M hijo no juega solo

Edad por edad, cómo estimular que los chicos jueguen solos
La autonomía de los niños en el juego se convirtió en una de las preocupaciones de las familias en el marco de la pandemia y sus múltiples obligaciones. Qué esperar en cada etapa.

Desde los 6 años niños y niñas pueden compartir en paralelo con sus padres. Foto ilustración Shutterstock

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30/05/2021 6:00 Clarín.comFamilias
Actualizado al 30/05/2021 6:00
La autonomía de los niños en el juego se convirtió en una de las preocupaciones de las familias en el marco de la pandemia de coronavirus y sus derivados. Con las suspensión de la presencialidad en varios distritos del país y el trabajo remoto, conciliar las actividades de los adultos con las de los chicos se transformó en una dificultad.


La cotidianeidad de los hogares dio un vuelco profundo y, muchas veces, debemos enfrentarnos a la demanda de niños que quieren jugar, a la vez que cumplimos con obligaciones laborales, domésticas y demás.

¿Es posible alentar su autonomía a la hora de jugar?, ¿qué es esperable a cada edad en relación a sus actividades recreativas?, ¿es posible responder a todas las exigencias que la actualidad impone? Sobre esto dialogamos con la licenciada Carolina Mora, especialista en psicología perinatal y en orientación en crianza.


El juego, según la etapa
La psicóloga explicó que para hablar del juego es necesario dividir a los niños según su edad. “Cuando hablamos de jugar sin la presencia de madres y padres estamos hablando de niños y niñas mayores de tres años y medio, o cuatro. Antes de eso, el juego es puramente interactivo la mayor parte del tiempo”, aseguró.

En ese sentido, aclaró que “puede que un bebé de un año y medio o dos años tenga momentos de juego sin la interacción de un adulto, pero van a ser momentos cortos. A medida que van creciendo los tiempos de juego se van prolongando sin interacción directa del adulto”.

Para esta etapa la especialista indicó que “es muy importante fomentar el movimiento libre”. Esto tiene que ver con ofrecerles un espacio de seguridad para que puedan explorar el entorno. A modo de ejemplo, mencionó que se puede colocar “una mantita en el piso y algunos juguetes a su alrededor para fomentar que puedan ir rolando, tomando objetos y explorándolos. Es importante que los juegos sean lo más sencillos posible, para que no dependan de sonidos, luces o estímulos externos”.

Más tarde y a medida que van creciendo, se pueden ofrecer objetos más complejos. Entre ellos Mora recomendó cubos de madera para que puedan apilar, objetos que se puedan encastrar e instrumentos musicales que hagan sonido.


A partir de los dos años, según explicó la licenciada, “podemos sentarnos cerca de ellos y armar una situación de juego en conjunto e ir probando qué sucede si nos vamos distanciando, siempre anticipándoles: ‘Mamá y papá se van a sentar acá en la compu porque tienen que mandar un mail’, ‘nos vas mostrando, nos vas mirando desde acá'”.

Sin embargo, aclaró que lo esperable es que el tiempo en que esos niños no requieran la ayuda de un adulto sea corto. “Lo propio de esa edad es que se acerquen, que estén diez minutos solos armando algo con masa o un juguete y que vengan y nos ofrezcan compartirlo”. Y añadió: “Esas edades siempre van a requerir la interacción de alguna manera en varios momentos del juego”. Por eso, destacó que “lo principal es que nosotros tengamos expectativas realistas de cuánto tiempo podemos pretender que se queden jugando sin una interacción directa”.

Un cambio importante es el que se da alrededor de los tres años y medio o cuatro años. Allí, Mora resaltó que “la actividad que se puede hacer es mucho más diversa y, además, los niños y las niñas están mucho más dispuestos a explorar y armar escenas de juego más autónomas”.

“Lo que pueden llegar a armar en esas edades es mucho más rico y requiere de mucha menos intervención de las personas adultas. Pueden venir a pedirnos que interpretemos un personajes pero, en general, son juegos mucho más generados por los niños y niñas, no tanto con una guía adulta”, agregó.

