El celular en la mesa

La cena nos encontró sin energías.
Veníamos de días de berrinches del más chiquito y peleas entre hermanos.
La mayor quejándose por una cosa y por otra.
Ya saben, vacaciones con niñes no tienen descanso. Yo tuve momentos de mucho agobio, porque hacia mucho que no contábamos con cuidadores de relevo. Obviamente muchos otros disfrute! Pero ¡cuesta desromantizar las vacaciones!
Ese día sentimos que nada alcanzaba, sobre todo nuestra energía ya estaba agotada.
Solo queríamos unos minutos de silencio, o de charla amena sin gritos, peleas, llantos o quejas.
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Antes de eso hubo paseos por el salón del restaurante y juegos improvisados con corchitos apilados de decoración.
Hubo ratos de jugar al TaTeTi con la mayor y ratos de veo veo con el menor. Buscamos lugares al aire libre, amplios para que deambulen.Igualmente no alcanzo.
Y fuimos esa familia la ceno con sus hijes frente a la pantalla y la cabeza llena de preguntas.
Las mías: «¿Qué estamos haciendo mal como familia para no poder tener una cena tranquila?; ¿Nos equivocamos de destino en las vacaciones?; ¿Estamos siendo muy adultocentricos?; ¿Nuestras expectativas eran muy altas?». Si bien ellos ven pantalla en general una hora al día, las evitamos en la cena.
Mi pareja, siempre más centrado y menos fatalista: «Hoy no es siempre».
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No sabemos nunca qué hay detrás de esa familia que les da el celular.
De que vivencias vienen, con qué resto emocional llegaron a ese momento.
Cuánto están esperando esos ma/padres unos minutos de silencio.
Más amor y menos juicios, siempre es por ahí❤️
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❓❓¿Fuiste esa familia que les dió el celular alguna vez? ¿Qué recursos les ayudo en vacaciones?

Imagen Istock