¿Cómo le cuento a mi hijo/a qué tengo nueva pareja?

Primero a trabajar nuestros propios prejuicios, que muchas veces son los más acusatorios. ¿Qué van a decir los abuelos? ¿Ya, tan pronto? Más vale que no descuide la crianza, ¡eh!.
A acallar esas voces y a tenernos confianza.
Es muy saludable formar pareja nueva❤️
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Y llegó ese momento en el cuál deseas compartir toda esa felicidad con tus hijes. Pero vamos de a poco, está bueno esperar a que el vínculo como pareja se afiance, así hay más confianza para esta situación.
Una idea es primero presentarlo como amigo/a o incluso sin tanto título, muchas veces somos más los adultos quienes nos hacemos rollo por esto y para las niñeces es más facil.
Podés elegir un lugar o alguna actividad que les divierta a tu hije fuera de casa.
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Intentar que sea lo más desestructurado posible. Anticiparles ese encuentro, podes contarles que quieren presentarle a alguien. Si pregunta podes decirle lo que te haga sentir más cómoda: que se están conociendo y que pasan lindos momentos, que es tu amigo/a o que es tu novio/a
Si lo presentamos con amigo/a a medida que vaya asimilando la nueva situación o si nos pregunta directamente, podremos decirle que son novios.
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Es natural que puedan sentir celos, enojo, tristeza porque esa persona reafirma la separación, habilitemos esas emociones, hablemos de sus sentires.
Y siempre será importante la COMUNICACIÓN, para luego de ese encuentro darles la posibilidad que nos cuenten que pensaron, sintieron y sin enojarnos poder abrirnos a esa escucha.
¡No forzar vínculos ya que estos se arman con el tiempo! Y regular nuestras expectativas: no hace falta que se lleven genial, con que se respeten y quieran ya es un montón.
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A uds. les pasó? tienen miedo de ese primer encuentro?


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¿Cuando le cuento a mi hijo que estoy embarazada?

Muchas me escriben por este tema.
Desde acá siempre sugiero manejarnos con la verdad.
Un embarazo cambia todo el escenario familiar: hay hormonas distintas circulando, hay ansiedades, hay miedos, hay ilusiones y por supuesto más consultas médicas.
Todo eso que ocurre las niñeces lo perciben. Yo siempre digo que hay que poner en palabras, cuando ustedes estén listas, porque que las niñeces ya saben.
Incluso muchas de ustedes me contaron que sus hijes les anunciaron el embarazo: les dijeron «tenés un bebé en la panza» o empezaron con cambios de conducta, a mostrarse más apegados e irritables.
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Poner en palabras permite ordenar una realidad que ya existe. Ningún niñe está por fuera de este acontecimiento familiar, aunque no se lo nombre.
«¿Y si el embarazo no prospera?»
También va a ser una vivencia que va a compartir y que le va a atravesar. Es imposible que le sea indiferente: el dolor, la angustia, las conversaciones y los procedimientos médicos.
Si esto ocurre nuestro hijo o hija tiene el derecho de participar del proceso y de elaborar este duelo. Este bebé será parte de su árbol familiar, aunque el embarazo se interrumpa.
No va a ser ajeno a la angustia. Nos va a ver tristes, con cuidados medicos, va a notar al entorno extraño.
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Si no hablamos, no explicamos, no anticipamos que va a ocurrir, ese niño o niña va a fantasear con un montón de situaciones que quizá le atemoricen mucho más (como una enfermedad de mamá). Incluso algunos niños y niñas comienzan a manifestar síntomas (lo más común es en relación al control de esfinteres, el sueño o la ansiedad de separación de sus cuidadores).
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Esto aplica para todo acontecimiento familiar importante.
Hablemos, compartamos vivencias y respondamos sus preguntas. Si no sabemos que decir, empecemos por una explicación muy sencilla, sin demasiados detalles.
Para explicar la llegada de un bebé a casa mi libro «Voy a tener un hermanito» Editorial El Ateneo puede ser de gran ayuda❤️
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¿Les pasó que sus hijos o hijas se dieran cuenta de sus embarazos?

