El psicoanálisis y el destete

Hoy quiero contarles de dónde parte la psicología a la hora de hablar de lactancia y destete. Para quienes no me conocen, me recibí en la facultad de psicología de la UBA en el año 2010. Durante todo mi recorrido como alumna en la facultad de psicología jamás escuche hablar con fundamentos científicos de la lactancia. Las pocas materias que trataban la temática del vínculo temprano entre el recién nacido y su mamá lo hacían desde una mirada que intentaba en su mayoría, detectar los indicios de patología en esta relación. La creencia fundamental tenía que ver con que este vínculo podía volverse excesivo, asfixiante y obturador para el desarrollo de niños y niñas.


Tomemos por ejemplo a Lacan, unos de los principales referentes psi que hemos adoptado en nuestro país, cuya teoría central en relación a la crianza se basa en la idea de que las madres podemos comportarnos como cocodrilos que a través de un deseo sin medidas podemos atrapar en nuestras fauces a nuestros hijos e hijas. Entonces, la única solución para poner un límite a este exceso es la interdicción o mediación del padre (o quien cumpla su función) que viene a provocar esta sana separación, liberando así al hijo. Desde esta perspectiva, la lactancia siempre se vio como una modalidad vincular que mantiene a hijos e hijas atrapados y fusionados al cuerpo materno.
Recuerdo que los primeros años de la carrera, atravesada por estos discursos que me transmitían como verdades absolutas, me horrorizaba pensar que mi madre me había amamantado hasta los dos años y medio. Varias veces la juzgue) por sostener la lactancia tanto tiempo o “prolongarla” más allá, pensando que había sido patológica esta conducta.


Este juicio no fue sólo hacia mi madre, sino también lo trasladé a varias familias que me consultaban los primeros años de mi ejercicio profesional. Si bien durante la facultad había cursado algunas materias electivas, ligadas al desarrollo dela infancia que incorporaban a otros autores como Winnicott o Stern, el sesgo en cuanto a la duración de la lactancia seguía muy presente.
Winnicott, por ejemplo, es un autor que se dedicaba a la pediatría, la cual le permitió estar en contacto cercano con muchas diadas y triadas con bebés pequeños. Él da una importancia fundamental al vínculo temprano desde la creencia de que los bebés atraviesan un estado de fusión saludable con la madre durante los primeros meses de vida. En este tiempo es donde la lactancia funciona como conexión, nutrición tanto física como emocional. La importancia de sus ideas fue revolucionaria para su época y las contribuciones de su obra están aún muy reconocidas por todos los profesionales que trabajamos con familias. De todos modos, rastreando en la obra de Winnicott encontramos que propone una duración de la lactancia acotada: para el autor, el bebé estaba en condición de ser destetado cuando comenzaba la etapa de arrojar objetos. Esta hipótesis se basaba en que esto indicaba que estaba preparado psíquicamente para “dejar ir”, “soltar” o “desprenderse” de la teta como un objeto más. ¿En qué etapa sucede esto? Alrededor de los 8 meses, es decir que esta hipótesis coincide con la etapa que denominamos “angustia del octavo mes”. En esta etapa, el bebé comienza a ser consciente de que hay otras personas extrañas lo que lo hace notar que él mismo es un ser separado de su mamá, lo que activa la ansiedad de separación. Hoy podemos pensar ¿habrá algún momento más complicado para iniciar el destete que este? A simple vista, no parece buena idea pedirle a un bebé que se desprenda del pecho en una etapa donde esta activa la necesidad de cercanía con el cuerpo materno (o de sus cuidadores principales) como forma de contrarrestar la angustia de separación.


Como vemos, si bien existen algunos autores que reconocen la importancia de la lactancia, la cuestión de su duración se plantea como un límite para la salud psíquica y emocional.
Freud en sus primeros escritos desarrolla la teoría de que la prendida al pecho constituye la primera experiencia de satisfacción para la cría. Esta experiencia, deja una huella, una impronta, que el bebé tratará de repetir en busca de reencontrarse con ese placer inicial. Para Freud podríamos decir que este primer contacto es la chispa que enciende el deseo. En su teoría los humanos buscamos aquello que nos permite preservarnos como especie, una pulsión de auto conservación ligada a satisfacer nuestras necesidades vitales primordiales. El pecho le da al bebé el alimento nutricional físico que garantiza su supervivencia. Rápidamente advierte Freud que no todo termina allí, sino que es en ese plus de placer el bebé encuentra en el pecho, en el contacto con el cuerpo, en el abrazo que lo sostiene, en la mirada con quien le amamanta el que deja huella e inicia el movimiento deseante. Podríamos decir que aquí Freud ubica la lactancia como una modalidad vincular que nutre no sólo físicamente, sino (y sobretodo) emocional y psíquicamente: la succión siempre es nutritiva.


