El miedo a morir siendo madre

Hace unas semanas una paciente experimento miedo a morir. Me contaba que siempre fue “hipocondríaca”, pero desde fue mamá se intensifico
En los primeros años de crianza ya creyó tener cáncer unas 3 veces.
Primero, ante unas intensas migrañas. Realizan los correspondientes estudios y encuentran una pequeña calificación a controlar (nada patológico). Al año siguiente ante los controles terror se apoderó de ella cuando tuvo que repetir los estudios. Conclusión: un hallazgo sin mayores repercusiones. Respira. Agradezce

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Pandemia por miedo, dos eventos. Una protuberancia en el paladar superior (que resultó solo ser una glándula salivar tapada) y el hallazgo de un nodulo pequeño en la mamá derecha. Este último evento la angustio por completo, coincidente con la semana del cáncer de mama comienza con dolor y le hacen eco.
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Y ¿si era algo malo? ¿Cómo les iba a contar a sus pequeños? ¿Podría con una quimio siendo madre? ¿Quien iba a cuidar a sus hijes si algo pasaba?
Finamente, “es solo un hallazgo para control”. Respira.
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Morir siendo madre es la pesadilla más grande de muchas. El temor a perder la salud y no poder hacernos cargo del cuidado, no verles crecer y dejarles en este mundo sin una mamá…
Muchas lo experimentan de otros modos, percibiendo con más intensidad la inseguridad, angustiandose con más fuerza ante la violencia, teniendo salir de casa de noche y no saber si van a volver…
obsesiva o si te impide llevar adelante tu rutina, es hora de consultar a una psicóloga.
La imagen es de la peli de Netflix “El cuaderno de Tomy” que trata este tema, basada en una historia real.
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

El juicio ajeno

Está imagen círculo hace unos años en redes sociales, acompañada de las peores críticas:
-“esa madre no tiene sensibilidad”
-“no le importa su hija”
-“prefiere ver el celular que hacerle upa a su bebé”
Días después la mujer de la imagen (sólo una foto) contó que estaba hace muchísimas horas varada en el aeropuerto. Sola con su beba, agotada de tener la en brazos por largas horas y teniendo que revisar cuestiones del vuelo en el teléfono, la apoyo en el suelo SOBRE UNA MANTA. ¿Qué mejor lugar donde dejarla unos minutos? De allí no iba a caer y estaba sobre una superficie limpia.
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Me preguntó por la persona que tomo la foto. Seguramente su narcisismo se sintió muy bien pudiendo señalar la “falla” ajena. No contenta con eso, decidió exponerlas (si a ambas, bebé y mamá) para el juicio público en redes.
🤔¿Acaso no era mucho más amable acercarse a esa mujer y preguntar si necesitaba algo? ¿Ofrecerse a tener en brazos a su bebé? ¿Ayudarla a resolver algún trámite con la aerolínea?
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Lo que vemos generalmente (y sobre todo en las redes) es “solo una foto”.
Una imagen, una captura de un momento puntual, detenido en el tiempo. Vale para imágenes “positivas” y también “negativas” (dejando de lado la violencia explícita o la afectación a la integridad del niñe) .
Nos falta el contexto de la persona, saber su cultura, si tiene redes de apoyo suficientes, si padece alguna patología, cómo fue su día, qué sentimiento y pensamiento la llevo a “esa imagen”.
Y ¿Con lo “positivo? Lo mismo. No sabemos el antes y el después de esa imagen “ideal” que eligieron mostrarnos.
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¿Cómo te hace sentir lo que ves en las redes? ¿Alguna vez juzgaste solo por “una foto”?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Tiempo fuera?

¿Quien no conoce esta práctica de “castigo” en la crianza?
El tiempo fuera se utilizó y se sigue usando como medida de control conductual a las infancias.
Cuando un niño o niña se porta mal, está técnica indica que hay que dejarle afuera del juego o de la situación placentera. Muchos jardines lo utilizan como “la silla de pensar” dónde se les obliga a quedarse sentados y apartados del juego para que “recapacite” sobre su conducta.
¿Sirve esta práctica? Sabemos que si bien en apariencia puede parecer que si, en realidad es improductiva. Los pequeños no tienen la capacidad de reflexionar solos sobre sus conductas y apartarlos solo les genera bronca y les obliga a “pedir perdón” o deponer su actitud solo como forma de volver a participar del juego.
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PERO podemos re pensar está técnica de una forma muy efectiva.
Si tomamos el “tiempo fuera” para nosotras, las personas que cuidamos.
SI, así como escuchaste.
Y ¿Cómo sería? Cuando nos sentimos sobrepasadas por la situación, por la angustia, por el desborde emocional que observamos en nuestros hijos e hijas, es necesario poner una pausa.
Darnos unos minutos, aunque sean sólo 5 minutos, para salir de la situación mentalmente.
Tomar aire, hacer respiraciones profundas, ir al baño, lavarnos la cara, repetir algún mantra que nos dé tranquilidad, salir un momento del cuarto a otro ambiente…
Todas esas pueden ser pequeñas formas de tomar un “tiempo fuera” para demorar la respuesta, tomar distancia y observar la situación con más calma.
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Si notas que esto te sucede con frecuencia, es buena idea pensar en organizar espacios de cuidado por otras personas: niñera o familiares pueden ser aliados para ello.
NO TENEMOS QUE PODER CON TODO
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¿Usaste alguna vez está técnica?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Mujeres al volante