La importancia de los cuentos en la infancia



SOLUCIONES
Una colección de cuentos ayuda a niños y a sus familias a atravesar momentos clave de la crianza


La psicóloga perinatal Carolina Mora creó un suceso con su libro Teta, mamá, que ayuda a transitar el destete. Le siguieron otras narraciones que tienen en común una mirada respetuosa de los procesos y emociones de cada niño o niña y sus familias, más que enseñar fórmulas para lograr objetivos como, por ejemplo, que un hijo o hija duerma en su cama. Los cuentos, dice, ayudan a transitar etapas críticas del crecimiento
Por
Ariana Budasoff
27 de Octubre de 2021

“Me dedico a la clínica perinatal y a la orientación en crianza, con el deseo de acompañar a las familias en los desafíos de ese proceso y promover niñeces respetadas. Estoy convencida de que para maternar, paternar, xaternar es fundamental hacerlo desde el deseo y que la crianza es un desafío cotidiano para el que se requiere mucho sostén y compromiso de la familia en particular y de la sociedad en general”, se define en su sitio web Carolina Mora, también autora de libros de cuentos que son una herramienta para atravesar diferentes etapas del crecimiento.

A través de sus redes sociales —principalmente Instagram, donde suma casi 90 mil seguidores— Mora brinda información y divulga contenidos sobre los temas que son su especialidad: el destete, los miedos, el duelo perinatal, los tiempos, los deseos, la ambivalencia, la llegada del segundo hijo, la maternidad y paternidad con todas sus matices. Temas que también la atraviesan en lo personal, en su propia experiencia como madre.

Carolina Mora escribe cuentos para acompañar a las familias en los diferentes procesos de la crianza. (Imagen: gentileza Carolina Mora)
Carolina Mora escribe cuentos para acompañar a las familias en los diferentes procesos de la crianza. (Imagen: gentileza Carolina Mora)

Fue a partir de su maternidad, de hecho, que le surgió la idea —la necesidad, dirá— de escribir cuentos “que acompañen a las infancias en sus procesos de crecimiento desde una mirada respetuosa”. Ellos son Teta, mamá, para transitar el destete respetuoso y la Colección Crecer de Editorial El Ateneo: Voy al baño, para acompañar el proceso de dejar los pañales; Voy a dormir en mi cama, sobre el pasaje a la propia cama o cuarto, y Voy a tener un hermanito. Los cuentos, dice, juegan un papel en estas etapas en particular y a lo largo de toda la infancia.

—¿Cómo fue que se te ocurrió escribir cuentos para acompañar los procesos de la crianza?


—Mi primer libro nació de una necesidad real y concreta que veía en la población que suelo atender, que son familias mayormente conformadas por mujeres cisgénero. A raíz de varios talleres que daba en equipo con una puericultora y una psicóloga —también amigas—, surgió la necesidad de que existiera un material que abordara el tema del destete desde una manera más vincular, para poder comunicarles a los hijos y las hijas cuáles eran nuestras necesidades en relación a lo que nos estaba pasando en la lactancia y también hacer énfasis en los recursos que tenía cada infancia para atravesar el proceso. En la Argentina no había ningún libro que abordara la temática. Así que esa fue la motivación inicial: esta necesidad que observé en la población de consultantes y también mi propia experiencia con el destete de mi primera hija.

El primer libro que escribió Carolina Mora se generó a partir de su propia experiencia sobre el destete..
El primer libro que escribió Carolina Mora se generó a partir de su propia experiencia sobre el destete..
—¿Cómo es que los cuentos se transforman en grandes aliados de procesos a veces muy profundos y complejos, como el destete, el hecho de dormir en el propio cuarto o la llegada de un hermano o hermana?

