El “NO”

¿Está mal decir que NO?❓
Muchas veces las familias se hacen esa pregunta. Si venimos de una crianza basada en los castigos y las restricciones, entonces puede que nos haga sentir mal usar la palabra no e incluso puede que nos sentamos incómodos con la palabra “Límite”.
Lo cierto es que el NO es un organizador psíquico, es una palabra que se inaugura cerca de los dos años, mientras los niños y niñas ejercitan su autonomía. El NO permite reconocer que el otro es otro y que yo puedo poner límites y diferenciarme. El NO, cuando es necesario, cuando implica un cuidado, es una palabra que representa salud.
Cómo siempre digo, es importante no tenerle miedo al NO, pero si elegir las batallas. Esto significa que no podemos decir a todo NO, sino que está palabra debe estar reservada para ciertos momentos o conductas. Y tener en cuenta que siempre que aparece un NO, también se inaugura un SI, es decir, se habilita otro espacio, objeto o actividad.
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¿Que queremos decir cuando hablamos de que los niños y niñas necesitan límites para crecer? ¿Hablamos de obediencia?
Límites para crecer significa ofrecer un encuadre, bordes continentes que permitan el desarrollo saludable.
Hablamos de libertad guiada cuando como adultes brindamos la posibilidad de exploración en un entorno cuidado. Para el necesitamos crear un ambiente amable y amoroso, con normas claras que los niños y niñas puedan tomar y tengan un sentido para ellos.
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Como adultos debemos tener primero nosotros en claro cuales son las pautas de convivencia que queremos transmitir para luego, poder comunicarlos y mostrar con el ejemplo. La norma de convivencia debe atravesar a todas las personas del grupo familiar♥️
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Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

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“Mi hijo no quiere con su papá”

“Quiere hacer todo conmigo, con el papá no se queda más de 10 minutos. ¿Cómo ayudo?”
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Me llegan con frecuencia mamás que me consultan preocupadas porque quieren que sus parejas se relacionen mejor con sus hijos o hijas.
Siempre que recibo estás consultas me pregunto: ¿Por qué son ellas las que se ocupan de esto y no son los mismos papás quienes consultan?
Será que además de ocuparnos de nuestro rol de mamá y nuestro vínculo con nuestros hijos e hijas ¿También tenemos que sumarnos la responsabilidad por el vínculo paterno? ¿Qué impide a los papás consultar por sus propios medios? ¿Para ellos esto que nombra la mujer será también un problema?

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Me preocupa que tengamos que responsabilizarnos también por cómo el varón ejerce su paternidad, que tengamos que sumar esto a nuestra lista interminable de carga mental.
Me preocupa que se siga repitiendo el patrón por el cual siguen siendo la mujeres (en su mayoría) las únicas que se preocupan por temas de crianza, buscan información, etc.
Esto nos habla de que aún falta mucho por recorrer en términos de corresponsabilidad.
Los varones entraron al mundo de los cuidados, celebro esto. Estamos en un momento de cambio constante, de deconstruir y re pensar el mundo de los cuidados y los roles en la crianza. Ellos tienen que vivir sus propios procesos de deconstrucción, de re preguntarse y de involucrarse.
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Por eso, cuando me preguntan qué hacer, las invito a NO HACER, a dejar de hacer por los papás, a correrse del cuidado onmipresente y a dejar espacios libres para que los ocupen los varones. Y mientras no exista negligencia ni maltrato, a bancarse que lo harán ¡como puedan! (No como nosotras queremos o haríamos).
No hay otra forma de vincularse que haciéndolo, que compartiendo tiempo real y concreto de cuidado. Puede que a nuestro hijo le cueste incorporar más a papá en determinados momentos, pero esto lo pondrán atravesar mientras papá consuele y sostenga con amor y responsividad.
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Si sos varón y me estás leyendo, te invito a consultar y preguntar todo lo que necesites. Y buscar redes de otros papás con los que sostenerse y aprender/desaprender juntos (cómo los grupos de @paternando.ok).
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¿Les pasa esto?

¿Es normal?

