manipuladores? Gracias a las neurociencias hoy sabemos que dejar llorar a un niño es muy dañino para su desarrollo debido a la segregación de cortisol, una sustancia toxica para el cerebro. ¿Qué le estamos enseñando a un niño cuando le dejamos llorar? El niño aprende que nadie acudirá en su ayuda, aprende que sus necesidades emocionales no son importantes, aprende la soledad y la resignación.

Los niños pequeños tienen que aprender a regular sus emociones, a poder graduar su intensidad de acuerdo a las situaciones que les toca vivir y poder comunicar a los demás sus necesidades de forma adecuada. Durante sus primeros dos años la principal forma de comunicación con la que el niño cuenta cuando algo le disgusta es el llanto: a medida que va madurando y complejizando sus interacciones con los otros irá incorporando otras formas de comunicación a través de la palabra e internalizando estrategias de regulación emocional. En todo este proceso, el adulto es fundamental para acompañarlo e ir modelando a través de sus propias conductas, de su ejemplo, la capacidad en el niño de autoregular sus emociones. Para Carlos González “cuando nos es imposible acallar un llanto, nuestra propia impotencia puede convertirse en irritación”. La demanda de un niño se torna invasiva y nos obliga a cambiar nuestra actitud para contenerlo. Si no logramos salir de nuestra irritabilidad por esta demanda, y en cambio dejamos al niño enfrentar un desborde de llanto en soledad, o si reaccionamos castigándolo o maltratándolo, golpeándolo, gritándole, estamos contribuyendo al caos y demostrando además nuestra propia incapacidad para gestionar nuestras propias emociones.

¿Por qué hacemos a un niño lo que no le haríamos a un adulto? Si una querida amiga esta triste, desconsolada, ¿la dejaríamos llorando en soledad? ¿Qué nos hace pensar como padres que tenemos derecho a tratar a nuestros hijos de la forma en que no trataríamos a nadie más? ¿Acaso los hijos son pertenencias de los padres y por eso podemos tratarlos a nuestro antojo?

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Los niños nos confrontan con nuestros propios fantasmas, nuestras vivencias más enterradas. Inevitablemente cuando nos convertimos en padres se reedita en nuestro inconciente la propia infancia, el vínculo con nuestros padres. Aquello que nos ha dolido de la infancia, aflora por caminos inexplicables, y si no estamos conscientes y atentos a ello, puede manifestarse en nuestras acciones. Así surgen quienes, habiendo sido violentados en su infancia, justifican y utilizan la violencia física como forma de educar. No es raro escuchar a alguien decir: “a mí me pegaban cada paliza y así aprendí”. Los dichos de la máxima autoridad de la Iglesia validan esta forma de corregir a los niños que con “dos o tres palmadas en el traste no vienen mal”, ignorando tanto la declaración de los derechos del niño como la convención de derechos humanos, las cuales dejan en claro la necesidad de erradicar cualquier forma de violencia contra los niños y niñas. En nuestro país además se suma el nuevo código penal, que en el artículo 647 tipifica la Prohibición de malos tratos y da la capacidad al Estado de intervenir ante “cualquier hecho que menoscabe física o psíquicamente a los niños y adolescentes”[iv].

Sin duda alguna los golpes y cualquier forma de maltrato físico constituyen un acto gravísimo de violencia contra los niños, y sus consecuencias son perdurables e impactan en la personalidad adulta. Las personas que son golpeadas en su infancia tienden a ser más inseguras, a tener dificultades en la gestión y comunicación de sus emociones, a establecer relaciones con otros basadas en la dominación o el miedo, es decir a reproducir el papel de víctima o de victimario. Golpeando a un niño no se está enseñando a ser obediente, sino a tener miedo y a reaccionar de forma violenta ante los conflictos. Al fin y al cabo, la obediencia no es un aprendizaje sino más bien una forma de control desigual.

Las amenazas también son una forma de coacción y chantaje emocional. Algunos padres y educadores hacen un uso sistemático de las mismas, tal vez sin darse cuenta, como cuando por ejemplo se le dice al niño que se le van a quitar privilegios o se le infundirán castigos: “portate bien sino…”. Sería interesante preguntarnos ¿Qué es portarse bien? ¿Cuál es la conducta que se quiere fomentar y cual se quiere evitar? Para los niños esa frase es sumamente abstracta. Hace ya mucho que las investigaciones desestimaron el aprendizaje basado en amenazas de castigos[v]. Gracias a las neurociencias, es ya una evidencia científica que los seres humanos no aprendemos bajo la influencia de amenazas o castigos. La supervivencia es más importante que el aprendizaje, por eso cuando nuestro cerebro reptiliano detecta cualquier tipo de amenaza desconecta áreas más evolucionadas, como la corteza prefrontal, encargada del aprendizaje.

Es frecuente apelar a amenazas y luego darnos cuenta de que son imposibles de cumplir, generando además desconfianza en la palabra del adulto. Muchas veces incluso se configuran mitos o historias para infundir miedo: “te va a venir a buscar el viejo de la bolsa” solíamos escuchar en nuestra infancia y nos generaba una sensación de miedo y desamparo.