Para Dolto, el destete implica una separación similar a la castración (vinculándose con Lacan en este punto) donde es el bebé quién renuncia al estado de fusión con su madre. Ella vincula este proceso como necesario para que den otros hitos del desarrollo y el crecimiento, como el habla. Como lo veremos en capítulos siguientes, la evidencia actual nos demuestra que en condiciones de salud niños y niñas amamantados tienen un desarrollo similar a quienes han sido destetados. De todos modos, tiene sentido considerar al destete como el cierre de una etapa que da lugar a la transformación del vínculo.
Una autora que describe sin dudas la ambivalencia en el vínculo madre e hijo es Melanie Klein. Para ella la vinculación temprana para el bebé implica un proceso de indiferenciación. El bebé no sabe que es su mamá la dueña de las tetas, sino que las percibe como objetos parciales y recortados. Es así que cuando el bebé encuentra satisfechas sus demandas, percibe al pecho como bueno y por el contrario, cuando experimenta frustración o espera, lo percibe como pecho malo. Podríamos decir que uno de los desafíos que se presentan es el integrar en la misma persona, mamá o cuidador principal, la ambivalencia que todo vínculo conlleva. En la maternidad se manifiestan grados intensos de ambivalencias y contradicciones: queremos a nuestros hijos a la vez que necesitamos distanciarnos

.

Como vemos, en la mayoría de estos autores existen dos sesgos:
-Que el destete opera como separación necesaria ante un vínculo con mamá que puede ser devorador u obstruir la vinculación con el mundo.
-Que el destete debe producirse en etapas tempranas, antes incluso de que el bebé diga sus primeras palabras.

Son muchos los y las profesionales que parten de estos supuestos para aconsejar a sus pacientes, interfiriendo en la lactancia de miles de familias. Es fácil advertir que si mi cosmovisión de la lactancia es sesgada de este modo, la considere razonable sólo por cierto plazo de tiempo y luego del mismo, comience a presionar para que se produzca un destete. Si continuar la lactancia implica potencial patología en el niño o niña, eso explica el por qué se desalienta a hacerlo.
Muchas mujeres vienen a la consulta debido a mi formación en psicología perinatal. No son pocas las que con anterioridad han realizado consultas con psicólogos clínicos generales y se han sentido incómodas. “Me dijo que destete porque ya esta grande”; “Ante cualquier dificultad que relato me dice que es a causa de lactancia”; “Minimiza mi angustia por no haber podido dar la teta de forma exclusiva”, son algunas de las frases recurrentes, en torno a las devoluciones que reciben en los consultorios de psicología respecto a la lactancia.

Quienes trabajamos con madres, padres y familias recientes debemos actualizarnos, informarnos en relación a la fisiología de la lactancia y el sueño, trabajar nuestros prejuicios para que no contaminen el espacio terapéutico y sobre todo: aprender que no debemos saberlo todo. Esta es la clave para poder trabajar en interdisciplina, nutrirnos de la especialidad de los otros, atender las situaciones que ameriten en diálogo continuo con puericultoras, pediatras, etc.
Actualmente contamos con evidencia científica e información actualizada desde las neurociencias sobre el desarrollo de habilidades como el lenguaje y la socialización. Cada vez somos más los profesionales que tomando la evidencia actual, trabajamos para acompañar a las familias a construir vínculos desde la salud, con teta de por medio o sin ella.


Autores más actuales, como mi colega Ivana Rashkovan (2019) afirma que la lactancia es uno de los recursos más eficaces con los que cuenta una mamá, destacando el aspecto de regulación emocional a través del contacto afectivo que se produce en la mamada.