En ese marco, la psicóloga sostuvo que “en ese tipo de edades podemos pensar en compartir en paralelo. Una niña o un niño de seis años puede, por ejemplo, estar dibujando y nosotros estar sentados en la compu a la par”.

Sin lugar para la culpa
El tiempo que dedicamos al juego con nuestros hijos depende actualmente de un sinfín de variables. Sin embargo, más de una vez experimentamos la angustia que genera el no poder responder a todas las demandas infantiles.

“Cada persona tiene que poder reconocer sus limitaciones, que tienen que ver con su contexto. Tenemos muchas maneras de vivir la pandemia y el home office, de acuerdo a los privilegios con los que contamos. Si tenemos la suerte de tener a una niñera o familiares que nos den una mano con los niños y las niñas seguramente vamos a vivir una situación muy diferente que si estamos solos en casa con nuestros hijos e hijas, tratando de trabajar”, reflexionó Mora.

Al respecto añadió que “hay que saber que estamos criando en un contexto completamente adverso. Cada persona hará lo mejor que puede, con las herramientas y los apoyos que tiene para llevar adelante la crianza en este momento sin ningún tipo de amparo del Estado”.

“Se nos pide que mantengamos a nuestros hijos sanos, cuidados, que los estimulemos, que seamos divertidas y además que cumplamos laboralmente, que sostengamos el hogar, que no nos enfermemos, que no nos contagiemos, que nos cuidemos… hay mucha exigencia. Es lógico sentir que no podemos con todo”, finalizó.

Link nota https://www.clarin.com/familias/edad-edad-estimular-chicos-jueguen-solos_0_J0ndo-mLV.html

Mascotas y crianza

Hace unas semanas una mamá me escribió preocupada porque mi hijo de 2 años trataba muy mal a su mascota.
Ella había intentado todo: le habían explicado que al perro le dolía que le peguen, que se ponía nervioso y podía morderlo sin querer. Estaba tan angustiada que hasta había pensado en dar a la mascota en adopción con otra familia.
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😱¿Qué puedo hacer para que entienda me pregunto?
Y como en otras muchas circunstancias de la vida mi respuesta fue un libro.
📚¿Por qué no le escribis un libro? Le dije.
❓¿Un libro en donde le cuente que está mal pegar y lastimar a la mascota y que entonces nos enojamos con él por eso? Me contestó.
🤔Entonces me quedé pensando y le dije: yo creo que es mucho mejor que le escribas un libro en donde sea su mascota, es decir su perro quién le pueda contar a él cómo se siente con todas estas cosas que le hace, que le duele, que lo pone triste y que a veces se enoja tanto que le dan ganas de morder.
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Podría haberle escrito un libro que hable de retos, de enojos, de castigos, incluso podría esta familia intentar retar, castigar y gritar a este niño. En cambio, le dimos una vuelta para que pueda desarrollar empatía.
Qué importante es partir de la idea de que los niños y las niñas no hacen las cosas maliciosamente, sino que sus conductas son formas de conocer y explorar el mundo, de entender cuáles son los límites y también de comunicarse.
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A través del lenguaje natural de niños y niñas, los cuentos, las narraciones las canciones y el juego podemos comunicar límites de maneras creativas y divertidas.
Ya nos contara está mamá con el cómo le va con el libro.
➡️A pedido de muchas y muchos acá les dejo las imágenes del libro para que ustedes puedan descargarlas hacer captura de pantalla y editarlas para ponerlas en el contexto de sus mascotas y sus hijos e hijas . La idea es la base, ustedes pueden ponerse a crear otros textos o dibujos!
DESLICEN las fotos y allí están! 👏🐕🐈‍⬛
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¿Han tenido problemas de adaptación con sus mascotas y sus hijes en casa?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

El psicoanálisis y el deste

Hoy quiero contarles de dónde parte la psicología a la hora de hablar de lactancia y destete. Para quienes no me conocen, me recibí en la facultad de psicología de la UBA en el año 2010. Durante todo mi recorrido como alumna en la facultad de psicología jamás escuche hablar con fundamentos científicos de la lactancia. Las pocas materias que trataban la temática del vínculo temprano entre el recién nacido y su mamá lo hacían desde una mirada que intentaba en su mayoría, detectar los indicios de patología en esta relación. La creencia fundamental tenía que ver con que este vínculo podía volverse excesivo, asfixiante y obturador para el desarrollo de niños y niñas.


