Mamá ¿Estoy linda?


Hace poquito participe de un taller de Corporalidades desde una perspectiva transfeminista.
En es espacio pusimos en común nuestros complejos en relación a nuestra apariencia y nuestros cuerpos: demasiado flacas, demasiado gordas, demasiado enrruladas, narices demasiado grandes o torcidas, muchas o pocas tetas… En fin. Cada una de las presentes teníamos vergüenza con algún rasgo o característica.
Nos salíamos del canon de belleza hegemónica que nos imponen desde niñas, los medios de comunicación, la familia, los varones y el patriarcado internalizado por nosotras mismas.
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¿Tantas mujeres y personas trans/no binaries somos inadecuadas e inseguras ? O más bien ¿es el mismo sistema capitalista, hegemónico, capacitista, heternormativo y gordeodiante el que nos impone el malestar?
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Hoy mi hija me preguntó si estaba linda. En estos últimos meses la noto más preocupada y atenta a su aspecto, en especial en relación a su pelo. Lo acomoda, lo peina, se observa en el espejo. Más allá de que es esperable por su edad (está pronta a cumplir 9 años) algo de esto me generaba incomodidad. Y es que antes la veía tan libre y espontánea, sin importarle cómo la veian los demás, que me apena que vaya perdiendolo.
¿Sus hijos varones cis también se preguntan por su belleza?
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Me apena que empiece a pensar que debe «arreglarse» para ser linda, cuando toda ella es linda solo por el hecho de existir, estar sana y poder disfrutar.
Quisiera que sepa que su cuerpo es increíble así como es, solo por permitirle vivir y sentir.
Me gustaría que elija qué vestir y qué no, solamente en función a su propio deseo.
Siempre le digo que no hay que hacer comentarios sobre la apariencia de otras personas. Pero ¿Y si ella me lo pide?
En fin… Está creciendo. Están creciendo.
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Ustedes ¿Recuerdan cuando empezaron a preocuparse por su imagen?

Mandatos de belleza

De los creadores de «Así no llego al verano»:
«El lunes empiezo la dieta»
«¿Vas a salir con esos pelos?»
«Arréglate que pareces un varoncito»
«Este vestido me marca todos los rollos»
«Pareces un matambre»
«Así no llego al verano»
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¿Cuáles son los efectos de crecer escuchando esas frases de las mujeres del entorno?
¿Que pasa si nuestra propia madre las repite?
¿Que efecto tiene verla verse al espejo con bronca? ¿Con una disconformidad constante sobre si misma?
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Nuestro cuerpo no es un simple envase. Nuestro cuerpo no es una figura de exposición. No tiene que llegar a ningún lado, tiene que sostenernos, acompañarnos, dejarnos caminar y disfrutar.
Nuestro cuerpo somos nosotras.
Habitar el cuerpo, sus olores, sus abundancias y zonas de estrechez, sus ondulaciones y planicies, sus pelos y sus pieles suaves…
Habitar el cuerpo como territorio de placer y de goce, como territorio de dolor a veces, como territorio que abraza, gesta, ama, se exita y se calma.
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Enseñemos a disfrutar del cuerpo, a registrar sus zonas de placer, sus espacios sensibles.
Que nuestras hijas e hijos puedan usarlo para correr, saltar, bailar, cantar, comer rico y amar.
Que puedan identificar que les hace sentir cómodas y que no, que ropa las encierra y las aplasta y que ropa las libera y llena de energía.
Que puedan elegir vestir poco o mucho, con libertad.
Sin tener que pedirle permiso a la moda, al que dirán, al espejo, a la vecina o a sus amigas…
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com