Con esto no estoy diciendo que no pueda existir patología o conflictiva en un vínculo entre una mamá-cuidadores principales y su hijo o hija. Lo que estoy diciendo es que no podemos basarnos en generalizaciones acerca de la lactancia para entender la complejidad los vínculos de crianza. No podemos decir a priori que la teta sea la causa del problema x, eso sería una generalización simplista causa-efecto. Puede pasar que muchas veces en el marco de un tratamiento terapéutico, con la alianza terapeuta- paciente consolidada, trabajando en equipo con esa mamá podamos advertir que en su caso en particular, hay algún aspecto de la lactancia que deja ver dificultades vinculares. Si esto sucede, el espacio donde abordarlo es en la intimidad de la consulta, con el debido cuidado y respeto que merece, acercándonos con empatía al sufrimiento que manifiesta, buscando en conjunto con la paciente y la familia, alternativas que alivien y nutran el vínculo con su hijo o hija. Porque, recordemos, hay muchas formas de nutrir el vínculo más allá de la teta.

Para Violeta vazquez, puericultora y directoda de PYC Escuela de puericultura “Y, si, es cierto, hay mujeres que dan de mamar a niños de uno, dos, tres y siete años y tienen vínculos insanos con sus hijos, pero no por la teta, la lactancia puede ser un síntoma más de que no encuentran otra forma de relacionarse”.

Lic. Carolina Mora

lic.carolinamora@gmail.com

Quiero destetar

«El destete sin consentimiento del hijo es consecuencia de una madre sin tiempo ni paciencia» le comentaron a una paciente en un grupo de crianza en las redes.
¿Qué puede sentir quién lee esto y desea destetar?
Entender que mis privilegios no son los de todas, mis deseos no son los de todas. No podemos pretender que otras personas reaccionen como yo lo haría.
Tampoco que tomen las mismas decisiones que yo en la crianza.
Conviene no juzgar la crianza ajena.
Maternamos con nuestra historia, con lo que hicimos de ella. Tomamos lo que valoramos de nuestra crianza y tratamos de no repetir lo que rechazamos o nos dañó.
Maternamos también con nuestros contextos: número de hijes, situación económica, si contamos con redes de sostén, si contamos con pareja activa y responsable.
Derribemos los nuevos mandatos también! Porque en base de expropiarnos de los viejos (venimos de crianzas a mamadera por un enorme desconocimiento de la lactancia) terminamos imponiendo nuevas formas de criar.
.
.
Y algo muy importante: maternamos de acuerdo a nuestro deseo (o su falta).
De él depende que disfrutemos de la lactancia siempre, que a veces no tanto o que pensemos en el destete.
Respetar las necesidades de nuestros hijos e hijas de contacto y afecto puede hacerse con (o sin) teta de por medio. Lactancia más larga no significa mejor. La duración de la lactancia no te hace mejor madre. ¿Qué ofrece una lactancia por obligación o desde el hartazgo?
Las mujeres nos estamos dando el permiso para visibilizar que la maternidad no es algo rosa e idealizado, que tiene sus ambivalencia y vamos encontrando nuestros propios límites en cómo deseamos ejercerla.
.
.
Quizá mejor sea seguir el viejo proverbio algo así como «si no tenes algo bueno para decir, mejor no digas nada».
Lo mejor es respetar como materna la otra (siempre que no exista daño o negligencia) y preguntarle:
¿Creés que te puedo ayudar en algo? Si deseas destetar, te acompaño con mi taller de destete @criarentribu y mi libro «Teta, Mamá».
.
.
¿Alguna vez se abrieron juzgadas por su maternar por otra mamá?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Lactancia materna

Dar la teta para mí es difícil, es agotador y es una experiencia increíble. Implica una entrega inmensa. La mayoría de las veces no se parece en nada a la públicidad de Natalia Oreiro. La mayoría de las veces siento que tengo un pequeño Hannibal devorandome con unos ojos llenos de una mezcla exacta de ternura y desesperación.
.
.

Amamantar no es facil: establecer y sostener la lactancia materna en el contexto en que vivimos es un desafío.
Conocernos con nuestros bebés en la mayoría de los casos en contextos de separación o violencia obstétrica, volver a casa sin contar con redes continentes y con la pareja presente solo por tres dias de licencia, sostener la lactancia luego de la vuelta al trabajo sin lactarios y con una licencia muy corta es realmente una osadía.

