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Me está costando encontrar palabras constructivas o productivas para lo que nos toca vivir hoy.
Me inunda el enojo, la impotencia, la indignación.
El saber que la respuesta judicial seguramente sea la impunidad, que estas personas entran y salen por buen comportamiento, pero te arruinan la vida.
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Estoy triste y preocupada.
Lo hablamos en historias.
Todas, en alguna medida, vivimos una situación de abuso. Acoso callejero, manoseos, persecusiones a plena luz del día.
La violencia que vivimos en el seno de la propia familia e incluso de la propia pareja.
Si, porque incluso hay parejas a las que no les importa el consentimiento.
Porque para consentir hay que tener ganas, y para tener ganas y decir «si» hay que estar conciente.
Nos presionan, nos manipulan, se sacan el preservativo o no se lo ponen, nos drogan, nos engañan, nos encierran, nos abusan. Se apropian de nuestros cuerpos como si fueran cosas que ven y pueden tomar.
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Pasan los años pero las cosas no cambian.
Ya somos muchas menos.
Y somos muchas más las que tenemos que vivir con el trauma del abuso marcado en la piel.
Y la tv, internet, las revistas, siguen difundiendo las mismas escenas y narrativas en las que las mujeres, travestis y trans nos volvemos objeto de humillación, objeto a ser deseado, usado, abusado y descartado.
Basta con ver las series y las ofertas de páginas que venden pornx.
Los varones son socializados en esta cultura de la violación.
Si, la crianza es una herramienta valiosa, tenemos la responsabilidad de brindar #esidesdelacuna. Pero no alcanza solo con la crianza.
Estoy llena de preguntas. ¿Cómo se termina con esto? ¿Qué se hace con estas personas? ¿Cómo se acompaña a la víctima? Los varones ¿Se están preguntando qué papel juegan en estás violencias? ¿Charlan con sus pares?
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¿También están hartas de tener miedo?