Uno de los aprendizajes que más me cambio la vida fue aprender a manejar.
¿Si me dió más autonomía?
En mi caso un rotundo SI.
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¿Querés aprender a manejar pero te da miedo?
Se SUPERA. Todas pasamos por eso. Sirve empezar de a distancias muy cortas, lugares conocidos e ir avanzando progresivamente. Darnos tiempo, CONFIAR!
Son muy pocas las mujeres de nuestra generación que fuimos criadas con modelos de otras mujeres al volante. En mi casa (como en la enorme mayoría) manejaba mi papá. Mi mamá ni se planteo aprender a hacerlo.
Los varones son socializados desde la primera infancia para estar familiarizados con los autos y también para asumir riesgos. Se los cría para ser aventureros y valientes, para asumir desafios de destreza física y fuerza. Muchos varones aprenden a manejar en su adolescencia, de la mano de los varones de su familia, casi como un ritual de pasaje.
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¿Y a nosotras? Nos socializaron para mantenernos a salvo, así como “esperamos en la torre” que nos rescaten esperamos que nos lleve un varón en su auto. ¿A cuántas niñas se les incentiva jugar con autos o con herramientas? ¿Las familias hablan con ellas del auto y como funciona? ¿Se incentiva esa curiosidad? ¿Se les habilita a tomar el volante?
En cambio nos dicen cuando hacemos mal una maniobra “mujer tenías que ser” o “anda a lavar los platos”.
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Si no tomamos el volante nosotras no lo va a hacer nadie más. Habilitamos a aprender, a salir a la calle y experimentar el control de manejar es necesario si deseamos tomar el espacio público y esa autonomía que solo te da el auto.
Yo aprendí que puedo irme a donde sea y volver a la hora que sea sin depender de nadie más. Aprendí a moverme en la ciudad sin tomar 50 colectivos con las bendis a cuesta! Aprendí que me puedo equivocar sin que signifique chocar o poner en riesgo mi vida ni la de otros. Y si, te vas a equivocar: vas a perderte (no tanto gracias bendito GPS), vas a estacionar mal o intentar 10 veces, vas a salir antes o después de la autopista, si. Pero la sensación de LOGRO que te brinda a cambio cuando a pesar de eso podés, es incomparable.
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Culpa materna

“Detras de la placenta viene la culpa” me dijeron una vez.
Culpa por dar demasiado, o demasiado poco.
Culpa por tomarnos un tiempo propio o por estar demasiado “pegadas”.
Culpa por querer hacer otras cosas o por querer solo maternar.
Culpa por enojarnos, por poner límites y por no ponerlos.
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La culpa parece ser algo común al universo femenino y parece potenciarse en el mundo de las madres.
¿Acaso por las mismas cosas los papás se condenan tanto como nosotras?
¿Será que ellos son más relajados?
¿Tendrá que ver con sus rasgos de carácter?
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Las mujeres fuimos socializadas en la cultura de la culpa.
El mandato de maternidad lo cargamos nosotras, con tanta fuerza que no solo nos exigen que tengamos hijos sino además que seamos buenas madres.
Esperan sacrificio, abnegación, entrega total y felicidad plena.
¿Cómo podés tener un hijo o hija y quejarte? ¡Tendrías que haberlo pensado antes!
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¿Y el varón? Gracias que se hace cargo. Si trabaja y además cumple tiempo de cuidado concreto, cambia pañales o lo lleva al jardín “¡Que suerte tenés! ¡Que papá presente! ¡Que bueno es!”.
A nosotras nadie nos felicita por hacer las mismas cosas.
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Es hora de que empecemos a igualar la balanza, que luchemos por políticas públicas que favorezcan una crianza corresponsable y que dejemos de juzgar a las mujeres y humanicemos la función materna.
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A ustedes ¿Qué cosas les hacen sentir culpa?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Madres arrepentidas