—Yo me venía dando cuenta de que a mi hija le servía mucho leer sobre distintas situaciones que iba atravesando y que los libros eran una herramienta que podía servir para poner en palabras un montón de emociones y situaciones que estábamos transitando las familias en el crecimiento, porque muchas veces los adultos no nos sentimos con la capacidad de transmitir lo que sucede. Entonces, los cuentos y los libros se transforman en una puerta de entrada, en una ventana que abre al diálogo acerca de una situación, de una vivencia, de algo que aconteció o que está por acontecer. En este caso, la colección Crecer tiene la impronta de acompañar desde una mirada menos adultocéntrica y más centrada en las necesidades de las infancias y de las familias el proceso de crecimiento, los hitos del desarrollo como el destete, dejar el pañal, dormir en la propia habitación, aprender a convivir en un espacio social como el jardín, entre otros.

—¿Qué te cuentan las familias? ¿Las ayudan los cuentos?

—Sí, muchísimas familias me escriben a diario en mis redes sociales para contar cómo sus hijos disfrutan de las narraciones y cómo les han facilitado poner en palabras los procesos que vivían. Muchos niños y niñas se animan a hacer pis en el inodoro a partir del libro Voy al baño, otras familias comienzan a acompañarlos a dormir en su cama con más seguridad con Voy a dormir en mi cama. Respecto a Teta, mamá, son muchas las madres que se emocionan con el relato y guardan el libro como un recuerdo de sus lactancias. También me cuentan acerca de niños y niñas que piden leer el libro una y otra vez o toman cosas del texto como la frase “Chau, teta” o el hecho de saludar a la teta como despedida. Respecto a Voy a tener un hermanito, muchos se fascinan porque sienten identificación con los celos, los miedos y también lo divertido de tener un hermanito o hermanita.

—¿Cómo fue el proceso de creación de los libros?

—El proceso de escritura es muy diferente en todos mis libros. Teta, mamá surgió de las entrañas, no hubo racionalización sobre qué escribir. Nació de forma muy espontánea y obviamente hubo un trabajo de edición, pero el origen fue una vivencia muy fuerte y del corazón. Los siguientes libros sí tuvieron una intención y un objetivo, que era seguir mi camino como autora y ofrecer materiales que se diferenciaran de los que ya existían para tratar estas temáticas. Porque hay un montón de libros sobre el control de esfínteres, por ejemplo, pero siento que el mío marca una diferencia en relación a la posición que toma el adulto respecto de los niños y las niñas. En mis libros las infancias hablan en primera persona y cuentan sus experiencias, que se combinan con las voces de los adultos.

—Contás qué Teta, mamá surgió de manera espontánea de una experiencia personal. ¿Cómo fue esa experiencia?

—La experiencia fue la de mi destete, cuando me di cuenta de que mi hija hubiera necesitado un cuento como objeto transicional que le permitiera, desde la narración, hacer el pasaje del cuerpo (teta) a otro modo de vínculo para conciliar el sueño.

Dormir en el lugar propio es otro de los momentos clave de la crianza los que los cuentos ayudan a transitar.
Dormir en el lugar propio es otro de los momentos clave de la crianza los que los cuentos ayudan a transitar.
Además de sus libros y de la atención clínica, Mora ofrece talleres sobre distintos hitos de la crianza. Por ejemplo, uno sobre destete que siempre está disponible en línea, porque está grabado y se puede autoadministrar. El tema es uno de los más requeridos: Teta, mamá es su libro más popular, se reimprime al menos dos veces por año.

Junto a su pareja, que es psicólogo, brinda un taller de pareja y crianza, y también forma parte de un equipo con puericultoras y parteras que ofrecen talleres prenatales.

—¿Cómo es el trabajo con las familias?

—El acompañamiento en la crianza es artesanal, individualizado, situacional y contextual, o sea que trabajo a partir de lo que trae la familia y del contexto actual. Obviamente, recuperando algo de la historia. El objetivo es pensar en conjunto con las familias cuáles son sus problemáticas y las posibles resoluciones y significados, escribir un plan en conjunto, siempre desde el respeto por la individualidad y por las creencias y los valores de cada una.