Tomemos por ejemplo a Lacan, unos de los principales referentes psi que hemos adoptado en nuestro país, cuya teoría central en relación a la crianza se basa en la idea de que las madres podemos comportarnos como cocodrilos que a través de un deseo sin medidas podemos atrapar en nuestras fauces a nuestros hijos e hijas. Entonces, la única solución para poner un límite a este exceso es la interdicción o mediación del padre (o quien cumpla su función) que viene a provocar esta sana separación, liberando así al hijo. Desde esta perspectiva, la lactancia siempre se vio como una modalidad vincular que mantiene a hijos e hijas atrapados y fusionados al cuerpo materno.
Recuerdo que los primeros años de la carrera, atravesada por estos discursos que me transmitían como verdades absolutas, me horrorizaba pensar que mi madre me había amamantado hasta los dos años y medio. Varias veces la juzgue) por sostener la lactancia tanto tiempo o “prolongarla” más allá, pensando que había sido patológica esta conducta.


Este juicio no fue sólo hacia mi madre, sino también lo trasladé a varias familias que me consultaban los primeros años de mi ejercicio profesional. Si bien durante la facultad había cursado algunas materias electivas, ligadas al desarrollo dela infancia que incorporaban a otros autores como Winnicott o Stern, el sesgo en cuanto a la duración de la lactancia seguía muy presente.
Winnicott, por ejemplo, es un autor que se dedicaba a la pediatría, la cual le permitió estar en contacto cercano con muchas diadas y triadas con bebés pequeños. Él da una importancia fundamental al vínculo temprano desde la creencia de que los bebés atraviesan un estado de fusión saludable con la madre durante los primeros meses de vida. En este tiempo es donde la lactancia funciona como conexión, nutrición tanto física como emocional. La importancia de sus ideas fue revolucionaria para su época y las contribuciones de su obra están aún muy reconocidas por todos los profesionales que trabajamos con familias. De todos modos, rastreando en la obra de Winnicott encontramos que propone una duración de la lactancia acotada: para el autor, el bebé estaba en condición de ser destetado cuando comenzaba la etapa de arrojar objetos. Esta hipótesis se basaba en que esto indicaba que estaba preparado psíquicamente para “dejar ir”, “soltar” o “desprenderse” de la teta como un objeto más. ¿En qué etapa sucede esto? Alrededor de los 8 meses, es decir que esta hipótesis coincide con la etapa que denominamos “angustia del octavo mes”. En esta etapa, el bebé comienza a ser consciente de que hay otras personas extrañas lo que lo hace notar que él mismo es un ser separado de su mamá, lo que activa la ansiedad de separación. Hoy podemos pensar ¿habrá algún momento más complicado para iniciar el destete que este? A simple vista, no parece buena idea pedirle a un bebé que se desprenda del pecho en una etapa donde esta activa la necesidad de cercanía con el cuerpo materno (o de sus cuidadores principales) como forma de contrarrestar la angustia de separación.


Como vemos, si bien existen algunos autores que reconocen la importancia de la lactancia, la cuestión de su duración se plantea como un límite para la salud psíquica y emocional.
Freud en sus primeros escritos desarrolla la teoría de que la prendida al pecho constituye la primera experiencia de satisfacción para la cría. Esta experiencia, deja una huella, una impronta, que el bebé tratará de repetir en busca de reencontrarse con ese placer inicial. Para Freud podríamos decir que este primer contacto es la chispa que enciende el deseo. En su teoría los humanos buscamos aquello que nos permite preservarnos como especie, una pulsión de auto conservación ligada a satisfacer nuestras necesidades vitales primordiales. El pecho le da al bebé el alimento nutricional físico que garantiza su supervivencia. Rápidamente advierte Freud que no todo termina allí, sino que es en ese plus de placer el bebé encuentra en el pecho, en el contacto con el cuerpo, en el abrazo que lo sostiene, en la mirada con quien le amamanta el que deja huella e inicia el movimiento deseante. Podríamos decir que aquí Freud ubica la lactancia como una modalidad vincular que nutre no sólo físicamente, sino (y sobretodo) emocional y psíquicamente: la succión siempre es nutritiva.