¿Es normal que…?
¿Qué es lo normal?
¿Lo más frecuente?
¿Lo más habitual?
¿Lo conocido, lo familiar?
¿Lo que dice el pediatra o los libros que debe suceder?
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Todas las mamás nos preguntamos si es normal que nuestro hijo o hija tenga tal o cuál comportamiento.
Nos preocupa que les pase algo malo, estar haciendo algo mal, no darnos cuenta de algo que sucede y merece tratamiento o intervención.
Primerizas o no, porque con el segundo o el tercero o la cuarta nos preocupan diferentes cosas.
¡Porque nosotras no somos las mismas! Y las circunstancias ¡Tampoco!
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Para mí puede ser super “normal” que los bebés se despierten 5 veces por noche, porque los míos lo hicieron por mucho tiempo pero alguna de ustedes me dirá que “no es normal” porque su hijo dormía de un tirón (o se despertaba menos).
Para mí no era “normal” que mi hijo no camine a los 18 meses, porque mi primera lo hizo a los 15 (y ningún bebé que conocía lo hizo a esa edad). PERO mi bebé camino a los 20 meses y en su caso no fue signo de nada malo.
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¿A qué voy con esto? Lo identificamos como lo “normal” suele ser la norma, lo más frecuente en cierta cultura o población. O lo que nos hacen creer que es. Por ejemplo, los medios de comunicación y la sociedad nos muestran mujeres puerperas espléndidas y felices 100% PERO sabemos que la mayoría lo vive diferente. Ahí todas pensamos “si no soy feliz TODO EL TIEMPO” ¿Me está pasando algo anormal?.
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Y no. Somos diferentes. Nos es familiar cosas diferentes. En vez de torturarte por buscar lo “normal”, observa tu situación singular y consulta con un profesional idóneo si tenés dudas sobre ello.

Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Temor a estar a solas

“No quiero estar sola, mamá acompáñame”
Esto es lo que más escucho en estás últimas semanas.
Me cansa, me enoja de a momentos, quisiera no tenerla de sombra…
Intento hacer el esfuerzo de entenderla, de empatizar con ella.
En medio de todo este caos mundial y personal…¿A quien de nosotros no nos gustaría tener la compania constante de alguien que nos brinde amparo y seguridad?
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Estamos en “modo supervivencia”. ¿Que significa? Que se activan las necesidades más primarias, más primitivas: descanso, alimentación, higiene, apego y (acá añado yo) esparcimiento. Si. Esto explica por qué nuestros hijos e hijas manifiestan mucha más necesidad de contacto en estos tiempos.
A más estrés, más búsqueda de contención por parte de las figuras de apego.
No es un “retroceso”, no es un capricho, no son patológicamente dependientes: es una respuesta esperable a un evento inesperado y completamente anormal como es esta bendita Pandemia.
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Bebés, niños y niñas reclaman satisfacer estás necesidades primarias, pero nosotres, adultos y adultas también las tenemos. En “modo supervivencia” actúa el estrés crónico y el alerta casi constante que arrastramos hace meses. Es por eso FUNDAMENTAL que nosotres también busquemos satisfacer estás necesidades primarias. Y (chocolate por la noticia) puede ser más que difícil cuando estamos cumpliendo tareas de cuidado continuo. Recuerden siempre la metáfora del avión: si hay que utilizar máscara de oxigeno, debemos empezar por ponernosla primero nosotros, para luego poder brindar asistencia.
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¿Sentís que estás en modo supervivencia? ¿Cómo están tus necesidades y tu autocuidado?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Nuevos libros para las crianzas

Acá me tienen firmando contrato para dos nuevos libros que ojalá se multipliquen y conviertan en más! ¡Lo pedían, lo tienen!
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Sin darme cuenta inicie mi carrera como escritora, siempre con el mismo objetivo: acompañar familias y crianzas más amorosas y respetadas♥️
Se vienen otros dos libros de cuentos centrados en la primera infancia para acompañar el crecimiento.
Siempre con la impronta del respeto por los tiempos de las infancias y la validación de emociones.
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Estoy muy agradecida a este espacio que me acerco a mis lectores y me conecto con mis pacientes de un modo inimaginable. No saben para mí lo que significa recibir sus fotos, sus comentarios y sus historias en torno a mi primer libro en particular y a mi trabajo en general.
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Muy agradecida a cada persona que me lee, me escribe, a todas las profesionales grosas que conocí a través de esta red y sobretodo a mi gente que me banca y acompaña siempre. Gracias a quienes me acompañaron y asesoraron!
Y gracias a @editorialelateneo por confiar en mi y abrirme las puertas a más creaciones.
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Ya les iré contando novedades 🌈

Me mirás…

Me miras con esos ojos marrones llenos de ganas
Ganas de explorarlo todo, ganas de tocarlo todo, ganas de treparlo todo.
Ojos enormes y pícaros que invitan a jugar, a enchastrar, a hacer lío, gritar y correr.
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Me miras con esos ojos enormes marrones llenos de ganas…
Me miras y te me vas acercando, yo adivino tu intención.
Me querés besar, chupar, morder, trepar y abrazar como si no hubiera nadie más en el mundo.