—¿Cuál es el tema por el que más te consultan? (si es que hay uno)

—Un tema muy recurrente es cómo poner límites. Y el control de esfínteres y el destete también generan muchas consultas. Por eso Teta, mamá es el cuento más requerido.

Teta, mamá es el libro más popular de Carolina Mora, que se inspiró en su propia experiencia de destete. (Imagen: gentileza Carolina Mora)
Teta, mamá es el libro más popular de Carolina Mora, que se inspiró en su propia experiencia de destete. (Imagen: gentileza Carolina Mora)
—¿Qué tiene el cuento —el género, el formato, el objeto-libro— que lo hace tan valioso?

—Creo que el cuento es la herramienta por excelencia, en relación a lo verbal y a lo narrativo, para acercarnos al mundo de la infancia. La magia del cuento tiene que ver con el interjuego entre las ilustraciones y los textos. Las imágenes permiten trasladarse a los universos narrativos, profundizan y sostienen los textos. Y la maravilla de los cuentos es ser un objeto que propicia el vínculo, porque para que un cuento sea escuchado tiene que haber personas adultas narrando. Hay un diálogo emocional, un momento afectivo, de contacto, de estar cerquita mirando los dibujos, que es mágico y que no es reemplazable por ningún otro medio audiovisual, por ejemplo. Los cuentos permiten anticipar situaciones, procesar vivencias, experiencias que acontecieron, hallar algunas respuestas, encontrar en las palabras de esa situación narrada por un tercero un lugar de identificación. Y también brindan la seguridad y el placer de la lectura por la lectura, el querer leer el mismo libro varias veces, por lo que genera eso de anticipar la historia, saber qué es lo que va a pasar.

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Esta nota forma parte de la plataforma Soluciones para América Latina, una alianza entre INFOBAE y RED/ACCIÓN



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https://www.infobae.com/america/soluciones/2021/10/27/una-coleccion-de-cuentos-ayuda-a-ninos-y-a-sus-familias-a-atravesar-momentos-clave-de-la-crianza/

¿Como estimular que jueguen solos?


La autonomía de los niños en el juego se convirtió en una de las preocupaciones de las familias en el marco de la pandemia y sus múltiples obligaciones. Qué esperar en cada etapa.

La autonomía de los niños en el juego se convirtió en una de las preocupaciones de las familias en el marco de la pandemia de coronavirus y sus derivados. Con las suspensión de la presencialidad en varios distritos del país y el trabajo remoto, conciliar las actividades de los adultos con las de los chicos se transformó en una dificultad.

La cotidianeidad de los hogares dio un vuelco profundo y, muchas veces, debemos enfrentarnos a la demanda de niños que quieren jugar, a la vez que cumplimos con obligaciones laborales, domésticas y demás.

¿Es posible alentar su autonomía a la hora de jugar?, ¿qué es esperable a cada edad en relación a sus actividades recreativas?, ¿es posible responder a todas las exigencias que la actualidad impone? Sobre esto dialogamos con la licenciada Carolina Mora, especialista en psicología perinatal y en orientación en crianza.


El juego, según la etapa
La psicóloga explicó que para hablar del juego es necesario dividir a los niños según su edad. «Cuando hablamos de jugar sin la presencia de madres y padres estamos hablando de niños y niñas mayores de tres años y medio, o cuatro. Antes de eso, el juego es puramente interactivo la mayor parte del tiempo», aseguró.

En ese sentido, aclaró que «puede que un bebé de un año y medio o dos años tenga momentos de juego sin la interacción de un adulto, pero van a ser momentos cortos. A medida que van creciendo los tiempos de juego se van prolongando sin interacción directa del adulto».