“Quiero mucho a mi hijo, se que lo cuido bien, jamás le diría esto a el, pero ser mamá no me hace feliz”.
“Si me hubieran contado como iba a sentirme quizá decidía no ser mamá”
“A veces me siento mal porque siento que estoy arrepentida de ser mamá”.
“Me sentía tan bien siendo madre de mi primer hijo, que decidí serlo nuevamente. Desde que tengo dos estoy arrepentida de mi decisión, ser madre se ha vuelto un agobio”.
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Algunas de estas frases me las han dicho algunas mujeres en terapia, otras son del libro “#madresarrepentidas” de la Antropóloga Orna Donath (recomendado).
Si bien en otros aspectos de la vida y en otros vínculos el arrepentimiento es un sentimiento habilitado, en la maternidad es un tabú.
Podemos arrepentirnos de habernos casado, de haber cometido una falta o incluso un delito, de haber tomado cualquier decisión SALVO de ser madres.
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Es tan fuerte el mandato de felicidad y el arquetipo de madre sacrificada que “lo da todo por sus hijos” impuesto por la sociedad que el solo hecho de escuchar a una mujer quejarse de su maternidad es visto como algo horrendo. Ni que hablar si una mujer se anima a decir a viva voz que ni piensa en ser madre, lo primero que se le augura es que se arrepentirá en unos años
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Imaginen por un segundo lo que se piensa de una mujer que asume haberse arrepentido de su decisión de tener hijos: es casi algo monstruoso, impensable e inconcebible.
Muchas personas pensarían que “Algo debe andar mal en ella” (patologizandola) desde el supuesto de que las mujeres tenemos el “instinto” de ser madres.
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Siento pincharles el globo: el instituto materno no existe en la especie humana. Con deseo, con elección y mediando la cultura nos CONSTRUIMOS como madres. La maternidad está plagada de ambivalencia, de sabor agridulce, de contrastes.
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➡️¿Alguna vez sintieron algo similar?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

¿Donde dormimos?

Vamos con esta verdad de la crianza.
En mi casa las noches sabemos dónde empezamos pero a la mañana siguiente amanecemos en múltiples escenarios distintos.
Papá duerme a bebé y se acuestan en cama grande.
Mamá duerme a niña mayor y se queda con ella.
Mamá se despierta en cama grande con bebé + papá
Mamá despierta en cama grande con bebé + hija mayor
Mamá despierta en cama grande con bebé + hija mayor + papá (+ las gatas).
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Parece un cuento de “elige tu popria aventura”, sabes las opciones pero no sabes a dónde te llevan.
¿Que si agota?
Claro que sí. Pero acá elegimos las batallas y no es una que queremos librar en medio de este caos mundial.
Ya habrá tiempo para que mayor se sienta segura para volver a dormir sola y para que bebé aprenda a dormir en otro cuarto.
Hoy elegimos abrazar este caos (y confieso que en invierno no me molesta el calor humano).
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❓¿Cuál es el mejor lugar para que duerma un bebé?
Yo creo que el mejor lugar es donde sea funcional para esa familia.
Si vas a hacer colecho, que sea seguro (pautas Unicef).
❓¿Es normal que no duerman de corrido?
Es sueño es madurativo y es lo más frecuente. Los bebés y niñes pequeños no duermen como nosotros.
No durará para siempre.
❓¿Y si nunca lo puedo sacar de mi cama?
Te aseguro que un niñe sano en un ambiente facilitador no duerme para siempre con sus ma/padres.
Si querés descolechar podés hacerlo de forma respetuosa.

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¿Cómo duermen ustedes?
¿Se cumple está regla en casa?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

“Arréglate” mandatos de belleza

Me siento más fea
Más “desarreglada”
Más gorda
Me siento fofa
No soporto mis pelos
Desprolija
Abandonada
Estoy llena de canas
No me puedo ni ver al espejo
Así no quiero tener relaciones
Me hace sentir mal que me dijeron que estoy redonda.
Mi mamá me dice que tengo una ojeras horribles.

Esto me dijeron ustedes en las historias respecto a cómo vivían el impacto de la cuarentena en su imagen corporal.
Me preguntó por qué los varones, o la gran mayoría de ellos, no viven estos cambios en su apariencia de forma tan negativa. Ya que ellos también están privados de peluquería, con dificultades para hacer ejercicio físico y seguramente estén comiendo diferente o más de lo habitual.
Ellos gozan de inmunidad estética: “cuánto más feos más hermosos” dice un refrán.
De George Clooney pensamos que son sexys las canas.
De Richard Gere creemos que es un hombre maduro. A nosotras nos dicen “viejas”.
Cuando no encajamos en los modelos de belleza hegemónica nos dicen feas, gordas, a ellxs “interesantes”.
Privilegios del patriarcado.

