Destetar por salud de mamá

Me había preparado mucho para dar la teta, pero no todo es cómo se planifica.
Tomaste teta a libre demanda, en cualquier lugar. Disfruté mucho, muchísimo darte la teta así… Pero desde el inicio del embarazo mis médicos me habían advertido que sólo iba a poder dar la teta los 6 primeros meses. Mí enfermedad, un tumor cerebral, requiere de medicación que no es compatible con la lactancia. Pero ver tus ojos, tu boquita llena y tu panza calentita, me llevó a volver a consultar a mi doctora, y a tomar una decisión difícil: no iba a cortar tu lactancia a libre demanda hasta que tuvieras un año.

Y el tiempo pasa… Pasa rápido. A tus nueve meses con la vuelta al trabajo iniciamos la adaptación al jardín maternal. Iniciamos el proceso de destete, al principio iba dos veces a darte la teta, luego una, hasta que ya no la necesitaste. Las tomas comenzaron a ser a libre demanda pero sólo a partir de la tarde. Era nuestro reencuentro después del jardín. Hasta que un día tampoco quisiste la teta al regresar, y las tomas quedaron para la noche en la cama…

A tus 11 meses el tumor había crecido y ya no podía seguir sin medicación. Si bien lo supe desde el principio, siempre tuve la ilusión de que vos me destetarías a mí, no quería ser quien tomara la decisión. La culpa, ¿cómo iba a sacarte eso que disfrutabas tanto y que nos había costado tanto trabajo conseguir? Lloré mucho.

Junto con tu papá tomamos la decisión de esperar a estar de vacaciones, los 3, dispuestos de cuerpo entero a cerrar una etapa que nadie quería cerrar. Y con ayuda, a tus 13 meses lo conseguimos. Dejé de ofrecerte la teta y a colocar mí leche en tu vacito. Las primeras noches y siestas fueron muy duras. Sentir tus manos en mis pechos, ver tus ojos con lágrimas y abrazarte, siempre explicando que ya no podía seguir más, que yo también me moría de ganas, que mis tetas estaban llenas de leche y mí alma destrozada. Ambos necesitamos mucho de los brazos de papá. Y lo logramos… Pasaron 5 días sin teta y yo no recordaba la última vez que te había dado, sabía que había sido de madrugada… Salimos a caminar junto al mar y cuando volvimos nos acostamos los tres a dormir la siesta, cuando nos despertamos te abracé y te pregunté si querías tomar por última vez la teta y despedirnos. Eran 14:45hs del 10 de febrero, te miré y mí corazón latió muy fuerte, saqué la última foto. Chau teta.

Las horas y los días siguientes pasaron sin sobresaltos. Hay momentos en los que necesitás acariciar mis tetas y ellas están ahí, disponibles para nuestro duelo. Te despertás de madrugada para recostarte sobre mis pechos, y me siento muy feliz, porque puedo abrazarte y dormir. Poco a poco la producción de leche va bajando, estoy tomando la medicación y sacando leche de a poco para no sentir dolor.

Nos encontramos entre abrazos y canciones, con nuestros cuentos, juegos y rutinas pero sin la teta.
Te amo y amé darte la teta.-

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