Para esta etapa la especialista indicó que «es muy importante fomentar el movimiento libre». Esto tiene que ver con ofrecerles un espacio de seguridad para que puedan explorar el entorno. A modo de ejemplo, mencionó que se puede colocar «una mantita en el piso y algunos juguetes a su alrededor para fomentar que puedan ir rolando, tomando objetos y explorándolos. Es importante que los juegos sean lo más sencillos posible, para que no dependan de sonidos, luces o estímulos externos».

Más tarde y a medida que van creciendo, se pueden ofrecer objetos más complejos. Entre ellos Mora recomendó cubos de madera para que puedan apilar, objetos que se puedan encastrar e instrumentos musicales que hagan sonido.


A medida que los chicos crecen se les puede ofrecer objetos más complejos. Foto ilustración Shutterstock

A partir de los dos años, según explicó la licenciada, «podemos sentarnos cerca de ellos y armar una situación de juego en conjunto e ir probando qué sucede si nos vamos distanciando, siempre anticipándoles: ‘Mamá y papá se van a sentar acá en la compu porque tienen que mandar un mail’, ‘nos vas mostrando, nos vas mirando desde acá'».

Sin embargo, aclaró que lo esperable es que el tiempo en que esos niños no requieran la ayuda de un adulto sea corto. «Lo propio de esa edad es que se acerquen, que estén diez minutos solos armando algo con masa o un juguete y que vengan y nos ofrezcan compartirlo». Y añadió: «Esas edades siempre van a requerir la interacción de alguna manera en varios momentos del juego». Por eso, destacó que «lo principal es que nosotros tengamos expectativas realistas de cuánto tiempo podemos pretender que se queden jugando sin una interacción directa».

Un cambio importante es el que se da alrededor de los tres años y medio o cuatro años. Allí, Mora resaltó que «la actividad que se puede hacer es mucho más diversa y, además, los niños y las niñas están mucho más dispuestos a explorar y armar escenas de juego más autónomas».

«Lo que pueden llegar a armar en esas edades es mucho más rico y requiere de mucha menos intervención de las personas adultas. Pueden venir a pedirnos que interpretemos un personajes pero, en general, son juegos mucho más generados por los niños y niñas, no tanto con una guía adulta», agregó.

En ese marco, la psicóloga sostuvo que «en ese tipo de edades podemos pensar en compartir en paralelo. Una niña o un niño de seis años puede, por ejemplo, estar dibujando y nosotros estar sentados en la compu a la par».

Sin lugar para la culpa
El tiempo que dedicamos al juego con nuestros hijos depende actualmente de un sinfín de variables. Sin embargo, más de una vez experimentamos la angustia que genera el no poder responder a todas las demandas infantiles.

«Cada persona tiene que poder reconocer sus limitaciones, que tienen que ver con su contexto. Tenemos muchas maneras de vivir la pandemia y el home office, de acuerdo a los privilegios con los que contamos. Si tenemos la suerte de tener a una niñera o familiares que nos den una mano con los niños y las niñas seguramente vamos a vivir una situación muy diferente que si estamos solos en casa con nuestros hijos e hijas, tratando de trabajar», reflexionó Mora.

Al respecto añadió que «hay que saber que estamos criando en un contexto completamente adverso. Cada persona hará lo mejor que puede, con las herramientas y los apoyos que tiene para llevar adelante la crianza en este momento sin ningún tipo de amparo del Estado».