Me miras con esos ojos marrones tan tiernos e inocentes.
Se que tú deseo es sincero, es honesto, es intuitivo e innato.
Se que mi cuerpo para vos es tu lugar, esa cueva de seguridad a la que te aferras en medio de todo este caos.
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Me miras con esos ojos marrones llenos de lágrimas porque te caiste (otra vez) y lloramos juntos.
Me miras con esos ojos marrones que son una tormenta de verano con tus lágrimas de frustración porque mamá gritó, porque mamá perdió la paciencia (¿dónde será que se encuentra?), porque no tengo ganas de volver a darte teta por vez cien en el día o porque no tengo ganas de hacerte upa, no otra vez.
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Me miras con esos ojos de tormenta de verano y me veo en ellos.
Me veo desbordada, me veo fallando, me veo cansada, me veo enojada, me veo no entendiendote (cómo me duele a veces no entenderte), me veo necesitando yo también de sostén y de abrazo (y de unas vacaciones claro está).
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Te veo y me veo. Nos veo en dos pares de ojos enormes marrones. Nos veo y nos compadezco, nos veo y me da alegría, nos veo y nos abrazo, nos veo y nos amo.

Lic. Carolina Mora

mail: lic.carolinamora@gmail.com

Estimular o no estimular

Antes de pensar en estimular y ofrecer (juguetes, juegos, artilugios como los bebesit) invito a detenernos y preguntarnos: ¿Para qué? ¿Por qué? ¿De quién es la necesidad? ¿Cuál es la necesidad? ¿El medio donde vive ese bebé de por sí, ya no es un gran estímulo? ¿Es mi deseo el querer obtener respuestas?
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Lxs bebés desde que nacen (inclusive intrautero) son personas que se relacionan, es decir que necesitan del ser humano y de ese encuentro amoroso y amable para su desarrollo integral. Toda actividad autónoma gestionada desde su iniciativa y motivación intrínseca – llamase juego – es un medio y un fin de aprendizaje vivo y espontáneo para ir comprendiendo su vida interna y el mundo externo que lo rodea y con el que se relaciona.

Lxs bebés nacen con necesidades de comunicación siendo el movimiento uno de los primeros canales previos a la palabra. Necesitan un ambiente facilitador, un espacio físico adecuado que les permita el movimiento libre con un adulto referente de confianza, atento y disponible desde su corporalidad, gestualidad y mirada que de lugar y espera las respuestas y las interprete. Este intercambio nutritivo y vincular es en si mismo gran “estímulo” natural y espontáneo.
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Ese sistema de comunicación e interacción que describí anteriormente está basado en el marco de la libertad postural y de movimientos en esa autonomía única de cada perosna, en la apropiación del espacio físico y entorno humano, en la relación de los objetos pertinentes… en ese marco hablamos de la libertad de expresión, la comprensión verdadera de sus capacidades, con lo más valioso que se puede experimentar: desde el placer con el menor esfuerzo posible y no a costa de exigencias.

Cada uno de esos objetos “que te quieren vender”, que “tenes que tener por la edad” o “porque es novedoso”, “es estético”, “que te explica como tenes que jugar” o “que estimule la inteligencia” “esos, juguetes, los caros”, “con música de Mozart” no sirven, no los compres. Hacen que en cierta manera nos distancie, nos aleje del pulcrísimo mundo interior de esas personas bebés.

Antes que estimular, mejor miremos. Antes de hacer (les), dejemos ser.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

La caminata

Y aunque no lo crean, 20 meses después, este pequeño ¡se largo a caminar!
No fue fácil ejercitar la espera, tolerar la ansiedad, ver qué pasaban los meses y todos los demás bebés del entorno iban logrando caminar y este pequeñín seguia gateando a pleno.
“Y? Todavía no camina?” “Será que es vago”.
Antes no es mejor.
El desarrollo no es una carrera.
La comparación es fuente de frustraciones.
Todas esas frases que les repito, me las tuve que repetir a mi misma.
Juli se largo a gatear a los 6 meses, fue hábil trepador y se puso de pie muy pronto también. Podría correr carreras de gateo de lo veloz que lo hace. Sube y baja escaleras. Caminaba agarrado de todas las paredes y objetos. Asi llegó a sus 16 meses, por esos días sufrió una caída que le dejó por un mes un yeso incómodo en su pierna derecha. Aún así, se las arreglaba para trasladarse.
Llegaron los 18 meses, fecha pautada como plazo para la marcha en muchos libros y Juli no caminaba autónomamente. Tampoco parecía tener interés en hacerlo. El era feliz gateando.