Las palabras construyen realidades. Según cómo se nos hable durante la infancia se constituirá nuestra voz interior. Insultos, degradaciones, cada adjetivo con el que calificamos a nuestros hijos marcará profundamente su autoestima generando consecuencias no sólo en el presente sino también a futuro. La autoconfianza se construye en la infancia a través del vínculo con nuestros cuidadores, en primer lugar los padres pero también otros adultos significativos. Si ellos le devuelven aprobación, si confían en las capacidades del niño, alientan a superar los desafíos y valoran sus logros generarán las condiciones para resolver las situaciones adversas de forma positiva y con confianza. Cuando un niño es menospreciado y hostigado, se le enseña que no puede superar las dificultades, que nadie lo ayudará y se sientan las bases para una personalidad insegura y conflictiva.

¿Qué nos lleva a violentar a los niños? El cuerpo de los niños ha sido desde siempre objeto de control. En su dependencia más temprana los bebés necesitan ser cargados por sus cuidadores. Desde la más temprana infancia se les impone en qué posición estar, cómo es apropiado sentarse, a qué ritmo deben caminar, etc. Pareciera que lo que más altera al adulto es la incesante necesidad de movimiento del niño, su más inocente espontaneidad y deseo de exploración. “Quedate quieto” se escucha en las escuelas, en las confiterías, en los consultorios médicos. Así la violencia se reproduce en el ámbito educativo, jurídico, económico y cultural. Como adultos la espontaneidad y el movimiento del niño nos invita a reconocer que el niño es un ser humano con necesidades y motivaciones individuales, que no está aquí para satisfacer las necesidades y deseos de los adultos.

El modo imperativo parece dominar los intercambios de forma vertical, del adulto hacia el niño. Su menor estatura, su corta edad, su indefensión los deja completamente vulnerables. Ulloa[vi] desarrollo el concepto de “encerrona trágica” para referirse a toda situación en la que “alguien para vivir depende de algo o alguien que lo maltrata o destrata sin tomar en cuenta su situación de invalidez. Se presenta como situación sin salida, en tanto no haya un tercero que represente a lo justo y rompa los dos lugares. El síntoma típico es la resignación.” Sin dudas, los niños maltratados y violentados por sus cuidadores se encuentran en una encerrona trágica, donde las personas que debieran garantizar su bienestar y desarrollo emocional sano hacen lo contrario. Es una situación, por el nivel de desvalimiento, del niño de la que no puede salir por sus propios medios.

Es importante tener presente que cada uno de los adultos desde nuestro lugar, como educadores, profesionales de la salud, ciudadanos, vecinos, amigos y familiares tenemos la responsabilidad de proteger a los niños de cualquier tipo de violencia y la posibilidad de detectar estas situaciones. Para ello es importante tener en cuenta algunos de estos indicadores.

Los niños maltratados pueden presentar[vii]:

– Miedo aparentemente injustificado de niño hacia los adultos.

– Tendencia a la soledad y aislamiento, sobre todo en las edades que se espera que los chicos tengan más contacto con los pares, principalmente a través del juego.

– Detención o retraso en el crecimiento.

– Enfermedades psicosomáticas de repetición. Trastornos en el control de esfínteres. Trastornos en el control de impulsos, inhibición, desafectivización.

– Agresividad desmesurada o estallidos de agresividad inexplicables, o debido a estímulos muy pequeños. Trastornos de conducta.

– Accidentes frecuentes.

– Enojo o molestia ante el grito o el llanto de otros chicos más chiquitos, repitiendo un patrón que se da en su casa; la intolerancia del adulto al llanto, a la demanda o al grito de un niño.

– Sobreadaptación. Se muestran complacientes con adultos que desconocen, con una facilidad abrumadora de adaptabilidad ante personas con las que tienen poca confianza.

– Dificultades de adaptación a situaciones cotidianas como levantarse para ir a la escuela, cuando ya se adaptaron a ir a la escuela.

– Dificultades o retraso en cualquier área del desarrollo evolutivo (psicomotricidad, inteligencia, lenguaje).

– Bajo nivel de autoestima.

– Se involucran en situaciones delictivas o en comportamientos antisociales, que presentan inhibición para jugar (tanto en la escuela como en el consultorio), no pueden o no tienen capacidad de jugar.

– Pensamiento o ideación suicida, o bien tendencia suicida.

Un cambio es posible si comenzamos cuestionando lo naturalizado, así logramos no reproducir la violencia y cortar el ciclo. Revisemos nuestros preconceptos en relación a la infancia. Intentemos ejercitar la empatía, poder ver a los ojos de cada niño y encontrarnos con nuestra propia infancia desvalida. Pidamos ayuda de profesionales u organizaciones especializadas en detección y abordaje del maltrato infantil. Conectar con lo potencial del niño, a través del juego, respetando sus ritmos y vinculándonos con él desde el amor.

Podemos cambiar la historia de nuestros niños y de ese modo la nuestra también.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

[i] Winnicott, D. “Inmadurez Adolescente”, El hogar nuestro punto de partida. Winnicott :pediatra y psicoanalista Inglés.

[ii] John Bowlby, “Cuidado maternal y amor “, Psicoanalista Ingles

[iii] Lloyd deMause “Historia de la Infancia”. Historiador.

[iv] Artículo 647 en http://www.nuevocodigocivil.com/wp-content/uploads/2015/texto-proyecto-de-codigo-civil-y-comercial-de-la-nacion.pdf

[v] Mitra Sugata,

[vi] Fernando Ulloa, psicoanalista Argentino.

[vii] http://www.asapmi.org.ar/publicaciones/articulos/articulo.asp?id=138