«Se nos pide que mantengamos a nuestros hijos sanos, cuidados, que los estimulemos, que seamos divertidas y además que cumplamos laboralmente, que sostengamos el hogar, que no nos enfermemos, que no nos contagiemos, que nos cuidemos… hay mucha exigencia. Es lógico sentir que no podemos con todo», finalizó.

https://www.clarin.com/familias/edad-edad-estimular-chicos-jueguen-solos_0_J0ndo-mLV.amp.html

Atravesar cancer de mama

Con 30 años y dos bebés de 1 año y 9 meses (mellizos), en medio del puerperio, me diagnosticaron cáncer de mama. En mi caso súper agresivo y de rápido crecimiento. En plena pandemia, con todo lo que significó tanto a nivel burocrático, como emocional/afectivo.
En el momento que me dieron la noticia, pensé en mis hijos.
A mi compañero Gabino, mi mayor sostén, se le llenaron los ojos de lágrimas. Yo no lloré porque estaba dispuesta a dar todo para sanar.
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Esa noche uno de mis bebés lloraba desconsolado y mientras lo mecía pensaba: «no me puedo morir».
Entonces, una vez más, puse mi cuerpo: 8 meses de quimioterapia por vena, una cirugía enorme (mastectomía bilateral), 6 meses más de quimioterapia oral.
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Sostengo que toda experiencia por más mala que sea, nos trae muchas experiencias y aprendizajes: aprendí a priorizarme, a cuidarme, escuchar mi cuerpo. A dejar la culpa por no poder bañar a mis bebes o porque me vean pelada o vomitando. Mamá también se puede sentir mal, no tiene súper poderes, y ellos lo entienden mejor que nadie. Hacen las cosas más simples y sin tanto drama.
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Ésta vivencia me llevó a escribir un libro para acompañar las infancias en el transito del cáncer de mama. Y de lo que parecía la muerte misma, salió vida, y muchas hermosas experiencias y personas.
Aprendí a nutrirme de buenos alimentos, no solo en la comida sino en los vínculos, vivencias, contemplar y vivir el día a día, valorar el presente que es lo más preciado.
Lamentablemente el cáncer puede tocarle a cualquiera. No importa la edad, el sexo, estilo de vida, si tenés o no antecedentes genéticos. (Solo el 10% del cáncer de mama son genéticos).
Mi mensaje en este mes de concientización es que puedan priorizarse, cuidarse, reconocer su cuerpo, amarlo. Que se hagan mensualmente el autoexamen mamario y visiten anualmente a su médico para que les indique los estudios correspondientes a su edad. La detección temprana salva vidas.
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Gracias @pilar_lactanciaycrianza por confiar en mí para leer tu manuscrito y por animarte a contar tu historia.

¿Como hablar de la muerte gestaciónal y Perinatal?

Se detuvo mi embarazo de 12 semanas,
Mi hija ya lo sabía y esperaba a su hermane ansiosa.
Estamos destrozados
¿Qué le decimos?
¿Esperamos que se de cuenta sola?
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Hablar de la muerte con niñeces siempre es difícil.
Más aún cuando las muertes gestacionales son duelos silenciados, invisibles, desautorizados socialmente.
De ese ser solo tenemos una ecografía, una ropita, un test positivo. No tenemos su foto, ni momentos compartidos. Tenemos ilusiones que ya no están.
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Hijos e hijas mayores tiene derecho a saber qué sucedió…
A qué se le ponga palabras al dolor que seguramente observa y percibe. Sabrá que algo está sucediendo, que se está duelando.
Merece ser parte del proceso de duelo familiar.
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Hoy es el día de conmemoración del duelo gestaciónal y perinatal.
En este día recuerdo a mis hermanos gemelos, que murieron a sus 6 meses de gestación. Sucedió antes de mi nacimiento, mi mamá siempre me habló de ello. Con la verdad, con palabras claras. Hoy honro su existencia. Me hubiera gustado que tuvieran nombre, porque mis papás no los habían elegido aún. Me hubiera gustado que pudieran despedirlos, pero en esa época no sabían lo importante de ello ni sus profesionales de la salud supieron acompañarlos.
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Hoy puedo hablar de ello y decir que no soy hija única: tengo dos hermanos que no llegaron a vivir extrauterinamente. Hoy puedo hablarlo con mi hija, para que la muerte perinatal no sea un tabú y para que ella conozca parte de su historia.
Hoy trabajo acompañando a muchas familias en sus duelos.
Si les tocó vivirlo, si les tocó acompañar, si no saben que decír, no tengan miedo de estar cerca y disponibles a escuchar, sin juzgar, validando las emociones de la familia. .

