Delegar el cuidado (adaptación parte 1)

En algún momento como familia nos vemos en la situación de delegar el cuidado de nuestros hijos e hijas. Algunas antes o tras más tarde, a veces por cuestiones laborales y otras para poder hacer actividades de disfrute o cuidado personal, nos encontramos con la situación de elegir quién o quienes cuidarán a nuestro bebé. .
. ¿Cómo elegir a esa persona? ¿Qué tener en cuenta? ¿Qué es preferible la guardería, un familiar o una niñera?
Estas preguntas soló puede responderlas cada familia. No hay formúlas mágicas ni recomendaciones generales, asi como no hay dos familias ni dos bebés/niños iguales. Lo que para unos funciona, para otros puede no hacerlo.
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El momento de tomar estás decisiones suele generar muchos miedos. Si responde a la necesidad de volver al trabajo y la mamá o el papá aún no deseaba hacerlo, es un momento que genera mucha ansiedad y sentimiento de culpa. Lamentablemente sabemos que las licencias laborales no contemplan los tiempos subjetivos ni las necesidades de los bebés y en este contexto la diada se ve forzada a una separación impuesta. Esto suele complejizar el momento de encontrar cuidadores ya que se entremezclan estas emociones. .
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Si implica retomar un trabajo que disfrutan o alguna actividad de desarrollo personal (ocio, estudio, hobbies) la separación suele enfrentarse con más motivación a pesar de que igualmente aparezcan la ansiedad, el miedo o la culpa. .
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Lo importante es saber que esas son emociones esperables y que no pueden evadirse o saltarse: hay que atravesarlas y aprender en familia de esta nueva etapa. #Mamá o #papá aprenderán que su bebé o niño puede adaptarse a ser cuidado por otras personas y que esto no daña su #vínculo con él, incluso aprenderán que es saludable y necesario contar con espacios propios para volver a casa extrañándolo. El bebé o niño aprederá que si bien al comienzo es difícil, puede disfrutar de vincularse con otras personas y que con cada una de ellas comparte algo nuevo. .
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Niñeras

A la hora de elegir #niñeras/#cuidadores debemos saber que nadie les cuidará igual que nosotros.
Cada persona tendrá su propio estilo y su propia forma de vincularse con el bebé: lo dormirá de otra manera, jugarán a cosas distintas, etc. Esta diversidad de modos de vincularse enriquece mucho las relaciones y aporta flexibilidad a su carácter. .
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Cada familia tendrá que evaluar qué es lo que prioriza o qué atributos valora a la hora de elegir quién cuidará a sus hijes: ¿que viva cerca de la casa? ¿que estudie o tenga una profesión a fin a la infancia? (por ej estudiante de maestra), ¿ rango de edad?, ¿Qué cuente con referencias o recomendaciones?.
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Realizar entrevistas para poder conocer a las personas interesadas y elegir a quién consideramos (o intuimos) puede tener más afinidad con los atributos que buscamos y también con nuestro hijo o hija. Siempre es conveniente establecer un periodo de prueba y de adaptación mutua.
El periodo de adaptación no tiene un tiempo pre fijado sino que cada familia lo debe organizar, teniendo como parámetro las posibilidades reales de hacerlo y también como va evolucionando el vínculo del niño con la persona cuidadora.
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Al comienzo es recomendable pasar tiempo los tres: mamá/papá, cuidador/a y bebpé/niño/a. Este tiempo permite establecer la confianza necesaria para que la persona (ahora extraña) se transforme en alguien familiar y para poder transmitirle cuales son las rutinas y los hábitos del bebé/niño/niña.
Cuando van avanzando los encuentros puede que mamá o papá empiecen a salir de la escena por momentos, ir a otro cuarto por ej para permitir que haya momentos de intimidad entre cuidadora y bebé/niño. Luego empezar a salir de casa, al comienzo por periodos de tiempo más reducidos que se irán incrementando.
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Recomiendo que sea paulatino y despedirnos cuando nos vamos. Es esperable que ellos manifiesten su desagrado a través del llanto, el objetivo no es que nuestro hijo/a no llore con su cuidadora en nuestra ausencia, sino que aprenda a calmarse .A medida que vayan forjando el vínculo de apego irán disfrutando el tiempo juntos.