Preocupación y ansiedad mediante, mamá psicóloga lo trabajo mucho en terapia, lo converso mucho con @cinmolina y decidimos con su pediatra hacer un proceso de psicomotricidad. Carla nos conocía desde la panza y nos acompaño, cuatentena mediante, en encuentros de juego a través de videollamadas. Nos ayudó a ponerle palabras y sobretodo cuerpo al proceso. Hubo que tolerar el sostén que nos pedía, aprender a esperar y a jugar todo lo que el necesitaba.
Hoy verle caminar es una fiesta, porque sabemos que fue un logro propio suyo, a sus tiempos y su cara de felicidad y la seguridad con que lo hace nos dicen todo.
Si es cierto que cada niñe tiene sus tiempos, pero si como mamá o papá algo te preocupa o angustia, es bueno que pidas ayuda profesional para trabajar eso y que no interfiera en el proceso. Intervención no siempre es intromisión y Juli nos lo ha demostrado.

¿Intervenir o no?

Leo con frecuencia sobre la no intervención, ligada tanto al desarrollo de los peques como al proceso de parto por ejemplo.
¿Que es intervenir? ¿Desde que paradigma lo piensa cada quien?
¿Intervenir es de por sí malo? ¿La intervención siempre es intrusiva? ¿O puede ser oportuna? ¿Es posible no intervenir o si decidimos “no hacer nada” es en sí una intervención?
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Es importante cuestionar estas fórmulas que se generalizan.
Soy testigo de como las intervenciones amorosas, oportunas y singulares permiten constituir subjetividad.
No siempre no intervenir es mejor que hacerlo. Sobretodo debemos ser conscientes que nuestra sola presencia es en si misma una intervención para la otra persona.

Los profesionales de la salud pensamos la intervención como necesaria. Pero no cualquier intervención: debe ser oportuna, a medida de cada persona y de sus procesos. La intervención en este sentido permite ordenar, brindar contención. La intervención puede posibilitar pasar a otra etapa, que la persona logré algo que antes de ella estaba fuera de su alcance.
La intervención puede ser un puente, un andamiaje, un límite necesario. La intervención puede ser una palabra, una acción o incluso un silencio.
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Hace poco sugerí a una paciente hacer la consulta con urología infantil por su nene de 6 años con enuresis nocturna. La médica le indico una sencilla tarea: que al despertar completará un registro de nubes y soles, las nubes las debía pintar cuando mojaba la cama, los soles si amanecia seca.
Con esta sola intervención, el pequeño tomo registro de su cuerpo y entonces empezó a retener.
Este es un ejemplo de una intervención sencilla, acordada, no invasiva y oportuna. ¿Si no se hacía la pequeña iba a lograr controlar esfinteres? Seguro que si. Pero está intervención permitió consolidar su auto percepción, evito semanas o meses de padecimiento y estrés familiar.
Andamiemos, acompañemos, demos espacio, estemos expectantes e intervengamos cuando sea necesario y oportuno.
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¿Tienen dudas acerca de intervenir o no en algún aspecto de la crianza o del desarrollo?

El placer de la crianza

Estos días pude recuperar el placer de la crianza,
Encontrarme riendo espontáneamente mientras juego con Cata,
Que aparezcan las ganas de bailar de forma graciosa, sin preocuparme que se hace tarde para dormir.
Enrredarnos en cosquillas y upas sin preocuparme por cómo quedará mi espalda de cargar su peso…
Apreciar la sonrisa espontánea cuando en vez de rentarles y gritar, les propongo un juego para hacer aquello que no querían…
Recuperar los abrazos por qué sí, dejarme llevar por un “veo veo” que aparece tímidamente.
Irme a dormir sientiendo el calorcito de sus cuerpos que me abrazan y abrigan…
Ver la casa llena de juguetes, el piso lleno de migas y dejar de ordenar para aceptar un abrazo sorpresivo.
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Si, muchas veces yo también me desconectó del placer de la crianza.
Hay días que solo quiero ver el celular y que pasen sin que nadie me pida nada ni me interrumpa.
Hay días que mi grito se escapa con facilidad, ante la mirada incomprendida de mis peques y su cara de inocencia.
Hay días que mi mayor me recuerda “mamá respira, tenés que calmarte” y me siento triste pero orgullosa porque se que puede hacerlo conmigo porque ella fue acompañada en sus desbordes para llegar nuevamente al puerto de la calma.
Esta cuarentena eterna, está Pandemia que nos arranco la vida cotidiana y nos dejó varados en el mundo de la virtualidad, se está convirtiendo en un desafío para quienes intentamos criar respetuosamente.
Mientras tanto mil veces me equivoque y mil y una les pediré perdón e intentaré que sepan que nadie debe tratarles mal.
Mientras tanto intentaré ser más compasiva conmigo misma, sabiendo que a pesar de mis conocimientos, a pesar de mi deseo y militancia a criar de forma respetuosa, a pesar de poder asesorar a familias en este camino, en casa soy simplemente una mamá tratando de sobrellevar esta situación de la mejor forma posible.
Hoy me reencontré con el placer de la crianza y me quiero quedar con eso.
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¿Les está costando disfrutar de la crianza en estos tiempos?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com