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¿Cómo hablar con las infancias sobre discapacidad?

Seguramente les pasó alguna vez que sus hijes les sorprendan con una pregunta al ver a una persona con una discapacidad.
Los adultos sentimos muchísima incomodidad ante está pregunta y para salir de la situación respondemos rápido, con evasivas o silenciamos.
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Para pensar en esto converse y leí a @repensar.la.discapacidad que elaboró estás placas que les comparto (deslicen).
Es importante entender que las niñeces preguntan desde la sana curiosidad y que eso no tiene nada de malo. Lo que necesitan es una respuesta, el silencio lleva a hacerles pensar que está mal la existencia de esa persona o a sentir vergüenza/lastima y volverla un tabú.
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Aprovechar este momento para normalizar que existen personas diversas y que eso está bien. Tenemos distintos rasgos, manchas en la piel, colores de pelo, estaturas. El cuerpo del otre no es algo a cuestionar sino a aceptar.
Muchas personas con discapacidad se sienten muy incómodas cuando tratan de no mirarlas, cuando hablan de ellas por lo bajo. Algunas muchas preferirían la simpleza de la niñez que pregunta, pero obviamente cada persona es distinta.
Si en el momento no saben que decir, pueden retomar el tema en casa.
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Evitemos llamarles con eufemismos o adjetivos que subestimen: no son «angelitos» ni son «niñes eternos» ni son «personas especiales» ni «enfermitos». La forma apropiada de enunciar es personas con discapacidad y, en tal caso, podemos preguntarle cómo prefiere ser nombrada esa persona en particular.
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Les recomiendo: última temporada de Sex Education.
El corto de Disney Flota
Cuentos feroces: «El Beto y la Bestia» @cuentosferocesok
El cuento «Galo» de @chirimbote
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¿Les pasó alguna vez? ¿Que respondieron?





Burlas entre niños/niñas

«Mamá, mis amigas me están burlando» me dijo mi hija una mañana.
CHAN.
Vieron esa frase: «hijos pequeños problemas pequeños, hijos grandes, problemas grandes».
Acá no se trataba de algo que YO como mamá, pudiera cambiar o controlar para que mi hija se sienta mejor. No dependía de acostarla en otro horario, acompañar sus berrinches o cocinar más saludable.
Ahora se trabaja de lo que mi hija sentía respecto a OTROS vínculos, con otras personas.
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En ese momento pensé, rápidamente.
¿Qué le digo?!!!! ¿Que las ignore?, ¿Que les devuelva la burla?, ¿Que le avisé a su maestra?, ¿Hablo yo con las mamás? AYUDA!!!!
No hay libros que hablen de estás edades. Errores vamos a cometer.
Respire hondo y pensé.
Por un lado ¡Que bueno que me haya contado lo que siente! Eso habla de la confianza y la seguridad que siente conmigo.
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Entonces le pregunté que hizo ella y me dijo que les pidio que no la llamen así porque no le gustaba.
¡Bien!
Pero no le hicieron caso 😱
Le dije que la entendia, que a mí de chica también me habían cargado por mi apariencia y no me había gustado.
Hablamos de que hay personas que se equivocan y creen que eso es divertido, pero si alguien la está pasando mal HAY QUE PARAR.
Le propuse ideas de como abordar el tema: decirle a las mamás, que ella hablé con las niñas o desactivar la burla. Le conté que hay colectivos de personas que toman esas palabras que les dicen para herir y las reinvidican con orgullo: marica, travesti, etc.
Ella decidió mandar un mensaje de WhatsApp al grupo de amigas, para que escuchen con las mamás pidiendo que no le vuelvan a decir así. .
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¿Qué hubieran hecho ustedes en mi lugar?