PH Cande Baroni

.
.
Si tuviera que decir que representa la lactancia para mí diría que es una forma de vínculo que elijo por deseo.
Amamanto por elección, porque es la forma que conozco y en la que puedo no solo de alimentar sino de consolar, mimar y conectar con mis bebés.
.
.
Se que la lactancia materna es la fuente de alimento que tenemos como especie y es la herramienta de la fisiología para asegurar nuestra supervivencia.
También se que hoy no es la única forma en que podemos alimentar a nuestros bebés y que ¡por suerte! existe la leche de fórmula como alternativa cuando el amamantar no es posible o no es deseado por la mujer.
.
.
Se que hay muchas formas de lactancia, muchas formas de nutrir física y emocionalmente a nuestros bebes. Ninguna es más valiosa que la otra y hay tantas como mujeres y bebés sobre esta tierra.
.
.

PH Cande Baroni

La mujer que decide amamantar no sólo necesitará información, paciencia y perseverancia sino también apoyo de los profesionales de la salud, sostén y cuidados de su red de contención, en todas las etapas de la lactancia. .
.
El inicio y establecimiento de la lactancia puede ser complejo, la mujer madre está recién conociéndose con ese pequeño ser que es su bebé, familiar y extraño a la vez, y (re)conociéndose en su función e identidad materna.
Tanto si ya pasó por la experiencia de amamantar como si no lo ha vivido aún, el primer mes de vida extrauterina es la etapa en la que el bebé recupera el peso de nacimiento y comienza a adaptarse progresivamente a vivir de este lado de la piel. La demanda es intensa, mientras va aprendiendo a leer e interpretar las señales que le envía su bebé. Esta etapa requiere chequear la prendida y corregirla en caso de ser necesario para evitar grietas, amamantar con frecuencia (a libre demanda del bebé) y mucho contacto corporal. .
.

PH Tamara Costanzo
Contar con una red que brinde apoyo y contenga emocionalmente es balsámico. Que en ocasiones también colaboren con tareas concretas de la casa como el cuidado de otros hijos si los hay, cocinar u ordenar suele ser muy bienvenido. La presencia, el sostén y la participación activa de la pareja es un factor protector para esta diada. .
.
Contar con otras mujeres que estén atravesando experiencias similares, que puedan escuchar sin juzgar, compartir vivencias y acompañar en las decisiones cotidianas, se hace necesario y enriquecedor. .
.
No olvidemos que el proceso de destete también es parte de la lactancia, ¡y suele ser muy movilizante! Transitarlo no es sencillo y en esta etapa también se hace fundamental contar con apoyo e información. Aquí nuevamente la tribu, la familia, y sobre todo la pareja, puede contener y acompañar a la díada, cuyo vínculo se encuentra en plena metamorfosis, y tomar relevancia en el cuidado y las actividades compartidas con el niño o la niña.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Principio y fin: camino al destete

La historia de nuestra lactancia empezó incluso antes de que te mirara por primera vez a los ojos, empezó con mi propia infancia, con los relatos de mi nacimiento. Supe que iba a amamantarte desde siempre, supe que deseaba hacerlo. Tuve la convicción de que podría hacerlo, así como lo había hecho tu abuela conmigo, quien me dio la teta hasta pasados los dos años. ¡Cuánto tiempo juzgue a la abuela por ello! ¿Tanto tiempo me diste la teta? ¿Era necesario? ¿No es que eso interfiere en el desarrollo e independencia de los niños?, como me habían enseñado en la facultad. ¿Acaso el padre no debía poner el freno en ese vínculo vicioso de la madre con el hijo e instaurar un corte? Juzgue a la abuela, juzgué a otras madres, pensando que jamás haría algo así, cuando aún ni imaginaba lo que sentiría al tenerte en mis brazos y ver tu felicidad al amamantarte. Y la mía.