Para Dolto, el destete implica una separación similar a la castración (vinculándose con Lacan en este punto) donde es el bebé quién renuncia al estado de fusión con su madre. Ella vincula este proceso como necesario para que den otros hitos del desarrollo y el crecimiento, como el habla. Como lo veremos en capítulos siguientes, la evidencia actual nos demuestra que en condiciones de salud niños y niñas amamantados tienen un desarrollo similar a quienes han sido destetados. De todos modos, tiene sentido considerar al destete como el cierre de una etapa que da lugar a la transformación del vínculo.
Una autora que describe sin dudas la ambivalencia en el vínculo madre e hijo es Melanie Klein. Para ella la vinculación temprana para el bebé implica un proceso de indiferenciación. El bebé no sabe que es su mamá la dueña de las tetas, sino que las percibe como objetos parciales y recortados. Es así que cuando el bebé encuentra satisfechas sus demandas, percibe al pecho como bueno y por el contrario, cuando experimenta frustración o espera, lo percibe como pecho malo. Podríamos decir que uno de los desafíos que se presentan es el integrar en la misma persona, mamá o cuidador principal, la ambivalencia que todo vínculo conlleva. En la maternidad se manifiestan grados intensos de ambivalencias y contradicciones: queremos a nuestros hijos a la vez que necesitamos distanciarnos

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Como vemos, en la mayoría de estos autores existen dos sesgos:
-Que el destete opera como separación necesaria ante un vínculo con mamá que puede ser devorador u obstruir la vinculación con el mundo.
-Que el destete debe producirse en etapas tempranas, antes incluso de que el bebé diga sus primeras palabras.

Son muchos los y las profesionales que parten de estos supuestos para aconsejar a sus pacientes, interfiriendo en la lactancia de miles de familias. Es fácil advertir que si mi cosmovisión de la lactancia es sesgada de este modo, la considere razonable sólo por cierto plazo de tiempo y luego del mismo, comience a presionar para que se produzca un destete. Si continuar la lactancia implica potencial patología en el niño o niña, eso explica el por qué se desalienta a hacerlo.
Muchas mujeres vienen a la consulta debido a mi formación en psicología perinatal. No son pocas las que con anterioridad han realizado consultas con psicólogos clínicos generales y se han sentido incómodas. “Me dijo que destete porque ya esta grande”; “Ante cualquier dificultad que relato me dice que es a causa de lactancia”; “Minimiza mi angustia por no haber podido dar la teta de forma exclusiva”, son algunas de las frases recurrentes, en torno a las devoluciones que reciben en los consultorios de psicología respecto a la lactancia.

Quienes trabajamos con madres, padres y familias recientes debemos actualizarnos, informarnos en relación a la fisiología de la lactancia y el sueño, trabajar nuestros prejuicios para que no contaminen el espacio terapéutico y sobre todo: aprender que no debemos saberlo todo. Esta es la clave para poder trabajar en interdisciplina, nutrirnos de la especialidad de los otros, atender las situaciones que ameriten en diálogo continuo con puericultoras, pediatras, etc.
Actualmente contamos con evidencia científica e información actualizada desde las neurociencias sobre el desarrollo de habilidades como el lenguaje y la socialización. Cada vez somos más los profesionales que tomando la evidencia actual, trabajamos para acompañar a las familias a construir vínculos desde la salud, con teta de por medio o sin ella.