La adaptación de mamá

Siempre que hablamos de inicio de la escolaridad hablamos de cómo lo viven lxs niñxs, por eso ahora me gustaría que pensemos como lo vive mamá. Para mi el ingreso a la escolaridad de mi hija fue un momento muy movilizante y lleno de contradicciones. Desde el embarazo siempre creí que iba a cuidar de ella en casa, evitando el ingreso a instituciones y una rutina rígida lo más posible, por que para eso ¡ya tenía toda la vida! Su primer año de vida armé un emprendimiento y me quedé en casa con ella. Si bien disfruté mucho de ese año, empecé a sentirme algo agobiada por su demanda y con ganas de retomar contacto con mi profesión. Sumado a esto la economía requería más ingreso, así es que empezamos a pensar con mi pareja en mandar a Cata al jardín. No barajamos muchas opciones ya que vivimos en un barrio un tanto aislado con pocas alternativas y en ese momento no contábamos con auto para trasladarnos, así que la anotamos en “el jardín del barrio” sin muchas vueltas. Fue una decisión en la que tuve que lidiar con mucha culpa, ya que desde lo que en ese momento yo creía “la crianza respetuosa”, la escolarización temprana no era del todo compatible, mucho menos en escuela tradicional. Finalmente allí no conseguimos vacante.

En ese momento creí que sólo quedaba resignarme y tolerar otro año solas en casa, malabareando como podía para dedicarme un poco a lo mío. Hasta que una colega me habló maravillas del EEPI y me convenció de llamar para ver si había vacantes. Y sí! Allí fuimos, no muy convencidxs porque nos quedaba lejos de casa ( 1o cuadras al tren y colectivo luego) y porque eran muchas horas (5hs). Cuando llegamos nos recibieron con tanto amor que decidimos probar. Llegó marzo. Llegaron los miedos y la incertidumbre. ¿Cómo sería la adaptación? Para resumirles sólo puedo contarles que la experiencia de adaptación allí fue sumamente maravillosa, al igual que el año que Cata concurrió. Progresiva, compartiendo mucho tiempo en la sala con las dos seños, dividiendo en dos al grupo para dar atención más personalizada, retirando de la sala progresivamente a las familias y mediando millones de juegos y canciones. El amor que Cata recibió de sus seños fue increible. Si bien costó un poco la separación, encontré la estregia justa y era explicarle que como mamá y papá iba al trabajo, ella iba al jardín a jugar. Algunos días la despedida era más rápida y otros más lenta. Nos respetaban ese tiempo. En resumen, fue una experiencia de mucho amor y respeto, a fin de año nos despedimos con mucho agradecimiento pero sabiendo que necesitábamos viajar menos.

Sala de 3, conseguimos vacante en el barrio. Escenario 100% distinto. A 5 cuadras de casa, jardín tradicional, una seño sola y 30 niñxs. Cata estaba contenta porque al pasar por la puerta del jardín le veníamos diciendo que allí iba a ir ella luego del EEPI. Pero yo estaba aterrada. No sabia como le iba a sentar el cambio. Temía que el jardín sea muy rígido para ella, además de que debía ir sin pañales, cosa que en el EEPI no nos pedían. El control de esfínteres fue un tema que me dio mucha ansiedad, pero queda para otro post. Creo que lloré mas yo que ella cuando nos despedimos del EEPI, la contención que sentí como mamá fue inmensa. Que las seños me llamaran por el nombre y me preguntaran como estaba, recibieran a Cata a upa y la despidieran con un abrazo no tenia nombre. Sabía que acá seria todo distinto. Adaptación de 2 días, si DOS, con familias en sala. Luego ya proponían que ingresen solxs. ¡Sacrilegio para la crianza respetuosa!

Estuve todo febrero anticipándome negativamente, imaginando los peores escenarios. Temía que se haga pis en la sala, ya controlaba pero era muy reciente. Como en el jardín nos habían dicho que no cambiaban a lxs niñxs hablé con la directora y averigué el marco legal.

Finalmente llegó el primer día. Cata feliz, yo aterrada, su papá como siempre calmándome. Para mi sorpresa ingresó contenta y se fue directo a sentar con su sala en el acto. Ingreso al aula conmigo sin problemas, segundo día lo mismo. Y el tercero tenía que entrar sola, y así lo hizo! No lo podía creer, pero hasta salía contenta, ella se sentía a gusto y contenida. Por el contrario, en la puerta, las “mamis” estabamos solas y ansiosas. Nos faltó esa contención que nos de la confianza necesaria para “dejarles tranquilxs”. Por suerte nos conteníamos entre nosotras. Y así pasó la semana, el mes y el año. Cata entraba sola y salia feliz. Nunca se hizo pis.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque quiero transmitirles que muchas veces los procesos de cambio y crecimiento de nuestxs hijxs nos agobian y nos dan miedo. Muchas veces tenemos una expectativa desde el ideal y no podemos alcanzarla. Estamos llenos de mandatos acerca de qué es respetuoso y qué no y lo cierto es que cada niñx y cada familia es un mundo. El respeto se construye, acompañando con amor. Nos anticipamos y necesitamos controlar tanto las situaciones, que cuando las vivimos allí nos sorprenden, muchas veces positivamente. Hoy me pregunto: ¡para qué me habré hecho tanto problema por todo esto! ¿Les pasa?

Lic.Carolina Mora

01155641995

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