Cuando comencé a buscarte decidí y pude, vivir tu gestación de una forma consciente. Leí, busqué un grupo de apoyo con otras mujeres y me entregué a la aventura de sentirte. Me acuerdo que fui a un taller sobre lactancia y ahí me sorprendí al saber que para todas las madres no era tan sencillo lograr que el bebé se prenda, por ejemplo. Siempre pensé que era algo natural, que no había nada técnico que aprender. Luego de eso entendí que fuimos privilegiadas al poder vivir con tanta naturalidad y fluidez nuestra lactancia.

Naciste y te prendiste inmediatamente al pecho, no hubo separaciones, intentos fallidos ni grandes dificultades más que un par de gritas y la molestia de la subida de la leche que pude manejar con algunos consejos simples de una puericultora. Pronto descubrí el placer de amamantar, la incomparable sensación de sentirme poderosa, nutricia, fuerte, mujer. Verme en tus ojos que se abrían y cerraban con un gesto de inmenso disfrute, saberme capaz de calmarte de forma inmediata, todo se pasaba con un poco de leche dulce y contacto piel a piel. Si tuve miedo los primeros controles, tenía muchas mujeres conocidas a las que les habían indicado usar leche de fórmula porque “la teta no le alcanzaba al bebé” o no engordaba lo suficiente. Me acuerdo que el primer control cuando el pediatra te puso sobre la balanza mi corazón latía y una voz adentro me susurraba “seguro está bien”, y por suerte fue así. Tuvimos el privilegio de vivir nuestros primeros seis meses con lactancia exclusiva, sin siquiera usar una mamadera. Recuerdo que tampoco te ofrecí chupete, ya que había leído que podría interferir en la lactancia y preferí no correr riesgos (cuando me di cuenta que en algunos momento hubiera sido útil, vos, sabia, ya no lo querías ¿para qué si tengo la teta de mamá?). Tuvimos la suerte de poder elegir con tu papá ganar menos, vivir más justos pero que me quedé a cuidarte el primer año de tu vida. Eso nos facilitó mucho las cosas en relación a la lactancia, ¡todos los bebés y todas las mamás tendrían que poder elegir cuándo volver al trabajo! Tenías teta a libre demanda 100% del tiempo, de día y de noche, ya que practicamos el colecho. Había días que tomabas a cada rato, noches que hasta te despertabas una vez por hora, por suerte yo no lo notaba del cansancio que tenía y de lo cómodo que era ni siquiera tenia que levantarme.

¡Qué emoción cuando por primera vez te escuche pedir tetaaaaaaaaaaa con palabras! No voy a olvidar la alegría al ver que llegaba el momento de prenderte de ese pezón luminoso que te acercaba al momento que más deseabas. A veces, muchas, hasta surgía una risita ansiosa en el instante anterior, ¡era maravilloso todo lo que causaba en vos!

Llegó tu primer año y seguíamos disfrutando ambas de esta forma de vincularnos. Ahora empezaste también a hablarle a las tetas, en tu lenguaje. Y hasta creaste juegos con ellas! Tomabas una, la otra, alternando casi como un bailecito. Cuando empezaste a caminar, te caías y venías rápido a pedirme tu “teta analgesia”, entonces te prendías y respirabas profundo aún con las lágrimas corriendo sobre mis pechos, y cerrabas los ojos con un gesto de paz. No voy a olvidarme nunca los días que por una caída, estuvimos internadas en pediatría. Ese día fue muy angustioso, no habías cumplido un año y tenían que dejarte en observación porque te habías desvanecido con el golpe. Las primeras horas no podía darte el pecho, no sé bien por qué, pero fue la primera vez en 11 meses que tenía que mezquinarte la teta y justo cuando más le necesitabas, estando en un lugar extraño, con un suero puesto. Lloramos tanto juntas, hasta que finalmente te dormiste encima de mí. Por suerte fueron unas horas y luego pasaste los días siguientes prendida, colechando en la clínica. Y volvimos a casa.

Todos nos decían que eras igual a mí, por tomar tanta teta. Algunas personas no aprobaban que te siga dando a demanda, en cualquier lugar y momento. Por suerte o por mi forma de responderles y la de tu papá, que siempre nos apoyó en la lactancia, sus dichos no nos influyeron ni condicionaron. Teníamos un pediatra que no nos molestaba con el tema, que lo apoyaba y nos dejaba ser. Teníamos un papá involucrado, amoroso, respetuoso, que supo sostener a pesar de perder un poco a su mujer, el vínculo que tanto necesitábamos las dos. Teníamos nuestros fular, con los cuales sostenerte y sostenernos para poder trasladarnos con la teta cerquita y sin barreras arquitectónicas. Teníamos leche en las tetas y amor en el corazón. Teníamos nuestras miradas, tiempo compartido infinito. Teníamos una red de mujeres que nos acompañaban, nos teníamos a nosotras.