Autores más actuales, como mi colega Ivana Rashkovan (2019) afirma que la lactancia es uno de los recursos más eficaces con los que cuenta una mamá, destacando el aspecto de regulación emocional a través del contacto afectivo que se produce en la mamada.
Con esto no estoy diciendo que no pueda existir patología o conflictiva en un vínculo entre una mamá-cuidadores principales y su hijo o hija. Lo que estoy diciendo es que no podemos basarnos en generalizaciones acerca de la lactancia para entender la complejidad los vínculos de crianza. No podemos decir a priori que la teta sea la causa del problema x, eso sería una generalización simplista causa-efecto. Puede pasar que muchas veces en el marco de un tratamiento terapéutico, con la alianza terapeuta- paciente consolidada, trabajando en equipo con esa mamá podamos advertir que en su caso en particular, hay algún aspecto de la lactancia que deja ver dificultades vinculares. Si esto sucede, el espacio donde abordarlo es en la intimidad de la consulta, con el debido cuidado y respeto que merece, acercándonos con empatía al sufrimiento que manifiesta, buscando en conjunto con la paciente y la familia, alternativas que alivien y nutran el vínculo con su hijo o hija. Porque, recordemos, hay muchas formas de nutrir el vínculo más allá de la teta.

Para Violeta vazquez, puericultora y directoda de PYC Escuela de puericultura “Y, si, es cierto, hay mujeres que dan de mamar a niños de uno, dos, tres y siete años y tienen vínculos insanos con sus hijos, pero no por la teta, la lactancia puede ser un síntoma más de que no encuentran otra forma de relacionarse”.

Crianza respetuosa y limtes?

Los niños no son las personas responsables de las decisiones de crianza, somos los adultos.
Ellos no pueden decidir todo.
Dónde duermen.
En qué basar su alimentación.
Si van al jardín o no.
Si sentarse en una silla o pararse arriba de la mesa.
Si tomar o no un medicamento.
Si se visten o andan desnudos por la casa.
Si hacen caca en el inodoro o la hacen en el jardín de casa.
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Se que suena incómodo, pero criar de forma respetuosa también implica tomar decisiones y construir límites.
Implica hacernos cargo de informarnos y elegir qué es lo que consideramos mejor para nuestro hijo o hija, poder sostenerlo.
La responsabilidad es de los y las adultas que crían, siempre.
No podemos dejar a niños y niñas solos con decisiones importantes y vitales para su desarrollo.
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¿Esto significa que nos volvemos ma/padres autoritarios?
Claro que no!
No decidimos desde el capricho o desde el narcisismo de una norma vacía de sentido.
Decidimos, comunicamos límites siempre explicando el sentido, valorando y validando las necesidades de las niñeces.
Podemos brindarles un margen de elección y alternativas:
No quiere vestirse? Explicamos cuál es el sentido de la vestimenta y podemos dar a elegir qué prenda usar.
Si tiene que tomar un remedio, podemos darle a elegir si es en vasito, con jeringa o si toma juguito después.
Si no hay margen de elección posible, acompañamos la angustia o el desborde que pueda generar el límite o la situación poniendo palabras y sostén.
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Puede que nos dé miedo, pero es nuestro lugar.
Si nos equivocamos, sabremos tener una mirada crítica y reparar amorosamente.
Confiemos en que somos quienes más les conocemos y sabemos qué necesitan.
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¿Les es difícil tomar decisiones en la crianza?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

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“Voy a dormir en mi cama”

Les comparto con mucha alegría el lanzamiento de un nuevo libro “Voy a dormir en mi cama” escrito por mi e ilustrado por Loly Acuña @loly.acunia, artista del plantel de Editorial El Ateneo.

