Hermandad

La hermandad se construye me dijo mi psicóloga ante mis miedos en el segundo embarazo.
Cuando llega un nuevo bebé a casa nada sabe nuestro hijo o hija qué es tener un hermano y mucho menos que es serlo. .
.

Simplemente se encuentra de repente con otro ser minúsculo al que todos le prestan atención.
Su presencia lo transforma todo y lo corre del centro de la escena. .
.
Al principio lo investiga, lo observa con desconfianza. Mide sus dedos, quiere escarbar en sus ojitos, besuquea a mordiscones, abraza apretujando, buceando los límites de realidad de esta personita. .
.
Lo observa tan detenidamente que puede copiar sus gestos, sus llantos, imita a la perfección su conducta. Intenta ocupar los espacios destinados al bebé, así como éste ocupó el suyo… Se sube al cochecito, se mete en el huevito y se acurruca en nuestros brazos como hace tiempo no hacía.
.
.
Un día se da cuenta que ese bebé se ríe con su presencia, que quiere tocarle y cuando gatea le persigue.
Comienzan los intercambios, las interacciones espontáneas.
El bebé hasta encuentra una forma de nombrarle “tata, tata”. .
.
Y un día descubren que la hermandad se construye.
Que hay lugar para todes.
Que hay mirada para cada uno en su individualidad y para todos en su hermoso caos colectivo. .
.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com