Miedo al doctor en niños y niñas

Si muchas personas adultas sentimos ansiedad, desconfianza o miedo ante las consultas o procedimientos medicos. ¿Por qué pretendemos que los pequeños no lo sientan?
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Ir al doctor implica estar en un espacio distinto a casa, extraño, dónde hay elementos desconocidos. Dejarse revisar, tocar su cuerpo por una persona no familiar, a veces con instrumentos como el estetoscopio o el otoscopio. Es esperable que las primeras revisiones o ante médicos desconocidos manifiesten el miedo a través del llanto y que no accedan a ser revisados. Mucho más impacto tienen en este contexto, mediado por máscaras, un rostro dónde sólo se ven los ojos y del que se debe adivinar la expresión.
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Algunos recursos para acompañar estos momentos:
✔️Intentar anticipar con palabras claras por qué debemos ir al medico y que sucederá en el cónsultorio. Parte de la ESI es decirles que el médico necesita ver y a veces tocar su cuerpo, para ver si está sano o curarle. Pero que siempre lo hará en presencia nuestra.

✔️Explicarle por qué es necesario revisarle, con que elementos y mostrarle primero en un muñeco. Podemos pedirle al pediatra que le explique esto o que nos dé tiempo a hacerlo nosotros.

✔️Cómo profesionales está bueno tomar distancia y bajarnos el barbijo, para mostrar el rostro y generar cercanía con una sonrisa.

✔️Jugar al doctor, a estar enfermos, etc. Las valijitas de nuestra infancia son ideales para esto, también se pueden tomar elementos de la realidad como frascos plásticos de medicamentos vacíos y limpios, gasas, algodón, incluso ambos médicos o delantales.
Jugar con ambos roles, quien enferma y quién cura e intercambiarlos. Podemos usar peluches o muñecos también, libertad de imaginación!
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✔️Leer libros de cuentos sobre la temática. También el dibujito de la doctora juguetes, es un gran aliada.
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✔️Poder ligar el día de visita médica a un momento agradable, por ejemplo pasar a comprar algo rico para merendar en casa.
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✔️. Nunca usar el doctor como sinónimo de castigo «va a venir el doctor y te va a pinchar».
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¿Sus hijes temen a su pediatra?

¿Existe el instinto materno?

Instinto:»Conducta innata e inconsciente que se transmite genéticamente entre los seres vivos de la misma especie y que les hace responder de una MISMA FORMA ante determinados estímulos.» ¿Creen que en las personas esto es así?
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En palabras Ana Fernández: El concepto de instinto materno es un mito propio de la era moderna, que se basa en la creencia de la maternidad como algo natural siguiendo la ecuación «mujer=madre». Esta concepción le adjudica a la mujer (personas con vulva) un «saber natural y la inhibe de expresar sentimientos negativos o ambivalentes respecto a su hije». Como verán si una mujer siente que la maternidad le cuesta, si «no se enamoró a primera vista» o no sabe qué le pasa, si no lo siente, entonces aparece la culpa.
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Contamos con un bagaje hormonal y genético, que favorece el apego y en tal caso, el cuidado o la protección que no está ligado al género. . Este es también moldeado por el ambiente, más estimulado en las personas con vulva. NO podemos hablar de instinto, ya que si bien pertenecemos a la categoría de mamiferos, creamos la cultura y desde ella nos regimos por el interjuego entre deseos y normas.
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La maternidad es una construcción singular y subjetiva, atravesada por el contexto y el discurso colectivo.
A nuestro bebé hay que adoptarlo, aunque lo hayamos gestado.
Es un ser extraño en definitiva: debemos aprender a conocerlo, el vínculo no está dado de entrada, sino que se construye.
De ahí que es posible sentirnos mamá sin gestar ni parir. El deseo es fundamental para constituirnos maternantes.
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Dejemos de creer que hay UNA forma de vivir LA maternidad: hay maternidadeS.

Vos ¿Creias que existe el instinto materno?