Camino al destete…

¿Cómo fue que un día, empecé a sentir incomodidad al amamantarte? No lo sé bien, no sé bien qué fue pero algo en mi interior cambió. No fue de un día al otro, pero algo se reveló en mí. Y hubo un día en el que pensé que ya no tenía ganas de darte la teta cada vez que la pedías. Sabía que para vos era algo preciado, sabía que seguía disfrutando hacerlo, pero no todo el tiempo. Entonces, me escuché. Y te escuché también. Tenías un poco más de 1 año y entonces pensé que era el momento de empezar a ofrecer otras cosas además de la teta, aunque tu pedido sea muy claro desde la palabra, sabía que muchas veces pedías teta por pedir contacto, atención o algo especial. Empecé a reemplazar algunos de esos pedidos, por otras respuestas: agua, algún cereal, más juegos, etc. Hubo un momento de nuestra relación que pensé que lo único que querías de mi era la teta, y sí, hubo un tiempo que sí y eso estaba bien. Pero ibas creciendo y te observaba jugar con tu papá y…¡Lo envidiaba! ¡Cuántas cosas podías hacer con él que no hacía s conmigo más de 5 minutos sin pedirme teta! ¿Acaso era sólo una teta para vos? Tanto planear momentos juntas ¿para que todos terminen amamantando? Llegó un momento en el que no podía sentarme ni 5 minutos tranquila sin que me vinieras a “atacar”. Venias gateando o caminando como podías con un gesto de felicidad, que era imposible negarte cualquier cosa. Me acuerdo que las primeras veces que empecé a salir sola, a trabajar algunas horas, cuando llegaba a casa, tu saludo era un “tetaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” larguísimo. ¡Era tan feliz de esos momentos de re encuentro! Pero a la vez pensaba ¿cuándo va a saludarme “mamá”? ¡Quiero que me quiera a mi completa, no sólo una parte!

No me gustaba que llores por la teta, intenté nunca negártela, aunque mi sensación de necesitar que mi espacio corporal vuelva pertenecerme era cada vez más intensa. De la mano de esto aparecían mis ganas por desarrollarme fuera de casa, en mi profesión, y tus ganas de explorar el mundo. Comenzaste a disfrutar de la compañía de otras figuras importantes en tu vida: los abuelos, los tíos… Ya podías pasar horas sin mí, sin sufrir, extrañando claro, pero también disfrutando del universo de posibilidades que se te abría al vivir otras cosas con otras personas. Lo mismo me pasaba a mí. Estábamos creciendo. Creciendo juntas. Era raro, era difícil por momentos, pero también era un momento de plenitud. Ambivalencia. Querer alejarme para ser, necesitar que me vaya para que seas, pero extrañarnos tanto y volver a disfrutar de estar pegaditas en esos momentos de amamantamiento únicos.

Cuando cumpliste dos, ya estaba más segura de querer avanzar en el proceso de destete y de que vos estabas más preparada para que lo hagamos. Me acuerdo que un día, así como se me viene de forma repentina, estábamos por tomar el tren, siempre ibas en el mei tai, y prendida a la teta en el camino, sentí que no podía darte más, que no quería darte más en el camino. Entonces te expliqué, que ya no podíamos tomar mientras caminaba mamá, que había que esperar a sentarnos tranquilas. Te enojaste un poco, pero aceptaste porque inventé no sé qué canciones para esperar, jugando. Unos pocos días después llegaría a decirte que no te iba a dar más teta en la calle, que teníamos que esperar llegar a casa, o al lugar a dónde íbamos. Era difícil para mí negarte esas tomas, porque siempre viajábamos solas y no tendría ayuda para consolarte. Y también te enojaste un poco, pero también juntas encontramos recursos para que lo aceptes. Cada vez fui reemplazando más tomas también en casa. Ahora que escribo esto, me doy cuenta, que por cada toma a la que “renunciabas”, ganábamos una nueva forma de vincularnos. Hoy lo puedo ver con claridad, en ese momento no era tan sencillo lidiar con tu angustia por momentos, con la culpa por otros. Siempre quise que dejaras de tomar de forma natural, soñé con que algún día vos me destetearías a mí. No pensé que iba a cansarme de la lactancia. Pero me pasó y tenía que ser honesta conmigo misma, y con vos. Quise criarte de forma respetuosa, pero para respetarte también tenía que ser coherente y respetar mis sentimientos, de nada serviría seguir dándote la teta con rabia o enojo como había noches que me encontraba haciéndolo. Esa fue la parte más difícil del destete, la noche. Pero para esa parte faltó un poco de tiempo. Estamos por el día.