Nosotras hemos crecido de la mano de las Barbies, de la tintura platinada, de las gaseosas de dieta, el yogurt para ir al baño y “no estar hinchadas”, los tapa ojeras porque parece que ser mujer y verte cansada es un “pecado, los corpiños con relleno (no conozco varones que se rellenen la bragueta) y con la gilet en la mano en verano no vaya a ser que “se note que tenemos pelos”.
Creo que está cuarentena nos está mostrando la realidad de nuestros cuerpos diversos sin maquillaje, a todes por igual.
Nos invita a preguntarnos ¿Somos esclavas o elegimos? ¿Son mandatos o deseos personales?
¿Nuestra valor se mide por nuestra apariencia? ¿Nos “cuidamos” para agradarnos a nosotras o para agradar a otrxs?
¿Medimos el valor de lxs otrxs por su apariencia? ¿Por qué necesitamos hacer comentarios y comparaciones sobre el cuerpo de lxs demás?

Yo quisiera que mi hija me vea quejándome menos y aceptando me más. ¿Qué piensan?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

“Empoderate”

Cada día las redes sociales nos acercan a más y más información. Muchas mujeres me preguntan:
¿Por qué es tan difícil maternar en estos tiempos? ¿La maternidad de “antes” era más relajada?¿Qué efecto tiene la sobre información en las mujeres que crían?

Es importante tomar decisiones informadas.
Saber cuáles son nuestros derechos, conocer leyes fundamentales al momento de maternar como la de parto y nacimiento respetado.
Tener acceso a diversas fuentes de información y a profesionales de distintas especialidades que puedan orientarnos con fundamento y actualización científica acerca de las recomendaciones en embarazo/parto/puerperio/crianza.
Ahora: el poder nadie nos lo puede dar. Lo tenemos que tomar.

Lxs profesionales no estamos para empoderar a nadie.
Pararnos desde decirles a las otras cómo deben gestar/parir/criar justamente es un lugar de tutelaje, paternalista que por el contrario, disminuye la sensación de capacidad materna y poderio.
El poder de tomar decisiones informadas, acordes a sus posibilidades y deseos, lo debe conquistar y construir cada persona.

Ninguna mujer debería ser juzgada por sus elecciones (mientras se proteja el trato digno y amoroso al niñx) menos por profesionales de la salud.
Estamos para acompañar el proceso de cada persona. Podemos informar para que tomen conciencia de sus deseos, ayudarlas a pensar qué quieren y pueden.
Pero es nuestra responsabilidad entender que son SUS elecciónes y que puede que no sean las que nosotros tomaríamos y esto DEBE ser respetado. Y no significa que estén más o menos empoderadas. Significa que es SU modo.
Un sujeto que se empodera es conciente de sus capacidades, recursos y su protagonismo.
Empoderarnos como mujeres en crianza implica confiar en nuestras elecciones, sentirnos capaces y protagonistas de nuestras decisiones.

¿Alguna vez te sentiste juzgada por tus elecciones?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Licencia de la maternidad

Hoy elegiría licencia DE la maternidad
No mucho, apenas unos días me alcanzarían para darme todo lo que mi realidad no puede.
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Dormir largas horas de corrido
Ir al baño sola
Comer la comida caliente sin hacer piruetas con pibito colgado del cuerpo.
Tener una conversación sin interrupciones.
Cocinar sin que se me queme la comida.
Empezar algo y poder terminarlo.
Leer sin que nadie raye a colores las páginas de mis libros.
Bailar algo que no sea Disney o canticuenticos.
Tomarme todo mi tiempo para bañarme sin el estrés de llantos de fondo.
Pintarme las uñas y que se me sequen antes de tener que aupar a ningún pequeño.
Vestirme sin miedo a manchas indeseadas de manitos pequeñas y calentitas.
Cocinar algo que me guste a mi y no algo apto niñes.
Dedicar un día entero a no salir de mi cama.
Ver maratones de series abrazada a mi compañero.
Tener horas libres para escuchar mis pensamientos.
Hablar hasta las 3am con amigas sin la angustia de ser al otro día un zombie al cuidado de niñes.
Tomarme unas ricas birras sin cuidar de la lactancia.
Hacer mil cursos que me interesan sin pensar en si me va a dar la atención por deprivación del sueño.
Disfrutar de la casa en silencio.
Ponerme ropa no apta teta.
Sobretodo y ahora que lo pienso bien, con dormir de corrido unas 10 horas me alcanzaría 🤣

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¿Cómo sería la cuarentena sin ser maternante de niños pequeños?

Ilustración Leila Ramos