El libro forma parte de la COLECCIÓN CRECER, de la cual “Voy al baño” fue el primer libro.
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“¡Me gusta la idea de dormir en mi cama pero me da un poco de miedo! ¿Siempre que les llamé van a venir conmigo?”
Nuestro adorable personaje, nos va contando cómo vive el pasaje a su propia cama y como su familia entera va acompañando el aprendizaje la maduración de su sueño. Desde una mirada respetuosa de las infancias y sus tiempos de maduración y desarollo, vamos acompañando para construir un ritual de sueño y la seguridad de habitar sus propios espacios, siempre de nuestra mano (como ilustra la tapa del cuento).
La propuesta (al igual que en el libro anterior) es un personaje sin estereotipos de genero y con representaciones familiares diversas e inclusivas.
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“Desde que nacen y a medida que van creciendo, niños y niñas inician un proceso de constante adaptación al mundo. Los adultos solemos demandarles que “ya sean grandes”, sin tener en cuenta que el crecimiento es un proceso complejo que no se da de un día para otro y que tiene sus momentos de transición, de ensayos, con “avances” y “retrocesos”. ¿Quién dijo que antes es mejor?”
Las familias podemos ofrecer condiciones que faciliten aprendizajes: mirada atenta, escucha y mucha paciencia. El desarrollo tiene tiempos individuales fisiológicos, madurativos y emocionales. Cuando los niños se sienten respetados, comprendidos y reconocidos por sus cuidadores pueden entregarse a transitar su crecimiento con confianza y seguridad”.
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♥️El libro incluye una sección introductoria de orientación a familias y lo encuentran disponible en todo el país!

🌈Lo encontras en librerías de todo el país, y en cadena Yenny.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Tu hijo rechaza bañarse?

Siempre le encantó bañarse y hace días no quiere saber nada. ¿Qué hago?
Generalmente coincide con la etapa de los “No”, “Yo”, “mío”.
Empiezan a ser más conscientes de su autonomía y menos flexibles a las propuestas del entorno.
En esa etapa también empiezan a vivencia la potencia de su propio cuerpo.
Toman más registro de sensaciones placenteras y displacenteras.
Empiezan a nombrar el frío o el calor.
Se auto exploran más.
Puede que empiecen a incomodar con el cambio de pañal.
No quieren sacarse la ropa pero cuando lo hacemos prefieren andar desnudos por la casa.
Están empezando a registrar aspectos de su control de esfinteres.
También puede pasar cerca del ingreso a primaria, cuando consolidan la autonomía sobre sus cuerpos y pueden decir claramente sus preferencias.
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Como vemos, es una etapa esperable.
¿Qué hacer? Dependiendo de la edad:

Podemos proponer el baño como un juego.
Hablar mucho sobre el cuerpo, nombramos sus partes y les ayudamos a entender qué es estar sucio y limpio.
Podemos ver libritos sobre el baño.
Podemos jugar a bañar muñecos, autos, etc.
Invitamos a tomar contacto con el agua, sin sumergirlos, por ejemplo mojando objetos, para que de a poco se animen a mojarse.
Podemos meternos juntos al agua (usando malla adultxs).
Podemos jugar con burbujas o colorante para el agua.
A nosotros nos ayudaron mucho las piezas de goma eva para pegar en la bañera.
Mientras dura está etapa podemos espaciar la frecuencia de los baños pero no evitarlos.
Tener mucho cuidado con mojarles su cabeza, ya que suele ser fuente de angustia y miedo el agua en los ojos.
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Les aseguro que dura un tiempo, pero también pasa y vuelven a disfrutar del baño.
¿Lo vivieron en casa? ¿Cómo lo atravesaron?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Pañales e ingreso al jardín

Muchos los jardines solicitan a la familia el ingreso sin pañales en sala de 3, poniendo incluso esto como condición de ingreso.
En primer lugar no hay normativa oficial que especifique esto ni que prohíba a las docentes asistir en la higiene o cambiado de pañal, por el contrario no hacerlo es una forma de abandono. Ser asistidos y permanecer limpios y limpias es un derecho de niños y niñas, así como también el que se respeten sus tiempos maduratuvos físicos y psicológicos para dejar el pañal. Al pasar tiempo con niños y niñas, como educadores y cuidadores esto es parte de la tarea y el acompañamiento.
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Muchas docentes manifiestan la intención de asistir en la higiene pero el temor a falsas denuncias. Lo cierto es que ningún cuidador está libre de esa posibilidad (imaginemos que la niñera o abuelxs no quieran cambiar por el mismo motivo). Me parece importante que las docentes se sientan respaldadas por el institucionalmente para acompañar estas situaciones. Cambiar un pañal no hace a nadie abusador, lamentablemente quien tiene esa intención busca el modo.
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⚠️La ESI es la herramienta fundamental en la escuela y en casa para prevenir estás situaciones⚠️.
Muchas docentes me contaron que incluso evitan de tener manifestaciónes afectivas (hacer upa por ej) por este mismo temor. Las abrazo!
‼️Tenemos que entender que docentes también son figuras de apego y ese vínculo debe construirse desde la confianza, la seguridad y el afecto.
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En palabras de @abogadaydoula “No se puede ejercer una educación basada en la defensa preventiva, a costa de vulnerar derechos fundamentales de niñxs”.
Es cierto que deben pensar protocolos de asistencia en la higiene y abrir el diálogo con las familias para llegar a consensos acordes a las necesidades de cada niño y niña atendiendo las posibilidades y contextos familiares (horarios de trabajo, distancia al jardín, redes de sostén, etc). Firmar un consentimiento es una opción.
➡️Sin dudas, crear vínculos basados en el diálogo y la confianza es la clave para atravesar estás dificultades y llegar a consensos, dónde lo que se priorice sea el bienestar de niños y niñas.
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¿Cómo fue su experiencia con los jardines? ¿Cómo lo viven las docentes?

Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

La suegra

Existe una historia de terror, que repetimos de generación en generación: “La suegra”.
Cuidado. No confíes en ella.
Seguro te odia por “sacarle” a su hijo.
“La suegra” es envidiosa.
Siempre quiere más a las ex que a vos.
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Hablemos de “la suegra” cuando aparecen los nietos y nietas.
Ella siempre va a querer competir.
Te va a ridiculizar, te va a dar consejos de crianza “pasados de moda”.
Si le decís que no, les va a dar caramelos a escondidas y pegarlos a la tele solo para molestarte. Para ella, vos nunca tenés leche.
Puede que le cueste diferenciar al nieto de sus hijxs y construir el rol de abuela.
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¿De dónde vienen estos discursos?
¿Qué impacto tienen en nuestros vínculos con las madres de nuestras parejas?
¿Es el huevo o la gallina?
¿Nos llevamos mal con “la suegra” porque es “mala”? O ¿Esperamos todo malo de ella y estamos a la defensiva?
¿Quién construye este folclore cultural?
¿Pueden ser todas “las suegras” iguales?
¿Y “el suegro” qué?  ¿Ser varón lo hace “mejor”?

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¿Saben qué me sirve a mí para pensar de otro modo este vínculo y correrme de esa “novela de terror”?
Quizá, algún día, yo me convierta en “la suegra” de alguien.
Quisiera poder correrme de ese folclore popular, quisiera que la pareja de mi hijo o la pareja de mi hija, me vean como: Carolina, la madre de mi pareja (en vez de “la suegra”).
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¿Qué pasa si desarticulamos está rivalidad imaginaria, la competencia, producto de esta representación social?
¿Si ante un comentario que molesta o duele, respondemos poniendo límites con firmeza y con empatía?
✔️Ante un consejo no pedido podemos hacer una pregunta:¿Te gustaba que te den consejos?
¿Qué fue lo que más te costo de tu puerperio/crianza?
✔️Podés decirle cómo te hace sentir, con respeto y empatia.
✔️Pedirle a tu pareja que medie y comunique límites.
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La madre de nuestra pareja (a veces, obviamente hay situaciones irreconciliables, tema aparte)  puede ser una abuela genial, puede ser una mano en momentos de necesidad, puede ser aliada y compañera.
¿Y si probamos? 
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¿Cómo es tu vínculo con “la suegra”?