Pasamos unos meses así. Con cada nueva “negociación” o pacto nuevo que íbamos construyendo se renovaban mis ganas de amamantar, se me hacía más llevadero el proceso a pesar de que sabía que estábamos en el camino al destete. Un día dejaste de pedirme “teta” primero, para decirme “hola mamá”. Felicidad plena. Nuevos juegos, conversaciones. Entonces, un día como los demás, decidí que ya no me sentía cómoda dándote la teta de día. Ya habías disminuido muchísimo la demanda, hacía meses que ya no “tomabas a demanda” y por la noche pedías muchas veces. Había noches que me despertaba cada una hora, mi mal humor era muy grande. Realmente había tomas que estaba dándote con bronca ¡dormite de una vez! No aceptabas tampoco que papá te durmiera. Pensé que dejar de darte en el día me daría más fuerzas para afrontar la noche. Y fue así.

Empecé primero ayudándote a decirle “chau” a las tetas después de cada toma del día y a acortar las tomas. Te contaba que estaban cansadas. Me daba cuenta que muchas veces pedías por aburrimiento, o simplemente porque me veías disponible. Te ofrecía más juegos, si me pedías te decía “un poquito y chau” las tetas están cansadas. Estas cosas funcionaron de maravilla, no sin antes enojarte o impacientarte un poco cuando ibas dándote cuenta que el proceso había empezado para no volver nunca a ser “a demanda”. ¡Cuánto habías crecido! Un día te miré a los ojos, te hice upa, y te dije, con firmeza y mucho amor, que la teta a partir de ese momento, iba a ser sólo para dormir. Luego de tu ciclo de enojo, aceptaste este nuevo pacto sin problemas. Pienso que estabas entendiendo que por cada toma que íbamos dejando mamá seguía ahí, incluso más fuerte y paciente para jugar juntas, con más energía. ¡Era un enorme alivio para mí!

Paralelamente, a la noche te seguías despertando mucho. Ya para ese momento te habíamos ofrecido tu cuarto para dormir, algunas veces dormías allí y otras con nosotros. Según lo necesitabas. Yo me daba cuenta que cuando dormías en tu cuarto dormías más horas seguida, y por lo tanto pedías menos. Tardabas mucho en conciliar el sueño de noche, pienso ahora que se debía también a no querer dejar de tomar teta. Eso me impacientaba mucho. Sumado a los múltiples despertares. Ya para ese momento estaba trabajando con un ritmo bastante más intenso, y no me era nada fácil la rutina cansada. Esos meses fueron de mucha angustia. Puedo decir que la parte más difícil del destete fue la noche. Parecía imposible que aceptaras dormir sin teta, al menos no pedir tanto. Hubo noches que creí enloquecer. Intenté cosas de las que me avergüenzo, pero que quiero contar para humanizarme, para que tal vez alguna otra mujer que me lea se sienta identificada, para que nos juzguemos menos porque no sabemos qué ocurre en la cabeza de la otra, ni en su alma. En la desesperación me enojé, lloré, te grité alguna vez, te deje sola con tu papá llorando porque si no sentía que me ahogaba en el momento. Por suerte, después del grito vino el abrazo, después de mi distancia vino el consuelo de papá y por suerte nos reencontrábamos. Por suerte, vos con tu sabiduría me diste la posibilidad de que hoy este escribiendo esto para contarte que nuestro destete fue hermoso.

Cuando después del sentimiento de culpa vino la calma, pude pensar y hablé con vos, como lo había hecho siempre. Te dije que la teta estaba cansada, que como ya estabas grande ya no había tanta leche y que desde ahora a la noche cuando te despertaras ibas a tomar le leche que te dejaba la vaca “Margarita”, que gentilmente compartía con nosotros. Como siempre, después del enojo inicial, llegó la aceptación, hasta disfrutabas esa leche calentita de media noche. Ya venías tomando leche de vaca a la tarde, fue una gran aliada del destete diurno y por suerte pasó lo mismo a la noche. Durante unos meses, tomabas una teta, una teta y chau. Si te despertabas papá te preparaba la leche, sí, porque la leche de la noche sólo la aceptabas si te la preparaba papá ¿curioso no?

Hoy hace 12 noches que no tomas teta. Fue el último paso.

Antes de eso, la familia de papá te regalo tu cama grande, como le decís, y feliz decidiste luego de tener habilitado el espacio, que querías dormir allí. Desde ese momento, mamá se acuesta con vos en tu cama, leemos unos cuantos cuentos y me pedías una teta, una teta, “tomabas” una milésima de segundo (porque para mi sorpresa hace un tiempo que no me sale ni una gota de leche) y te ponías de costado para dormir. Y entonces mamá se va a dormir a su cuarto. Si te despertabas de noche, me llamabas, mamá vuelve a acostarse con vos, tomas una leche de Margarita y a dormir de nuevo.

Así fue por un mes, hasta que una noche yo estaba enferma y con mucha fiebre. Fue la primera noche que a pesar de querer no pude dormirte. Esa noche no hubo ritual de la teta. Dormiste acostada con papá, leyendo cuentos. No te angustiaste, me entendiste. Y la noche siguiente, ante mi sorpresa, esta vez te dormiste con cuentos contados por mí. Y así las 3 noches siguientes. No hubo pedido de teta. Cuando la cuarta noche te acordaste de que no habías tomado, y me pediste, te explique que ya no la necesitabas, que hacía varias noches que estabas durmiendo sin teta, que si querías podías darles un beso o acariciarlas. Te impacientaste un poco, creo que sobre todo por saber que realmente estaba finalizando un momento, un hábito, una forma de vínculo que no íbamos a poder recuperar más. Lo aceptaste. Me abrazaste. Me dijiste “te amo mucho mamá”.

Me abrazas cada noche antes de dormir, me seguís mirando con un amor incondicional, algunas veces me decís “mamá, teta” y jugás a que tomas, feliz, con una sonrisa, algunas veces las acaricias. Algunas veces me da nostalgia, como ahora mientras escribo esto, y también me da alegría. Satisfacción de saber que vivimos 31 meses de lactancia materna, 31 meses de un vínculo que es para toda la vida. 31 meses de besos, de miradas cómplices, de darte algo que nadie más podía hacerlo, de esa conexión especial, de un idioma compartido. 31 meses de amarnos.

Gracias Catalina, gracias a mi cuerpo que fue sabio y supo nutrirte, gracias a todas las personas que sostuvieron nuestra lactancia, gracias a los que la respetaron a pesar de no entenderla o no estar de acuerdo. Y un gracias especial, fundamental y enorme a quien me ayudó a crearte, a quién te dio también la vida, a quién nos sostiene y nos ama: ¡Gracias Papá!

¡Por muchas más lactancias gozosas, por muchos más bebés felices, por nuestro derecho de amamantar dónde sea!

Carolina Mora- Psicóloga

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Apoyo a la lactancia- Orientación en el proceso de destete. Talleres en CABA y Gran BSAS. Consultá futuras fechas. Si tenes un grupo de crianza, un grupo de amigas, un espacio de yoga, o vinculado con la maternidad, podes solicitarnos que dictemos el taller allí. ¡Escribinos!

30709276_834469696756368_6600872650958962688_n.jpg

Enlaces de interés:

Fundalam: asesoramiento de puericultoras: http://www.fundalam.org.ar/

Alba Lactancia: http://albalactanciamaterna.org/lactancia/tema-4-cuando-los-ninos-crecen/el-destete/

Carlos Gonzalez: http://www.serpadres.es/bebe/lactancia-alimentacion/articulo/destetar-al-bebe-final-lactancia-materna