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com

Hijos e hijas SALVADORES

Traigo estas frases de revista para que reflexionemos en conjunto, porque estás palabras pueden ser las de muchas personas.
Hablemos del papel de los medios que eligen resaltar está frase (de tantas otras dichas) contribuyendo así una cultura de la devoción hacía nuestrxs hijxs y la mater/paternidad como único sentido en la vida.
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Estás revistas nos permiten preguntar:
¿Qué mensaje se le está dejando a esa infancia?
¿Con qué mochila se la está  cargando?
¿Tenemos que tener  hijos e hijas para que tengan que salvarnos?
Según está revista: ¿Quien cuida a quién?
¿Quién cumple el rol de protección en este vínculo?
¿Se está dejando lugar al deseo de esa infancia con este tipo de afirmaciones?
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No es que no podamos tener esa sensación a veces  ¡Claro que podemos sentir que la  maternidad o paternidad le vino a imprimir un nuevo sentido a nuestra vida!  O que la maternidad/paternidad como responsabilidad nos hizo salir de lugares difíciles. Incluso, ser madres o padres nos salvó!
PERO
‼️Eso es muy distinto a hacer a nuestro  hijo o hija responsable de nuestro bienestar o hacerlo el o la “salvadora”.
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⚠️Es claro que no hace falta pronunciar estas frases para que esto suceda y que  incluso se puede decir esto sin ubicar a nuestros hijxs en ese lugar en los actos.
Seguramente esta fue una frase al pasar (seleccionada muy convenientemente por la revista para generar impacto), pero ¿Qué pasaría si esto se traduce en el trato cotidiano que le damos a ese niño o niña?
Cuando les transmitimos el mandato de venir a hacernos felices (¿vieron la película “Guasón”?)
Cuando tomamos su deseo y libertad de ser el o ella misma bajo este pedido de quién, en realidad, debería cuidarle a él.
⚠️Podemos esto, aunque es importante tomar lo que nos pasa para poder trabajarlo en un espacio terapéutico, elaborarlo y así vincularlos más saludablemente.
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Dejo palabras de otro de mis escritos:
Un hijo no debiera ser el salvavidas de ninguna persona ni de ninguna pareja.
Ojalá podamos decirles a nuestros hijos e hijas:
“Hijo mío, hija mía: yo te libero de que me salves, de que me cuides, de que me des felicidad y de que sientas que me debes algo”
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¿Qué piensan? ¿Me cuentan qué les genera esas frases?

Lic. Carolina Mora
Mail lic.carolinamora@gmail.com

El apego

El apego no depende de dar teta (ni de colechar, ni de portear, etc…).
Se puede tener un vínculo de apego muy saludable sin que se realicen estás prácticas de crianza, siempre que los cuidadores primarios respondan sensiblemente a las necesidades de sus hijos e hijas. Hay herramientas que fisiología nos da, pero no son las únicas ni garantizan por si mismas un apego saludable.
El apego existe siempre, es una necesidad de la cría buscar alguien que le brinde protección y seguridad.
Claro que hay etapas en que los bebés sobretodo necesitan mucho contacto físico, pero a no confundir: apego no es estar “pegados”.
El apego seguro también requiere de distancias “óptimas”, esas que permiten la exploración y autonomía.
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El apego no depende unilateralmente del tipo de nacimiento, ni de la forma de alimentación, ni de cuánto dura la lactancia…
En la construcción del apego inciden múltiples variables, como en todo vínculo. Es fundamental para los bebés, niños y niñas (y todas las personas) sentirse bienvenidos, reconocidos como un otro con deseos y necesidades propias, valorados en su diferencia y amados. Todo eso puede ofrendarse de muchos modos, en el día a día de la relación. Implica, sobretodo, tiempo e intención consciente de cuidado respetuoso y oportuno.
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El apego se establece al comienzo con el cuidador/los cuidadores principales (1 o 2 personas) y a medida que crecen van pudiendo establecerlo con más del núcleo íntimo y cotidiano. El apego puede ser distinto con mamá que con papá por ejemplo. No significa que uno sea mejor que otro.
Ser figura de apego implica poder interpretar qué necesita esa personita y encontrar la mejor manera posible de ofrecerlo. Si, también a veces implica equivocarnos, porque el apego seguro también admite fallas. No solo es importante lo que pasa una vez, sino aquello que se repite día a día y va dejando huella.
Los vínculos se construyen y son dinámicos, se puede aprender, revisar, trabajar en terapia e intentar reparar. Nunca es demasiado tarde para intentarlo.
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¿Qué mitos conoces sobre el apego?
*Obviamente del apego (y sus varios estilos) hay mucho más para decir, pero no entraría en este post.

Lic. Carolina Mora

Mail lic.carolinamora@gmail.com